Cleopatra ha dejado su historia fascinante, una de las más conmovedoras de la Historia, para hacer un alto en el camino en el Centro Cultural del Canal, el que, en cierta medida, Madrid le debe a nuestro paisano Bravo Murillo, pues, gracias a él, los madrileños bebían agua del Lozoya. En la plaza de Castilla, Cleopatra nos ha quedado fascinados, nos  a fijado la mirada y hemos compartido, con ella, su vida, intensa y apasionada, en los convulsos tiempos del nacimiento del Imperio Romano. Ella sería testigo de las disputas entre Pompeya, César, Marco Antonio y Augusto por esa lucha, muy propia de los hombres, que no es otra que el poder. Ella ha sido y es numen de artistas y literatos, dramas y novelas, óperas y películas…, todo ello no ha hecho más que alzarla a la cumbre de la historia, convertirla en un mito. Última reina del Antiguo Egipto, en ella cabe desde la escultura hasta el cine, pasando por todas las facetas artísticas, epílogo mayor de una cultura de tres mil años, en suma, un personaje mítico en ese riego de hechos y palabras nada más y nada menos que durante tres mil años, cuando el agua del Nilo cantaba y contaba sus orillas.

Ese Egipto que vería nacer, hace cinco mil años, una de las culturas más atractivas, gracias a los miles y miles de manos, figuras de Alejandro Magno, el general Ptolomeo, gobernante de Egipto, con el que se iniciaría una cultura, refinada y decadente, que perduraría hasta la muerte de Cleopatra; y Alejandría se convirtió en una de las grandes metrópolis del mundo. Ultima reina de Egipto, culta e inteligente, Cleopatra VII gobernaría en un período turbulento ante las ambiciones romanas de Marco Antonio y Augusto, cuando Roma, poderosa, dominaba Egipto. Y Cleopatra tendría idilios con César y Marco Antonio. Ya Egipto sería una provincia romana. 

Cleopatra, musa, inspiradora de artistas, desde el Renacimiento hasta nuestros días, retratada por pintores y escultores. Cineastas y dramaturgos verían en ella el numen para sus obras. Y, además, protagonista para ballets y óperas, obras que inspiraron a Shakespeare y a Handell…, y el cine, protagonizada por Elizabeth Taylor.

Todo en ella es una vereda que nos lleva a la admiración, a sentirnos fascinados, cuando ya los fenicios traerían a España los primeros objetos egipcios, y otro tanto en los tiempos romanos…, y España que participaría en la recuperación de monumentos nubios que iban a ser sepultados por las aguas de la presa de Asuán, y que sería recompensada, dadivosamente, con el regalo del Templo de Debod, que nos ofrece su belleza en Madrid. 

Qué belleza y gozo recorrer esta exposición, cautivadora para mirarnos en el espejo de la historia, en este bello marco del Canal de Isabel II, gran obra de nuestro paisano Bravo Murillo, que, gracias a él, llegarían las aguas a Madrid.

Juan Antonio Pérez Mateos es escritor y periodista.

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