Un patrimonio pendiente de mejoras

A nadie se le escapa, a estas alturas, la belleza de los pueblos y paisajes de la sierra de Gata. Hace apenas un mes aparecía un artículo en una revista de tirada nacional donde se sugería dicho destino entre otros diez recomendados dentro de nuestra geografía.

Llegar hasta aquí, ocupar un lugar dentro de este top-ten, no ha sido fácil. Una gran labor de información, desplegada a lo largo de años, ha empezado a dar sus frutos. Para ello ha sido necesario durante este tiempo realizar una gran inversión, tanto pública como privada, y estimular la confianza en una comarca que, hasta no hace mucho tiempo, dependía exclusivamente de la agricultura y la ganadería.  

El auténtico tesoro de la sierra de Gata, su fuente de recursos presente y futura, está en el incomparable marco de su paisaje y  fauna. De su cuidado, atención y mantenimiento depende su porvenir económico y por añadidura el de sus habitantes. Muchas han sido las medidas tomadas en sentido, unas más acertadas que otras, a lo largo de estos años que han contribuido a preservar su encanto, pero no por ello debemos descuidarnos ni dejar de demandar a los organismos públicos la permanente puesta en valor de un activo tan sensible como éste del que tratamos. Últimamente, quizá debido a la crisis y a la falta de recursos, no se ha destinado a este menester todo lo necesario. Por poner algún ejemplo mencionaré, sin ir más lejos, la desaparición de las cunetas de las carreteras, inundadas por una frondosa vegetación que amenaza con adueñarse del asfalto. La sensación que produce, a primera vista, es de desidia y dejadez por parte  de quienes tienen la obligación de su limpieza y acondicionamiento, de riesgo para quien circule por estas vías y de materia vegetal presta y abundante para futuros incendios. Otra situación que llama la atención, de quien le guste pasear por sus idílicos parajes, es el estado de abandono en que se encuentran  muchas propiedades privadas: pinares llenos de maleza, olivares ahogados por las zarzas, caminos intransitables, etc. Todo ello conforma una inmensa masa de combustible, en terrenos de difícil acceso y accidentada geografía, contra la que a veces todo esfuerzo para su extinción resulta al final inútil y baldío. Por este motivo, la tarea preventiva de desmonte y limpieza de pinares, mantenimiento de pistas y de una política forestal agresiva a todos los niveles debe ser un objetivo prioritario para que este valioso patrimonio natural no se vea afectado y por extensión el de quienes viven económicamente y disfrutamos de él.

Un requisito, necesario e imprescindible, para disfrutar de la sierra de Gata y sus valles es el mantenimiento de sus caminos y pistas forestales. Es andando por ellos como realmente se llega a descubrir sus tesoros ocultos: ora en forma de regatos que descienden estrepitosos entre las oscuras pizarras, ora bajo la forma de centenarios castaños y encinas que han sobrevivido a voraces incendios, o en especies arbóreas y de matorral únicas que crecen en apartados rincones. Para poder llegar y conocer estos parajes llenos de encanto y belleza y acceder a los miradores desde los que se descubren espectaculares vistas de la sierra o simplemente deleitarse en la contemplación del vuelo de algunas aves es necesario una correcta señalización y un buen mantenimiento de estas vías. Sirva, una vez más, como ejemplo uno de los recorridos más atractivos y desbordantes de encanto como es el caso de la calzada romana de Robledillo de Gata. En primer lugar, de su existencia apenas nada se sabe si no te encuentras en el propio municipio. No hay una señal, un panel o indicador que nos informe cómo llegar y cuál es su recorrido y los pocos que existen en el pueblo son de madera corroída por el paso del tiempo. Por otra parte, el estado en que ese encuentra la calzada es mejorable en muchos aspectos: parte de su empedrado se ha perdido o está en vía de perderse para siempre por desprendimientos del terreno, desbordamientos de regateras que inundan tramos de la calzada o bien crecidas del regato que corre paralelo a ella que ha socavado el firme, así como de  los brezos y las escoberas que crecen en medio de la vía amenazando con engullirla.

La conservación de la calzada romana, que ha llegado hasta nuestros días como vestigio de la romanización de estas tierras, no es asunto baladí si queremos preservar un bien cultural que, al mismo tiempo, se puede potenciar como foco de atracción turística. No es éste, desgraciadamente, un caso único  en la sierra de Gata, a pocos kilómetros de Robledillo la Almenara de Gata se desmorona lentamente sin que por el momento nadie aporte una solución.

 No es cuestión, por ahora, de hacer ninguna lista del estado de ruina y abandono en que se encuentra nuestro patrimonio pero sí de mentalizarnos y de reclamar a quienes  tienen la obligacion de velar por su mantenimiento que destinen los recursos necesarios para que estos bienes culturales y paisajísticos no se pierdan definitivamente.

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