La Sierra siempre nos llama. Qué tendrá la Sierra para anunciarnos que siempre nos espera, que “aquí estoy”, con las montañas altivas y, sin embargo, serenas, en la comisura de mis valles, en este edén – por qué no pudo estar aquí el Paraíso -, con mis ríos, arroyos y arroyuelos, floresta mayor de la Naturaleza, variedad de árboles, flores en este paraíso perdido – no de Milton -, de gente desconocida y, de súbito, alguien que deja en el aire mi nombre: Sierra de Gata… Entonces, vienen, sí, con la humildad del peregrino, cansados del bullicio de la ciudad, a encontrarse con esta página de la Naturaleza, rara e incunable, como un códice recreado de la Creación, bella en los soles y en las tinieblas, abierta a la soledad del peregrino, olor a romero y cantueso, imagen de otro tiempo, vigilada por esos pueblos que alzan sus estancias como un faro para marineros en tierra, que os tendría que cantar Alberti, unos sonetos para arroyos y arroyuelos y la vieja labranza. ¡Oh, Trevejo! ¡Oh, Santibáñez el Alto! ¡Oh, Sierra de Dios Padre! Desde tu cumbre, en días claros, se divisa, en lontananza, mínima, el  castillo de Portezuelo  y la estampa de Sierra de Gata, abierta a los confines de Portugal y Castilla…. 

Escondida, sin embargo, la estampa medieval de San Martín de Trevejo, donde aún perdura el dialecto - el mañegu –, aquí, a este conjunto de imágenes, añejas y sepias, vendrán estos Senior a tomarle el pulso a la Sierra de Gata, herida y quemada, como Menéndez Pidal llegaría, a principios del siglo pasado, con su rostro de sabio castellano y otro gran filólogo portugués, Vasconcelos, a escudriñar las viejas letras, o “a fala”, como un estudioso de estos dialectos entre el portugués y el castellano. Y, hasta estos pagos, llegaría con su séquito el entonces Primado Cardenal Almaraz, a caballo, al sepelio de un personaje rico de la época.

Ahora acuden estos inquietos peregrinos, con la sabiduría de los años, a poner el acento en su sitio; que los Senior tienen el señorío del tiempo, el que crece con los años, con algo / mucho heredado de los romanos – Senadores -, púrpura que deposita el acontecer en los hombres, la que Platón llama “la segunda navegación: la más serena…”. Aquí estarán, ante el toque de campana, al análisis de la tierra, al estudio de la edafología, el paisaje herido por el fuego, el luto de este pequeño edén. Con su saber, ellos nos ayudarán a devolvernos el alma alegre de esta Sierra de Gata.
 

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.     

A los Senior.

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