Origen e interpretación de pino Marro

El pino Marro toma su nombre del juego del mismo nombre, Marro, antaño muy popular en los pueblos de Castilla. Sin embargo, el hecho de cortar, arrastrar y levantar un árbol, un roble, un chopo o un pino, recibió como denominación más común y generalizada la de fiesta de “las Mayas”, ya que dicha tradición tenía lugar durante el mes de mayo. Estas celebraciones, en tiempos muy extendidas por diversos lugares de nuestra geografía, se vieron sometidas a un proceso de cristianización que las hizo coincidir en el tiempo con el calendario patronal de los pueblos mientras que en otros, sencillamente, se vieron abocadas a la desaparición. 

La maya-árbol es una representación pagana del mes de mayo que, en España al igual que en el resto de Europa, conmemoraba la llegada de la primavera. Esta transformación de la naturaleza durante la primavera con la consiguiente germinación de las plantas y flores, el aumento del vigor en los animales y la frondosidad de los bosques, reflejado también en el ser humano como parte fundamental de ella,  fue siempre motivo de celebración en la mayor parte de las culturas occidentales.

 La referencia más antigua que se conoce de esta tradición en nuestro país data de la época de Alfonso X y está recogida en un cantar de escarnio del juglar portugués Barroso. 

El diccionario de Autoridades de la lengua castellana, define la Maya de la siguiente manera: “Una niña que en los días de fiesta del mes de mayo, por juego y divertimiento, visten bizarramente como novia, y la ponen en un asiento en la calle, y otras muchachas están pidiendo a los que pasan dinero para ello, lo que les sirve para merendar a todas. Diose ese nombre por el mes de mayo… Tanto duran las Mayas como mayo.” Lope de Vega, en el siglo XVI,  en su auto sacramental “La Maya” nos hace también una descripción similar a la anteriormente descrita en que la más hermosa y agraciada de las jóvenes era agraciada con el título de Maya: “aderezanla con ricos vestidos y tocados; corónanla con flores o con piezas de oro y plata, como reina; pónenle un vaso de agua de olor en la mano; súbenla a un tálamo o tronco, donde se sienta con mucha gracia y majestad, fingiendo la chicuela mucha mesura; las demás la acompañan, sirven y obedecen, como a reina, entreteniéndola con cantares y bailes, y suélenla  llevar al corro. A los que pasan por donde la Maya y a los que no les dan, les dicen: Barba de perro, que no tiene dinero, y otros oprobios a este tono.”

También en este tipo de festejos se tenía por costumbre representar casamientos ficticios entre niños. Este ritual respondía a una tradición arcaica y pagana en la que estaba prohibido casarse en el mes de mayo. En Castilla se conserva un refrán que dice: “Bodas mayales, bodas mortales.”

 Durante el siglo XVIII, las medidas reformistas de la corona, tanto del conde de Aranda en 1769 como de Carlos III en 1777, dictaron que se pusiese fin y término “al rústico abuso de las que con nombre de Mayas se ponen en las calles causando irrisión y fastidio a las gentes”, bajo pena de diez días de cárcel y diez ducados de multa a los responsables de las muchachas. Estas prohibiciones no consiguieron poner fin a estos ritos, que siguieron celebrándose en muchos lugares, a lo máximo que llegaron fue a que se transformasen  y adaptasen a los tiempos perdiendo su primitiva entereza. 

La noticia más antigua recogida de la maya-árbol es la de H. Cock en su “Relación del viaje hecho por Felipe II a Zaragoza, Barcelona y Valencia”, donde nos narra lo siguiente:”Aquí (en Hospitales) quedamos tres días, y conforme al uso de nuestra patria, celebramos la fiesta del primer día del mes de mayo con voto de todos, alçando un muy alto pino adereçao con flores y naranjas y dedicándole a su Majestad… los catalanes, más inclinados a fiestas, bailes y alegrías que ninguna gente de España, guardan con nosotros esa costumbre poniendo en todas partes árboles por los pueblos y villas de su provincia.”

Entre las diversas definiciones existentes sobre la tradición del Mayo, destaca la de Sebastián de Covarrubias, en el Tesoro… de 1763, en la que dice lo siguiente: “Mayo suelen llamar en las aldeas un olmo desmochado con sólo la cima, que los mozos zagales suelen el primer día del mes de mayo poner en la plaza, o en otra parte, y por usarse en aquel día se llamó Mayo, entiéndase de este árbol y no del mes, pues otros meses traen tantos días como él.”. Por su parte, García Lomas, en su libro “El lenguaje popular de las montañas de Santander”, describe la Maya-árbol como: “árbol descortezado y de gran altura que se coloca en las romerías de los pueblos de la Montaña, dejando únicamente el ramo verde de su punta, que sirve de galardón a quien lo corta subiendo a ella.”

