Presté atención a la conversación que espontáneamente surgió en el bar, porque para mi resultaba curioso aquello de que se apañara la aceituna verdiblanca durante el mes de septiembre, para su acarreo a la almazara, y que su producción en aceite se situara en torno al 20%. Narró minuciosamente el contertulio como apartó el perdigón y aceituna para la producción de aceite verde y alabó sus propiedades. La insistencia del ponente y su apasionado posicionamiento daban credibilidad a lo narrado, pero el resto de interlocutores no se ponían de acuerdo.

Siempre se ha dicho que el mejor momento para varear y apañar la aceituna es pasada la matancera. Unos, recordando el refrán de “a cada cerdo le llega su San Martín”, decían que desde el 11 de noviembre hasta el 17 de enero, día de San Antón, santo este último para perdón de las hazañas del primero. Otros preferían la fecha del 8 de diciembre para el comienzo y alargaban el final de la recogida hasta la fecha del 20 de enero, San Sebastián.

Los argumentos para defender el calendario, pasado el ardor guerrero del tempranero, se basaban en la tradición de los antiguos. El 19 de enero se quemaban los capazos de los molinos e, incluso, se vertía aceite en los portalones de las iglesias en señal inequívoca del final de la campaña. El comienzo dependía más de la maduración del fruto en el olivo y de la apertura de los molinos.

En septiembre aún no está el aceite hecho -aseveró uno de ellos retornando a la conversación del principio-. Es más ni siquiera está hecho en octubre y noviembre, por lo que es perder el tiempo y el dinero. Cada uno puede hacer con sus aceitunas lo que quiera. Si queremos una rendimiento del 10%, adelantemos la recogida a septiembre, pero si queremos un rendimiento del 20%, esperemos a diciembre, a enero y febrero, cuando la aceituna pierde el agua. Aquí, en la Sierra, ha habido años que incluso se han apañado aceitunas en marzo, cuando se recogían del suelo a mano, el culo sobre la cesta –añadió levantando algunas risas-, no como ahora que nos parecemos a la ratina presumía barriendo la puerta. ¡Claro, que para lo que pagan!. Quieren el mejor aceite, el virgen extra, pero “na de na” a la hora de pagar la aceituna.

Es cierto que hay que pensarse el apaño de la aceituna. No se puede trabajar contra las inclemencias del tiempo ni contra la bianualidad de las cosechas, no se puede con los precios del estiércol, de los abonos, del arado, de la cura, de la poda y el destalle, para mantener las explotaciones, y no se puede con la rentabilidad de la cosecha porque el resultado obtenido es negativo.

Pero es que tampoco es rentable para el trabajador serragatino por cuenta ajena, por que los jornales, ante la poca rentabilidad de la cosecha, son bajos y obligan a un acuerdo de pago en especie. El dueño de la producción no puede abonar jornales de 45 ó 50 € diarios por la recogida y tiende a dejar la aceituna a medias o a dos partes para los apañadores.

La verdad es que sólo anima la querencia por la tierra, por el producto, por el trabajo de todo un año. A los bajos precios de la aceituna de verdeo se une ahora, tal como esperábamos, el ridículo precio de la aceituna para molturación que se paga, en algunos casos, a 0,14 €/Kg, lo que para una producción de 10.000 Kg., suponen 1.400 €, de los que hay que pagar transporte y ayuda en la recogida.

Estaríamos hablando de una ganancia de 700 € o 930 €, para dos apañadores durante un mes de trabajo y de 700 € o 470 € para el propietario, según sea el acuerdo a ½ o a 2/3, por cada 10.000 Kg.

Este precio de 0,14 €/kg de aceituna (23,24 Ptas/Kg) es todavía más ridículo si lo comparamos con el de hace poco más de 35 años, del que puedo dar fe, que se situaba en las 25 Ptas/Kg (0,15 €/Kg). Es decir, la aceituna se está pagando a un precio igual o inferior a como se pagaba hace treinta y cinco años. Increíble pero verdad.

Algo parece que mejora el proceso, para recogedor y productor, si se quedan con el aceite obtenido en la molienda y/o el trasiego se hace a través de cooperativas.

Pongamos un ejemplo sobre una recogida de aceitunas de 10.000 kilogramos para un rendimiento del 15%, en el supuesto de que el acuerdo propietario/recogedores sea de dos partes para estos últimos. La producción total sería de 1.500 l de aceite. De ellos hay que deducir 0,55 €/litro por servicio de molturación, 0,65 €/unidad en envases de 5 litros y 120 € en gastos por transporte. Si suponemos un precio por litro de aceite de 2,50 €, se obtienen unas ganancias de 3.750 €, a los que debemos descontarles un gasto de 1.140 €. El total neto es de 2.610 €.

