LAS LETRAS DEL VIENTO. Las cenizas del paraíso

Cómo habéis defendido, queridos paisanos, ese paraíso donde vuestros ojos inauguraron la llegada a este mundo, ese paisaje regazo en vuestra mirada – también en la mía -, desde la cumbre de la Sierra de Dios Padre, desde esa ermita, donde gozarían mis ojos la belleza de vuestro paraíso, ahora rendida la altivez de los árboles, ante la locura del viento y el fuego. Qué días tan duros y eternos, deshechos todos por ese viento, que no ha medido su caricia, que hemos sido estremecidos por ese aire alocado que, en otras ocasiones, acariciaría vuestros rostros y se llevaría palabras confidenciales y amorosas, quien sabe si un beso robado a la novia o un abrazo en este paraíso, que, tal vez, pensaríais, por qué no, estuvieron en él, Adán y Eva en estos lares, ahora polvo y ceniza, la mancha que deja en un atlas este rincón paradisiaco, ahora cenizas, los árboles que nos ha robado el fuego, lenguas de llamas sobre la altivez de estos árboles, yo que, no hace unos días, los he visto junto al Duero, cerca de la bella población de Almazán, donde el Duero canta alegrías y penas, en esos predios - ¡qué casualidad! - no arde un árbol, así como os lo digo, ni un árbol, porque es el amigo al que el hombre vigila escrupulosamente.

Cómo hemos compartido con vosotros esta locura, este viento maligno que nos ha robado belleza, nidos, resina…, el paisaje, ese regazo, bello y melancólico, donde duermen nuestros ojos, la mirada prendida, la primavera que abre su corazón para que veamos, en ello, la vida; ahora muerte bajo este sol del “agosto, augusto y lento”. Qué locura, cuando en muchas civilizaciones, el fuego es un ritual y representa la purificación, que hace unos días he visto, en San Pedro Manrique, el rito del hombre, con otro a la espalda, pisando las brasas. Pero lo de nuestro paraíso de la Sierra, significa habernos hurtado nuestras miradas y mancharnos con la ceniza del fuego, recuerdos, olores, gozos, … en suma, quitarnos esa bella lámina que aún perdura y perdurará en nuestras retinas; y que nos han robado el alma de los árboles, su presencia, eje del mundo, símbolo de la vida en perpetua evolución, el árbol de Leonardo da Vinci, eje del mundo – sus raíces se sumergen en el suelo y sus ramas ascienden al cielo -; árbol cósmico, el árbol, símbolo de la regeneración perpetua y, por tanto, de la vida en su sentido dinámico. 

Qué maldad si hubiera, tras esas hogueras, la mano mercantilista del hombre. Además, a un tiro de piedra, donde nació la Fiesta del Árbol, en Villanueva de la Sierra, en 1805.  Y comparto el dolor que apena vuestro espíritu, serragatinos; y la postal que perdisteis y que os robaron, y los durísimos momentos vividos. Qué amargo ha sido todo en estos días eternos, envueltos en humo, lejos del hogar, en el hilo doloroso de las horas. Estamos con vosotros, porque muy duro, ¡muy duro es perder este paraíso, convertido en cenizas!

 Juan Antonio Pérez Mateos es escritor y periodista

(A todos: soyanos, acebamos, peraliegos, trevejamos …, a todos, ánimo, porque volveremos a ver este paraíso perdido envuelto en la belleza). 

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