¡Ay abril aguas mil! Que nos has dejado las húmedas caricias de tus gotas, el sonido acogedor de las canales, el vivaz riachuelo improvisado, el arroyo que oculta sus sequías, la Madre Naturaleza que se abre paso, cada estación, para hacernos sentir tu sentimiento, el agua poética tras los cristales, poemas improvisados, quizás vuelvan los versos eternos de los Machados, el Duero irá más crecido, acariciando su curva de ballesta y San Saturio bendecirá los árboles de la Alameda, en su paso por Almazán, por ejemplo, lejos de esa curva donde, en ocasiones, duele el alma y  las flores quieren enviarnos el mensaje oloroso y blanco de sus pétalos. Cómo se despeñaba el Guadalevín en Ronda, en esa locura con metáforas de Rilke y de Ridruejo. Y tú, mi Arrago, ¿cómo vas?. Cuéntame, ahí en Cadalso, o tu Tralgas, que seduces mis olivos, y escucho tu viejo cantar, junto a almendros floridos, solemnes vuestros cauces, canciones eternas, eco de “río Duero / río Duero / nadie a cantarte baja / nadie viene a oír / tu eterna estrofa de agua”. 

Ahora que a marzo se le han caído sus hojas de calendario, sí, se han derramado entre nuestras retinas, quizás fieles a los idus de marzo. Qué vais a decirnos, si somos compañeros de miradas, ojos, ojos, ¿cómo vas, Guadiana?, que descansas o haces un alto en tus lagunas de Ruidera o escoltas la viejas piedras de Emérita Augusta. Ríos, ríos / tan vuestros / tan míos. A veces, quiero ser gota, gota que se lleva el río/ o que se quede / agua que es mía, copla escatológica de Jorge Manrique: mi vida, la tuya, la mía, gota, en ocasiones, fría, y vuestras venas abiertas a la desembocadura del mar, qué locura… “El mare, il mare, e no pensare a niente”, gracias Leopardi, “el mar / el mar / y no pensar en nada”. Sin duda llorarías, Pedro de Lorenzo, que convertiste el agua de los ríos ibéricos en surcos literarios, donde lloraba la petunia y cantaba de pena un pez. ¡Mi vida está escrita en tantos ríos, que sois venas de mis ojos! Abril, aguas mil; marzo que dejasteis vuestros idus…., “ahora que la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido”, abrid el balcón de los ojos, subiros a las ramas de los árboles, cantad con el mirlo, asomaos a las choperas, gozad con un ruiseñor y que Nietzsche borre el consuelo de pensar en el suicidio. La primavera ha venido y dejad vuestras retinas en los ríos.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

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