En el reparto el productor se queda con 870 € y dos recogedores (2/3), que han soportado más de un mes de trabajo, con 1.740 €. Con todo se mejora el supuesto de venta directa del producto.

Simplificando los casos estudiados para un supuesto de 10.000 Kg, salvo error, podemos decir que la venta directa es la menos aconsejable ya que sólo ha aportado unas ganancias netas de 1.400 €. El caso del pago en aceite, el resultado fue de 2.610 €, y para este último, de estimación de rendimiento neto, las ganancias serían de 4.000 €., por lo que es el más aconsejable. Si bien es cierto que, en este último caso, he aplicado un rendimiento medio del 20%, pudiendo ser menor en algunas zonas de la Sierra.

Algo está fallando cuando con una muy buena cosecha de aceitunas de verdeo y molturación que, seguro, no se repetirá el año que viene, ni sale rentable al recogedor ni rentable al oleicultor. Está claro que ese fallo se debe al bajo precio en el pago del kilogramo de aceituna y a la despreocupación de las autoridades nacionales, regionales y locales por estos temas.

Las autoridades nacionales y regionales por su negativa a situar las producciones agrícolas entre los precios regulados por los gobiernos estatales y autonómicos, algo así como sucede con el gasto por consumo eléctrico, y en subvencionar por kilogramo de aceituna vendido. A las autoridades locales por negarse a buscar salida a los productos en mercados fuera de los límites comarcales, forzando así las subidas de precios. Algunos agricultores están echando de menos a los antiguos intermediarios, capaces de llevar la aceituna hasta Andalucía o Ciudad Real, pongo por ejemplo, aunque sólo fuera por quedarse con una mejor comisión.

Una solución, desde el ámbito local, sería el potenciar las cooperativas municipales o comarcales públicas, superando algunas malas experiencias pasadas, con molienda a rendimiento concertado y pago con el propio aceite obtenido. Se comenta como algunas almazaras han estimado, para este año, un rendimiento medio del 20%. De  ese rendimiento el molino se queda con 4 litros de aceite por cada cien kilogramos de aceituna molturado (4%), asegurándose el productor 16 litros de aceite (16%) para consumo propio o venta. En otras almazaras el cálculo ha sido inferior.

Todos conocemos el funcionamiento el trasiego de aceitunas de suelo y venta de aceite en Sierra de Gata. Desde Valverde del Fresno, con Acenorca, hasta Villanueva de la Sierra, con la Cooperativa de Dios Padre, e incluso sabemos de otras de fuera de la Comarca. En la mañana del pasado domingo 12 de enero, un grupo de vecinos de Cabeza del Buey (La Serena. Badajoz) me comentaron los parabienes y el buen funcionamiento de la Cooperativa Olivarera Almagral, con venta directa, incluso on line, de aceite envasada en plásticos de 1l, 5l y 6l y cristal de ½ litro y ¼ litro, me imagino preparada para el nuevo desafío vía botellas irrellenables, en sustitución de las aceiteras. Fundada en 1992, cuenta con 800 socios.

En cualquier caso no hemos encontrado ejemplos, en la compra de la aceituna de suelo, con precios inferiores a 0,14 €/Kg. Como mucho 0,21 €/Kg. También hay que tener en cuenta que no es lo mismo un rendimiento por kilogramo del 13% que del 20%.

Las cuentas no salen para el agricultor. Si el año es malo en producción hay poco que vender. Si es año es bueno en producción hay poco que ganar. Pero claro, todo mejor que estar parado y todo mejor que dejar el producto abandonado en la finca, después de todo un año de trabajo y de ilusión para mantenerla.

En ese mes mágico de diciembre se redujo el paro en el sector agrícola en 8.890 personas. La mayoría de ellas dedicadas a la recogida de aceitunas, al acarreo o la molturación del producto olivarero. A ellos hay que añadir el trabajo familiar en fincas propias y las ayudas externas a la recogida.

Un sabor agridulce cuando vemos que estos mismos datos arrojan, al cierre de 2013, que todos los sectores de actividad cuentan con menos parados registrados un año antes, salvo la agricultura. El colectivo de desempleados, cuyo último trabajo tuvo lugar en el sector de la agricultura, ascendió a 200.064 personas (12.188 más que un año antes).

Esto quiere decir que la agricultura sigue ofreciendo una oportunidad si se trabaja en condiciones óptimas de producción y se paga el producto obtenido a un precio justo, pero como esto no es así, los trabajadores del campo, muchos de ellos propietarios de las fincas, siguen engordando el paro o cambiando de profesión.