Yo, el molino: “El dron que me ha filmado”

Quién me diría a mí, conocido como Molino Cimero o de Melecio Mateos o de su nieto el escritor, Pérez Mateos, digo que quién me diría, que iba a sobrevivir a tantos lagares o molinos como yo en estos pagos de Villanueva de la Sierra, cuna de la Fiesta del Árbol, villa que he visto crecer, gente que ha hecho su vida en aquellos tiempos, cuando este pueblo era abundante en todo, que escuchaba el ruido, los cuchicheos, el silencio envolvente en tiempos de posguerra, años de estraperlo, que apenas veía la luz gracias a fanales y faroles, aquellos años cuarenta, que decían “del hambre”, y que de ello daban fe las estrecheces y penurias en aquel sin vivir, de carencia y ganarse la vida como si esta gente perteneciera a otro tiempo, la de los lazarillos, por ejemplo; que había que avivar el ingenio para que esta gente, ya familiar, recurrieran a aliviar el hambre para sobrevivir, comida gracias a la matanzas de cerdo o de cabritos, de cuando en cuando, algunas sardinas y el pan, en ocasiones, llevado a las casas cuasi a hurtadillas por temor al robo en esas calles alumbradas tibiamente por la electricidad, que llegaba a la población gracias al salto que llamaban de La Cervigona, fenecida hace años.

Aquí, y de ello puedo dar fe, abundaban las sombras, como una estampa goyesca, y los ruidos que los lagareros daban voces, porque el motor Bellino se agitaba en su compostura de mover las correas y, por tanto, hacer rodar a los morejones. ¿Qué si había vida? ¡Vaya que sí, vive Dios!. Trajinar que dicen por estos pagos…., que era época de estraperlo y vaya si corría el dinero, duros y pesetas; que nunca tuvo esta villa tal apogeo, caballos y mulos, caminos transitados, no como ahora que no se ve ni un burro…. Si levantara la cabeza el gran poeta Juan Ramón Jiménez, no habría cantado a Platero como lo cantó con eso  versos. Además, fábrica de gaseosas, harinas….

Me apena cómo se han muerto mis hermanos, los otros molinos, cómo se desmoronaban, en unos cuatrocientos metros – Pilar del Llano , “Los Benitos”, “Los Chilanes”, “Guillermatos”, Casasola y tío Pedro -. Que vaya si corrían las pesetas y los duros… Y lo que era Villanueva de la Sierra…, una villa viva y desbordante.

Claro que sería testigo de ese trajinar con los pellejos, y la que se armaba cuando llegaba la Fiscalía, y el camión que os llevaba el aceite hasta el pueblo, donde tu padre ejercía la Medicina; y los duros que se gastaban algunos ricos en los “Madriles”. ¿Y la noche en que unos malvados, en un pueblo cercano a Plasencia, estuvieron a punto de ocasionar un grave accidente a dos agentes de la Fiscalía, para que se matasen?.

Ya ha llovido desde entonces, como la canción de “gira el mundo, gira…” Aquí sigo yo, testigo de la decadencia de estos pueblos. Qué lástima de emigración. Todo estaba ya montado… Lástima del abandono. Ya sabes lo del poeta: ”Se canta, lo que se pierde”. Gracias a vosotros – grande tu Blanca Tejedor -, tu señora como dicen por aquí -. Quien iba a decirme lo de las estampas de este siglo, cómo ruiseñores mecánicos sobrevolándome, Inocencio G. Miguet y la lírica mágica del alma y sus manos a través de los drones. Dónde hemos llegado. Disfrutarlo. “Hay que ser absolutamente moderno”, que diría el gran poeta Baudelaire.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

P. E Gracias a Sara Fontán,  gran dama milenaria por su sensibilidad, que ha colgado mi molino, del abuelo Melecio Mateos, en  su digital.

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