Palabras en la Arcadia de Villanueva de la Sierra

Ahora regresaréis, gente de la Sierra de Gata, a buscar el solaz y la sombra allí donde, cada uno, os habréis hecho vuestra Arcadia feliz, a recordar que, en cierta manera, es recorrer el sentimiento ido.

Todos, en mayor o menor grado, tenemos nuestra Arcadia, el predio, la sierra, la llanura, la laguna… Como amante de la civilización griega, mi Arcadia la tengo repartida, especialmente, en los pagos de Villanueva de la Sierra, no sé el porqué, pero la siento efímeramente. Allí se labraría mucha parte de mi vida, en sus pagos, como un amante griego que mitifica el paisaje.

Cómo no recordar esa “patria de la infancia” de Rilke,  prender en mis retinas, adolescente, esos paisajes de la paleta de la tierra y su amor, gracias a los pinceles de la memoria, para sus lienzos.

Ahora que José Simón, con su pregón, dejará en el aire de Villanueva sus palabras; que la Sierra está de festejos – San Pantaleón y otros santos -, y retornáis al eco del recuerdo, a vuestra “patria de la infancia”, que diría Rilke, recrearos, en suma, en tantos y tantos instante, en los que, fugazmente, se asomó o sentisteis el rayo fugaz de la “felicidad”.

Ahora que el paisaje se torna dorado, las voces calladas resucitan en cantos de chicharra, los pájaros que levantarán acta de nuestras / vuestras fiestas, bajo este sol estuoso y ardiente, muchas páginas sepias de cuando salimos al encuentro de la vida o era esta la que salía al nuestro.

Cómo me canta el recuerdo y rememoro esos instantes, bellos de la vida, el paseo con José Simón a las pilas del Bardal, por ejemplo, cuando los sueños trazaban el itinerario de nuestras vidas, hacerlas, levantar el acta de nuestra Arcadia feliz, tan sencilla como hermosa, que, humildemente, o brotaban como a Virgilio con las “Bucólicas”, un toque pastoril, más humilde que las campanas de Villanueva de la Sierra o el esquilón que nos llamaba, como un trovador sin versos, a recrearnos en el silencio y el arte de la iglesia de la Asunción, cuando el obispo Segura le llamó la atención al párroco, Don Julián porque faltaban Sagradas Formas, en el momento de la Comunión….

Estas palabras de José Simón, que tanto ha luchado por ensalzar esta Noble y Muy Leal Villa – perdonad que me pase -, especialmente, ahora que este “chopo humano” deja sus palabras en la noche ardorosa, donde los grillos la convierten en una sinfonía de Vorsack.

¡Oh, Villanueva recortada como un dibujo renacentista, en la Sierra de Dios Padre –qué belleza, qué bien nombrada -, pregonera sencilla del Árbol, donde sobrevuelan, mirlos y vencejos, de nuestros seres idos, donde las palabras duermen en los nidos de un ejército de olivos o en el Fontanal idílico o en esa falda verde de la Sierra de Dios Padre, cuando se oían, en lontananza, ecos de conversaciones, tañidos de campanillas, menoscabada esa felicidad  por el miedo del “maqui”, posguerra bajo una luna lorquiana, o el olor sagrado a aceite de sus molinos, o la belleza palmera de Elías Durán – “Alto soy de mirar a las palmeras”, Miguel Hernández -, que nos indica la bonanza de su clima, el riachuelo por la calle, el ambiente lírico cuando aún había pastores y profesiones muy diversas, páginas ya sepias – “¡Ay, Fabio, qué dolor”-. Virgilio habría cantado, esta “Neva” abreviada por el niño que fui y aún sigo siéndolo, El Parral, cuasi paradisiaico, su olor a fruta, sus agradables sombras y pozos, higueras…Qué armonía, que ambiente idílico, “se canta lo que se pierde”, gracias, Antonio Machado.

 Las palabras de José Simón tendrán mucho significado… Luchador por esta villa que se estira y se duerme en una falda de silencio y agonía, “que guardas tantas palabras tuyas y tantas mías, canta, Villanueva canta, y tus males espanta, la ausencia de tus hijos, canta. Qué pena, tu ausencia, padrino Rufino Saúl. / Tu guitarra llora con la luna lunera/ y contigo duermen los vencejos, lloran por las Eras… y esperan el alba. / ¡Cuántos palabras se han ido, con el eco de esa laguna tan vuestra / tan mía. Y qué poco me queda, Neva gloriosa, en el recuerdo y en la infancia mía. Que soy alondra tuya y tú Villanueva mía, escrita en mis ojos y voz del alma mía”.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

A todos los paisanos, a José y Charo, a Felipe Saúl, a todos un abrazo muy fuerte.

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