LAS LETRAS DEL VIENTO. Martín en las astas negras de "Guapetón"

Tú, Martín, no estabas anunciado en “la hiedra cuadrangular de los carteles”, ni habías dormido bajo una luna lorquiana y, por ende, no soñarías con esa hora de los hombres de oro y verde o de plata y azabache, la hora “de las cinco de la tarde, las cinco de la tarde, las cinco en todos los relojes” – dínoslo Lorca -, en esta España de olés y verónicas, volcanes de olés y gloria, volcanes de lava sangrienta en Talavera de la Reina, donde caería Joselito, “¡ que un toro ha matado a Joselito!”. Nadie se lo creería junto al parque de la Virgen del Prado. “¡Qué un toro ha matado a Joselito!” y nadie se lo creía, porque a aquel junco carnal de oro y turquesa no había cinqueño que lo dejara en la percha de los cuernos. Y, ese día, en esa época en que se pregonaban los periódicos, incluida “La Lidia”. “¡Que un toro ha matado a Joselito!”. Y nadie se lo creía, porque Josélito “El Gallo” era el rey de esa dinastía de la Monarquía de “las cinco de la tarde” y, tan seguro, que parecía imposible verlo sangrando el oro del arte por la pierna, que hasta el gran cronista taurino Gregorio Corrochano, lloró cuando dictó la crónica a Abc; y otro tanto ocurriría con Manuel Rodríguez, “Manolete”… Oid el pasadobloble: ”Ma –no –le –te / si no sa - bes to -rear por -que te metes”.

Yo lo tenía en el pedestal de la gloria, de ese volcán de olés y verónicas y, una tarde, antes de que Antonio Ordóñez toreara, en ese ruedo de alfarería y yo presenciaba el rito de vestirse, a un tiro de piedra, junto a la iglesia de la Virgen del Prado – antiguamente, se alzaban las plazas, generalmente, cerca de una ermita, como si se invocara el quite milagroso.

¿Y Manolete? Aquel mihura, que se llevó su vida en las astas en la plaza de Linares, plaza de tercera, al entrar a matar a “Islero” en la suerte contraria, que hasta se dice que estaba afeitado; y el teléfono sonaría en casa de doña Angustias, su madre, de distinta manera. Según sonaba el teléfono, sabía doña Angustias cómo había estado su hijo. No he oído, sin embargo, cómo llegaría el rin – rin, esa tarde a su casa cordobesa. Y llegaría Lupesino con su belleza desgarrada, lejos de esa imagen en La Alcarria, Manolo que tire de un platero montado por su amada.

 Y a Manolete se lo llevarían los ángeles, en plena posguerra, de gasógeno y estraperlo, de luto y hambre, junto aquel hotel Cervantes – donde él y Luis Miguel se vistieron de luces -, cuando parecía que el Califa de Córdoba no caería en la percha atezada de la muerte. La tarde más larga en la gente del toro, bajo aquel sol de justicia, pues como “Paquirri” en Pozoblanco y aquella sinuosa carretera de Córdoba, de curva tras curva, que se arreglaría tras su muerte. 

Pero la tarde en que Manolo cayó en la arena de Linares llegarían, a pesar de las malas carreteras, doctores como Jiménez Guinea a aquella enfermería de tercera; y Manolo no aguantaría las transfusiones de sangre, cuando España se vestiría de seda y negro, que doblarían todas las campanas y la gente se llevaría las manos a la cabeza:”¡Qué un toro ha matado a “Manolete!”. “No puede ser”.

Y no, nadie se lo creería mientras doblaban las campanas, las horas de luto en todos los relojes, cinco de la tarde, clama Lorca, tú en un barranco. Qué Españas de Guerra y de Posguerra, de hambre y luto, esa tarde / noche “en que llevarás luto por mí”.

Tú, Martín, “héroe anónimo” habrías dormido impaciente, esperando ese juego tan español con la muerte, desde tu Moraleja hasta la vieja Cauria y sentirías quizás un brote de valentía, pero “Guapetón” te clavaría el cuerno de un cinqueño y te irías, sin ver otra luz que la vida eterna, cuando esos kilómetros esperaban tu vuelta, pero “Guapetón” llevaba en sus astas la muerte de quien, como tú, la noche anterior quizás miraras a la luna, sin sospechar que no volverías a verla, ante un asta destinada para ti, junto a esa catedral herida por el terremoto de Lisboa. Descansa en paz.

Juan Antonio Pérez Mateos es escritor y periodista.

Crítico taurino de Abc, en la época de Díaz - Cañabate y autor del libro:” El toreo, una visión inédita. Mitos, ritos y símbolos”. Alianza Editorial.

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