La Maya-árbol es un caso de veneración y dominio festivo con un profundo significado en la vida colectiva. Las Mayas, en su conjunto, presentan una serie de características comunes: Todas estas fiestas representan al mes de mayo y, por extensión, a la primavera; abarcan un doble aspecto: culto vegetal (enramadas, árboles y flores) y exaltación de la vida y el amor (bodas y matrimonios ficticios entre niños); son fiestas cristianas que conservan elementos paganos; anticipan las de San Juan, cerrando un ciclo de culto al agua, la vegetación, el sol y el fuego. 

Destaca también, como signo distintivo en esta celebración, la exaltación de la comunidad junto con los valores culturales y las costumbres, no sólo religiosas, vinculadas con la reproducción del grupo: corte, transporte y erección de la Maya, encomendada a los varones; organización, búsqueda, acompañamiento y retorno desempeñado por las mozas; rituales religiosos; competición, que unas veces puede ser trepar hasta la cúspide del árbol (cucaña) o juegos como el propio Marro, donde la juventud se autoafirma como promotora del ritual más antiguo; signos verbales predominantes en las personalidades (padre, parientes y sacerdotes) y signos cinéticos relativos a los mozos y mozas (traer, llevar, subir, bajar, cantar, bailar, etc.).

Dentro de la celebración de la Maya debemos distinguir a los distintos sujetos o actores que toman parte en la misma: Por una parte están los jóvenes del pueblo, mozos y mozas de la misma quinta y por otra las autoridades eclesiásticas y municipales, resaltando la sumisión al sacerdote o alcalde, la idea de pueblo como gran familia, la preponderancia del papel de la iglesia en el grupo y su rango de madre suprema. 

Cabe también destacar en este tipo de tradiciones la existencia de códigos culturales, tales como: conexión entre lo religioso y lo social; una cosmovisión naturalista de la vida social (ciclos de edad, sexo, naturaleza, cultura, familia, localidad y subgrupos privilegiados); magnificación de las funciones educativas y morales de la iglesia, mediadora entre la juventud y la socialización, y de la religión, como puente entre los hombres, la Naturaleza y la vida sobrenatural; mayor transparencia en la fiesta religiosa que en la profana; modelos de organización y trabajo que recuerdan formas colectivas (concejo) y aspectos lúdicos: jolgorio, regocijo, comunicación táctil de mozos y mozas en torno al culto y dominio de la Maya-árbol, donde se producen simbolizaciones paganas, sexuales, fálicas y de iniciación al matrimonio. 

Diversas interpretaciones han tratado de explicar el fenómeno de las fiestas de la Maya, remontándose en algunos casos a la antigüedad clásica. Así, humanistas del Renacimiento relacionaron los cultos mayales con los festejos de la Floralia. Rodrigo Caro les atribuye similitudes con la Maya, madre de Mercurio, y afirma que los vasos de las Mayas-niñas son los búcaros sacrificales de Roma. Este mismo autor establece ciertas semejanzas entre las Mayas y las fiestas en honor al dios Attis en el imperio romano. La procesión con el árbol de mayo es similar a la que hacían los adoradores del dios Frigio y que se celebraba en el equinoccio de la primavera, según el calendario romano, fecha en que los cristianos creían que había muerto Cristo y los sacerdotes de Attis afirmaban que éste moría y resucitaba. El 22 de marzo se corbata un pino, que era llevado solemnemente al templo de Cibeles; de él se colgaban violetas, cintas y una estatuilla que representaba una imagen del dios. La semejanza está, sobre todo, en la conducción del árbol y su engalanamiento. 

Leopold von Schroeder consideraba que la conducción y elevación de la Maya es una costumbre aria dedicada a la fertilidad. Un viejo rito indogermano propio para festejar la vida, el sol y las aguas. 

Frazer, que prosiguió las investigaciones iniciadas por Manhardt en Europa sobre las creencias relativas a la sensibilidad de los árboles, analizó exhaustivamente los espíritus que los habitan, sus “tabues” y las relaciones mágico-animistas que establecen los hombres con el mundo vegetal. De este modo observó que en toda Europa es frecuente la creencia en determinadas influencias de los árboles, en particular los de mayo, en hombre, animales y cosechas.  

Este diario lo hacemos todos. Contribuye a su mantenimiento

ING Direct - Sierra de Gata Digital
Nº CC ES 80 1465 010099 1900183481