LAS LETRAS DEL VIENTO. La conquista azteca de Hernán Cortés

A Queca Campillo, en el último recodo del camino 

Se nos ha quedado breve, en un suspiro, admirado e idolatrado Hernán Cortés, tu estancia en el Canal de Isabel, en el machadiano “rompeolas de todas las Españas”  - que es Madrid -, hecho tú de raíces extremeñas, muy hondas, para abrir tu corazón, hecho de hierro noble y aventura, ver correr el agua del Guadiana desde el puente de tu Medellín, entrar en una ensoñación y soñar / soñador con otros mundo que están en este. ¡Qué arrojo y valentía, conquistadores de la tierra vuestra, de la tierra mía! Dejar esa Extremadura llana y mediar el agua, entre Continentes: Europa nuestra; Europa, mía. América, vuestra; América, mía… Coger entre nuestros dedos la bola del Mundo, y soñar con ella, con la tierra y el mar; el mar tuyo; el mar nuestro. Oh, el océano que sería, entonces, como el sueño de la Luna; y derramar por los sueños la aventura, el hacer cercanamente las Américas, tras la conquista.

Helos ahí, extremeños de la tierra parda, aventureros del día y la noche, de la tierra y del agua. Si “Castilla face los homes e los gasta”, Extremadura abriría su fantasía heroica, los surcos de la tierra, las aguas de los mares. Extremeños de sol y luna, de fin y confín, de catalejo de otros mundos, que están en este, terrenal y acuático, os lanzáis como seres de otro mundo a la aventura que habitaría en ti y tus aventureros; que mirabais los ocasos del sol con los prismáticos de la fantasía; y entraríais en un mundo incalificable, superhombres…, que os he visto reflejado en la recreación de la altivez de las olas, ese Cortes sobreviviendo en el alocado juego de las olas, ondulado bravío de las olas, estremecida la Naturaleza por la locura de las tormentas, y ahí vosotros, soñadores y valientes, hijos de un Dios menor, haciendo de Extremadura una lejanía inimaginable hasta esos horizontes misteriosos y enloquecidos por un sueño capaz de enterrar, bajo las aguas, la fascinante magia de la aventura.

 Soñador y realista, Hernán Cortés dejarías tu Medellín en aquel cauce humilde del agua del Guadiana, que verías desde el bello puente, cuando la valentía ya anidaba en ti, y te entregarías al  desafío de la locura desordenada de la Naturaleza, esos repentes, esa soberbia capaz de humillar al más valiente de los humanos, alzar el vuelo como un ánade. Pero ahí estabas, tras dejar tu Medellín, decirle adiós al Guadiana, qué sabías tú y los tuyos, iluminados conquistadores, hechos de otra pasta, soñadores, capaces de desafiar hasta la furia de la Naturaleza. ¡Cómo Extremadura pudo extraer de sus entrañas hombres como vosotros, capaces de doblegar la tempestad de los océanos, rendir a vuestros pies a los indígenas – qué encuentro de locura y sueño -, levantar acta de vuestros pies y alzar la espada como el rayo inverso de una tormenta. ¡Rendíos!. 

Pero qué os había dado la tierra, esta que yo tanto he pisado y no me ha dejado más herencia que el paisaje, ¡que espíritu no sembraría en vuestros ánimos, que, lógicamente, pareceríais personajes de otro planeta – y que lo erais -, que ante vuestras tizonas, no había más remedio que rendirse a vuestra aventura!. Oh extremeños de la Conquista, vuestra forja decidme, cuánto peso valía, en doblones de oro, vuestra espada, qué luz no saldría de esos corazones para dejar la idiosincrasia de Extremadura, allende los mares, encuentro con esos seres de otra raza. Qué pensaríais… Qué pensarían. 

Sí, el hombre es un animal colonizador, y que os quedasteis transfigurados ente el esplendor del Imperio Azteca; y que os fascinaría Tenochtirdán en medio de un lago bucólico; que la conquista de México significaba un encuentro de dos culturas del Viejo y Nuevo Mundo: la Corona hispana y el Imperio Azteca; y aquella caravana en julio de 1520 de españoles y sus aliados tlaxcaltecas…; y los animales sacrificados, tus últimos años Hernán Cortés en la refundición de la Ciudad de México y el resurgir de la nueva sociedad mestiza; y la Nueva España que se convertiría en la región más avanzada y culta de América; y las nuevas aventuras a estas tierras en busca de fortuna y fama y el no retorno por el largo viaje transoceánico.

Qué ingente personaje Hernán Cortés, que hasta hundiría las naves para lograr la alianza de totecas y tlaxcaltecas, pueblos sometidos a los aztecas; y aquella larga y Noche Triste, y el  Imperio Azteca se transformaría en el Virreinato de Nueva España. Pero tras la figura de Hernán Cortés surgía más que un conquistador. El ilustre paisano, amigo y gran urólogo, Remigio Vela Navarrete conoce, como muy pocos, la vida y la obra de Cortés. Hay que hablar de nuestro conquistador y de su obra hospitalaria, que no quedaría reducida a la ciudad de México. “Allí donde estaban sus intereses más directos – dice Vela Navarrete – fundó otros hospitales”. Oriundo extremeño, Mateo Alemán, autor del “Guzmán de Alfarache” fallecía en México en uno de los hospitales, que se construyera gracias a Hernán Cortés. En las Villuercas, peregrinos y enfermos acudían al hospital en Guadalupe, el más famoso del siglo XVI y allí se trataba, entre otras enfermedades, la que, con el tiempo, se conocería como la sífilis,  epidemia, conocida anteriormente por el “mal de bulbas”. Fiel devoto de la Moreneta de las Villuerca, en 1528, personalmente, le ofreció una valiosa joya, en forma de alacrán, a modo de ex voto por haberle salvado la vida de una picadura de un alacrán y lo haría en su visita a Guadalupe al regreso de su primer viaje a España.

¿Valoramos, con sus gozos y sus sombras, la tarea que nuestros compatriotas dejaron en el Universo? ¿Somos conscientes los extremeños de las grandeza de nuestros paisanos, capaces de tales hazañas y de abrirnos un horizonte geográfico y mágico?. Nosotros, con sus gozos y sus sombras, debemos estar orgullosos de nuestros paisanos, a pesar de ciertos pesares, que abrirían un mundo insólito y la cartografía llevaría los límites de estos hombres, dibujo hecho a sangre, sudor y lágrimas. No es de extrañar que, como diría Rafael García Serrano, ante una gesta de esta naturaleza: ”Cuando los dioses nacían en Extremadura”. 

Un recuerdo para el eminente catedrático, Manuel Ballesteros Gaibrois, Arturo Alvarez, Florentino Reinoso y Remigio Vela Navarrete, tan vinculados a esta gesta.

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