LAS LETRAS DEL VIENTO. Teresa de Jesús, que haces camino, en la Biblioteca Nacional

Yo sabía Teresa, Teresa de Jesús que nos esperas con ese caudal tan rico y sugerente, esa visión singular de la vida, pasar por ella, las huellas de tus pies, tus zapatillas de caminos de polvo, la mirada universal de tus ojos, prendidas en tu valle abulense de Amblés, inasequible al cansancio, tus palabras derramados como el campesino arroja el trigo o tu convento de ermitaña y la celda austera. Qué gran mujer, Teresa de Ahumada, que ahora te rendimos un homenaje, o mejor dicho, tú nos regalas los dones más hermosos, vida rica y eterna, guía presente y espiritual de tu Castilla. Que no te diría yo Teresa de Ahumada, cómo te cantarían todas las aves del mundo, mirlos y tórtolas dónde Tu y yo sabemos, Ávila de los Caballeros, donde siempre esperas, abierta y consejera, alivio de neuróticos, sedante de desasosegados, palabras abiertas al ánimo, psicoterapeuta, escritora excepcional y andariega, extrovertida, apasionada que, con siete años, quisiste marcharte con tu hermano Rodrigo a sufrir martirio con los moros, en coma profundo y amortajada; y volverías, sin embargo, a la vida, gran escritora: ”Camino de perfección” y “Meditaciones sobre los Cantares”, hiperactiva y con ideal caballeresco, reformarías hasta ciento dos conventos, nuestro extremeño, San Pedro de Alcántara te animaría a la reforma del Carmelo.

Ahora quinientos años después, abres el mundo con el arado de tus ricos pensamientos, derramando una prosa exquisita por los campos de Castilla – esos tuyos y de Antonio Machado -, subiéndote a las almenas del castillo interior que guarda tu Ávila, y proclamas ante la llanura del Amblés, la sencillez y la grandeza que anida en tu corazón y en tu espíritu, en los muchos dones que te otorgaría El Creador, en la adustez, la soledad, amante de la llanura, gran andariega, sandalias de pescador en busca de Jesús, qué mirada,  qué ascesis, prendida de Jesús,  harías  de la  soledad y llanura de Castilla, peldaños para acercarnos a Dios y convertirnos en mejores hijos suyos, ahora que el mundo está tan revuelto, tan materialista, frente al horizonte espiritual de tus horas. Tú, Teresa, San Juan de la Cruz y tus monjas nos enseñáis y observamos tus quinientos años, sí, tú eres senda, escribes un magnífico castellano, sugerente y bello. 

 Además Teresa tu V centenario es un regalo para esta sociedad de neuróticos y angustiados, llenas las consultas de neurasténicos y ansiosos, neuróticos…, quizás por tu perfección rallarías la neurosis, pero ¡ay! Teresa de Ahumada que consuelo en tus Moradas, en tus poemas y pensamientos, aire de cristal por donde cruza un río puro y espiritual, cascada dulce de acercar el alma a Dios, en fin, un consuelo, aunque, naturalmente, el viento gélido de la llanura te alterara y, sin embargo, qué deseo de meditar tienen tus ojos en ese valle de Ambles, en tus andanzas siempre en tu castillo interior o moradas, San Juan de la Cruz y esas místicas que te seguían. Como ovejas, pastora grande de la Iglesia, Doctora que miras la grandeza del Universo.

Qué no te cantaría yo, que poemas no te declamaría, como un rapsoda de este siglo por donde corren tus sosiegos, tan en El Señor y aquí, qué te voy a decir que no sepas, materialismo, el hombre más lobo para el hombre; y  tuyo, “esa altura de miras” de la condición humana.

No sé qué decirte, cuando recurro tanto a ti, cuando busco el sosiego en este mar de trigales del humilde campo del Ambles, donde florecen los salmos, brotan tus paciencias y las besanas se convierten en tilos de sosiego, sin necesidad de ansiolíticos, ni barbitúricos, ni psicoterapeutas. Claro que te escucho:  “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada la falta. Solo Dios basta”. 

Mira si serás intercesora, que hasta han comercializado la “PACIENCIA”. Ahora lejanos tus caminos de piedra y polvo, tu nombre y tu obra llena el orbe. Cómo he gozado en la Biblioteca Nacional y ya sabes lo que se dice de Ti. Nunca hallaría yo un vergel tan hermoso  y esculturas donde hay eco de tus palabras en la intimidad. Tu libro de la vida – sí estás en la Biblioteca Nacional – y no veas qué esculturas y lienzos, que nos deslumbran. Qué belleza “Tu libro de la vida”, que eres una escritora nata, escribes como hablas; y abres tu alma, nos muestras tu camino de perfección, los entresijos del espíritu, hasta fray Luis diría que eres “elegancia desafeitada, que deleita en extremo”.

Tu lucha con la enfermedad no cedería nunca, “gracias a tu fuerza interior” y escribes: “Como soy tan enferma, hasta que me determiné en no hacer caso del cuerpo, ni de la salud, siempre estuve atada”, hasta que en fin, Señor soy hija de la Iglesia”. Antes, nuestro San Pedro de Alcántara te influiría mucho animándote a reformar el Carmelo. Ávila es tu alma y, dentro de sus murallas, soñamos que quizás andes entre ellas, como castillo interior, mujer que llevas polvo en tus sandalias y “qué Dios anda entre los pucheros”.

Al ilustre psiquiatra, José Luis Vega Martín-Lunas  y Patricia Louit, en la abulense Flores de Ávila.

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