Burritos en una fuente
Burritos en una fuente

Cómo os recordamos, asnos, burros – plateros del lírico Juan Ramón Jiménez -, estampa lejana de nuestra infancia /adolescencia, quién nos diría que, transcurridos unos años, dejaríais desiertas las calles de nuestras aldeas, los caminos y veredas, vuestra tarea y lamento sin saber a qué obedecía, si acusabais la carga en vuestros serones o albardas, aquel trote simple que, en ocasiones, tras un descuido dábamos con nuestros huesos en tierra. 

Plateros, testigos de una época campesina, ya en la cuadra sepia de nuestros recuerdos, sin embargo, lo que disfrutaba Juan Ramón Jiménez con vosotros, bajo la luz deslumbrante de Moguer – no he visto otra igual -, llena de magia; que vaya si os quería el poeta, que hasta os haría universales, convertida vuestra estampa, en un lirismo tan sencillo como emotivo y en una buena recua, en el mercado soñador de Moguer; y cómo, con que mansedumbre, sobre la albarda, nos colocaban el amo o el criado y, vosotros, quietos, quizás a gusto con nuestro pequeño peso, serenos, a vuestro paso. Sin embargo os molestaban las moscas, qué pesadas, ¿verdad?, pero, vosotros, no obstante, os manteníais quietos, obedientes, tozudos, sin saber el amor que os teníamos, siempre obedientes, tal vez  alguna caída en vuestra inesperada carrera.

Platero os convertiría en la magia de las metáforas, en vuestros caminos, quizás con una carga de carbón, pero, eso sí, por senderos literarios, que Juan Ramón Jiménez os ha convertido en una cuadra mágica de palabras y metáforas, en un mundo de ensueño, como cuando nosotros, niños, nos sentíamos caballeros medievales, gracias a vosotros, aunque fuésemos más bajo que un caballo; que erais /sois humildes.

Quien de veras os ha elevado de categoría es JJ.BB – José Julián Barriga Bravo -. Vaya recua que tiene de “Platero y yo”, convertidos en redondas y cursivas, bellamente encuadernados en la cuadra blanca de su biblioteca y nos alimenta de metáforas, lirismo con una cuadra literaria, convertida en ediciones de papel, rico pasto, sabor lírico para nuestro numen. 

Cuanto debéis a Juan Ramón Jiménez y él a vosotros, amados asnos, que os sacaba de la cuadra de la inspiración y nos contaría la vida de “Platero”, sencilla como vuestro lenguaje, deslumbrado por esos rayos de plata, luz en los predios de Moguer, que hasta le dieron el Nobel de literatura por esa estampa vuestra, el lirismo de vuestro cuerpo, con lo que gozáis de una soberbia literatura – que aprendan los mulos, que os miran, sobrados, por encima de la albarda -, pero vosotros ni os alteráis, que nuestro Gran Jesús hasta entraría, humildemente, en Jerusalén, subido a lomos de un pollino, antepasado vuestro, que se os aprecia por sencillos, nada de altivos. Anda, si los mulos u otros compadres, gozaran de la grandeza literaria vuestra, habría que verlos, altivos y mirándoos con una cierta altivez, plateros que alegráis el espíritu lírico de ilustrados, pastando, silenciosamente, en anaqueles y bibliotecas.

Que vaya si sois conocidos: hasta Durrenmat ha escrito “El proceso por la sombra de un burro”. Yo ya no os veo ni por los senderos del campo ni por las calles de mi aldea. ¿Y cuántos pastarán en el campo de Moguer?. ¡Qué pena! Ya sois recuerdo en el establo sepia de nuestra memoria, no sé qué aire ha conmovido al hombre para distanciarnos de vosotros; que el campo y nuestras calles ya ni oyen, lejanamente, vuestro rebuzno, en un eco muy lejano y añorado, que habéis crecido con nosotros, en nuestro paisaje rural y campesino, en la montura de la albarda. No sé qué le ha pasado y le pasa a esta civilización, que va perdiendo esas estampas y vuestros usos. Yo os añoro, porque hasta he pasado muchos ratos con vosotros y sé lo que me enseñasteis desde vuestras sencillas monturas, miraba a la Naturaleza de otro modo, pero esta ausencia vuestra, esta orfandad, le restará, sin duda, alma a la civilización. No sé dónde vamos…, y quizás, nos quede el consuelo del rebuzno, vuestra figura y ausencia en los caminos. Yo, al menos, lamento vuestra ausencia y os la cantaré, porque se canta lo que se pierde. ¡Y bien perdidos, desgraciadamente!

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

A Pepe Barriga, coleccionista de “Platero y yo”.

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