LAS LETRAS DEL VIENTO. Los ojos ciegos del mar

Aylam
Aylam

Nunca sabremos más de ti Aylan, tu, chiquitín, donde florecía la vida, la que te arrebataría el mar de los brazos de tu madre, las olas ciegas del mar, los ojos negros del mar, la boca hambrienta del mar, lejos de tu cubito y tu pala, tu piel de oro, manos de seda, cuerpo de aroma, donde mamá dejaba sus labios y sus nanas, cada día, tras amamantarte, junto a tu hermano. Nunca, nunca, nunca nos traicionaría tanto el mar y, sin embargo, tan dulce y hermoso, a veces cruel. ¡Cómo te llegarían las olas! Nunca lo sabremos. ¿Quedaría sosegada, en algún momento, los rizos espumosa de las olas?. Sólo tú, de haber sobrevivido, nos habrías contado, ya mayor, la mansedumbre o la altivez “del mare il mare” o las olas irritadas, dantescas, jugando contigo, en ese instante, el bebé más hermoso y, desgraciadamente, más “épico” del universo, cuando tus padres te buscaban, angustiosamente, arrebatado para una tierra soñadora de Rodrigos, duques o marqueses de la genealogía acuática del orbe; y eras tú el “juguete” iracundo de las olas. ¿Y tú miedo, chiquitín del alma?. Tú no lo sabías… Serías sueño de la ira de las olas. Esa tragedia siria como tantas griegas, que estabas sólo – tú, muñequito– en la danza macabra de las olas más furiosas y altivas, sin que, para ti, ni hubiera un sosiego, una calma, un azar caprichoso del cabello rizado del oleaje, solo, solo ante la bocanada, enloquecida y blanca, del oleaje, volcán marino, ni un viejo lobo de mar ni un Colón milagroso, ni unos hermanos Pinzones, también milagrosos, ni nuestros Balboas, ni Cortés…, ni la odisea de tantos pescadores, habrían soñado en un niño como tú, en sus largas y furiosas travesías de carabelas de Pinzones, ni navegantes de tronío… “El mar no tiene ni sentido ni piedad”, gracias Chejov. Cómo la perversa mano, salina y artera, te arrebataría de las garras de papá. Las olas desconocen cómo se llaman los mares, ni cuál es el Indico, ni el Atlántico, ni si estabais lejos de vuestra Siria, desértica y monumental, manchada de rojo por el odio. 

Aylan, cuerpecito yacente sobre la arena, dorada y solitaria, solo, inmensamente solo, sin la vida de un castillito arenoso, fruto de tus manos, soledad y muerte. Para mí el mar, habrá perdido también los versos de Leopardi:”Il mare / il mare e no pensare a niente”. Pensaré, sin embargo, muy a mi pesar, en la ceguera de sus ojos, porque, un cuerpecito como el tuyo, alma, corazón y vida, no merece ese enloquecedor arrebato, ni esa ira marina una imagen tan triste como la tuya, ¡tan triste! ¡tan triste!.¿Qué te paso, mar?. Sí ¿qué te pasó?. ¿Un volcán bajo el rizo de las olas? Esos ojos tuyos tan negros, malditos ojos, que no quiero verlos como Lorca, ni imaginarlos, porque un niño como tú, sólo merece la cuna y una nana.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

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