LAS LETRAS DEL VIENTO. Adiós al duque de Calabria, primo de Don Juan Carlos

Juan Antonio Pérez Mateos con el duque de Calabria y Antonio Hernández Gil, presidente de las Cortes, junto a Aurora Delgado, profesora de inglés de don Juanito en la etapa de las Jarillas, en Madrid, y Miramar, en San Sebastián.
Juan Antonio Pérez Mateos con el duque de Calabria y Antonio Hernández Gil, presidente de las Cortes, junto a Aurora Delgado, profesora de inglés de don Juanito en la etapa de las Jarillas, en Madrid, y Miramar, en San Sebastián.

Hace unos días, nos ha dicho adiós, el Duque de Calabria, el Infante Don Carlos de Borbón, primo hermano del Rey Emérito Don Juan Carlos, compañero de estudios el curso 1948 - 49. Con él, ya muy enfermo, desaparece una generación de aquella España de posguerra, triste y conmovida, por la contienda incivil de los españoles, abierta a un acontecer político desconocido con la muerte de Franco, resuelto gracias a la abdicación de Don Juan III y la elección de su hijo, Don Juan Carlos. Ya en esta larga navegación de gozos y sombras, acaba de morir el Infante Don Carlos que compartiría, muchas horas, con su primo Don Juanito – como se le conocía, familiarmente -. En Don Juan Carlos, confluirían carlistas y juanistas -. El nombre de Carlos obedecería para unificar a juanistas con carlistas. 

En la lejana España, que vería la llegada de Don Juan Carlos, su primo formaría parte de “esa corte” de elegidos compañeros para sus estudios, primero, en la finca de “Las Jarillas”, en la carretera de Colmenar Viejo y, después, en el palacio donostiarra de Miramar. En aquella heredad, propiedad de Alfonso de Urquijo, se improvisó el colegio del futuro Rey, bien situada, digna y discreta, “preciosa y muy apropiada para lo que necesitemos este año”, según Don Juan de Borbón.

Don Juanito o Juanito, para los íntimos, encontraría, en ese improvisado colegio, la generosidad del dueño, Alfonso de Urquijo y los elegidos compañeros, entre ellos, Jaime Carvajal  Urquijo y Alonso Alvarez de Toledo, entre otros, en un ambiente bucólico, donde, un maestro ejemplar, José Garrido, llevaría, magistralmente, al grupo hasta finalizar los estudios de Bachiller en el donostiarra Palacio de Miramar, lugar de veraneo de la Reina María Cristina y los exámenes en el Instituto madrileño de San Isidro. Todo un libro he escrito para recoger el paisaje y la vida de estos muchachos de cuanto ocurría en “La Jarillas” como, posteriormente en el palacio de Miramar. En el primero, no faltaba un personaje tan entrañable como “El Lute”, guarda de la finca.

El entonces Príncipe recogerá en sus cuadernos, las impresiones que tuvo al llegar a “Las Jarillas”: “El día que llegué – escribe - estaban los chicos en la puerta esperándome, y yo con mucha vergüenza fui con la tía Alicia y entonces subimos a un cuarto muy bonito dormíamos mi primo Carlos de Borbón que es muy simpático porque siempre está diciendo  tonterías a todas horas. Después cuando me produjo una impresión fue después cuando fui con Alfonso Urquijo; y vimos muchos conejos y también muchos montes; fuimos a Valdelamesa, y a la finca de los Infantados…”

Sí,  ha pasado ya mucho tiempo – pasamos nosotros -, cuando esos muchachos  estaban llenos de sueños, lejos de los glorias efímeras, en un ambiente cuasi pastoril, bajo la batuta pedagógica de José Garrido, maestro excepcional y clave en una singladura importante de la vida del futuro Rey, entonces todo en un niebla del tiempo, en la interrogación del futuro, en el sueño de la herencia regia, entonces sin saber quién sería el sucesor del General Franco, tiempo de tribulaciones y ocasos nada claros.

Todos esas venturas y desventuras, están recogidas en tres libros míos, especialmente en “Un Rey bajo el sol”-  para el entonces Jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo , el mejor sobre toda una época del Monarca-.Yo recogería tanto la época de la infancia en Las Jarillas como, después, en el donostiarra palacio de Miramar, las esperanzas y desasosiegos de una larga marcha hacia la Monarquía.

En esa tarea, habría grandes asesores para el joven Monarca y, naturalmente, no le faltaría el consejo de su primo, el Infante Don Carlos, Duque de Calabria, enfermo, desde hace un tiempo, neurológicamente quebrantado, fallecido en su finca de “La Toledana”. Don Carlos tendría la deferencia de apadrinar uno de mis libros sobre su primo, en el viejo Lardy, junto con nuestro paisano, entonces Presidente de las Cortes, Antonio Hernández Gil  y donde no faltaría el gran Eugenio Vegas Latapie, clave en la vida de Don Juanito. Tampoco Aurora, que le impartiría francés y sería el alma, posteriormente, en Miramar, junto con José Garrido y tantos otros que contribuirían hacer de este Príncipe Azul, el Rey que nos reconciliaría en una etapa llena de interrogaciones como tan apasionante. Ahora, se ven sus frutos, cuando nuestra brújula, en unos tiempos, corría el riesgo de que perdiésemos el norte.

IMAGEN. Juan Antonio Pérez Mateos con el duque de Calabria y Antonio Hernández Gil, presidente de las Cortes, junto a Aurora Delgado, profesora de inglés de don Juanito en la etapa de las Jarillas, en Madrid, y Miramar, en San Sebastián. 

PÉREZ MATEOS es autor, entre otros libros, "La infancia desconocida de un rey", "El rey que vino del exilio" y "Un rey bajo el sol" que, según Sabino Fernández Campos, era el mejor libro escrito sobre la figura del monarca.

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