El antebrazo derecho aparecía flexionado hacia su brazo, y entre ellos estaban los huesos de la mano izquierda. Pero nunca se supo si aquel era su último saludo a los caciques de los vivos o su primer saludo a los caciques de los muertos

dos viejos comiendo sopa. Cuadro de Francisco de Goya
dos viejos comiendo sopa. Cuadro de Francisco de Goya

La identidad secreta de Batman es un Alexis Tsipras remozado, capaz de sacar a Gotham City de las tinieblas y la destrucción a que lo someten los Jokers, mentes tortuosas que se ocultan tras irónicas sonrisas, capaces de crear la mayor cantidad de problemas. El arsenal de armas de los Jokers está compuesto por inmensas cajas fuertes repletas del dinero, de uso legal en todos los países del mundo, y por agentes políticos perfectamente entrenados para cumplir los fines y objetivos propuestos por los Jokers sin el más mínimo escrúpulo.  Su capacidad económica es utilizada para grandes préstamos rápidos que, una vez concedidos y aceptados, les permiten controlar todas las actividades socioeconómicas de los hipotecados, obligando a estos a cumplir todas sus directrices, incluso aquellas que van en contra de estos mismos y de su idiosincrasia. 

Apoyados presuntamente en teorías económicas modernas, supuestamente recogidas de los mejores textos escritos por especialistas en economía del mundo, no hacen sino repetir viejos esquemas de explotación de las civilizaciones, retrotrayendo a la sociedad a olvidados tiempos de la lejana edad media donde esta se dividía en estamentos y, cuyas maneras de hacer las cosas recorrieron los tiempos históricos, más o menos disfrazadas,  para asentarse con los peores métodos de explotación del hombre por el hombre: el caciquismo y la usura.

Los Tsipras del mundo no pueden sino, hasta que las fuerzas se lo permitan, imitar al olvidado escritor noventayochista Juan Bautista Amorós, más conocido como Silverio Lanza, que tuvo el atrevimiento de levantar su propio cadáver y comprobar  que “el antebrazo derecho aparecía flexionado hacia su brazo, y entre ellos estaban los huesos de la mano izquierda. Pero nunca se supo si aquel era su último saludo a los caciques de los vivos o su primer saludo a los caciques de los muertos. ¿Quién, con mayor poder, se atreve a tanto como se atrevía, vivo o muerto el infeliz Silverio Lanza”.

Silverio Lanza sabe que su cacique es malo, y sabe que su cacique es todopoderoso. Por esto, y no por otra cosa, la gente respeta estas vergüenzas nacionales que se llaman caciques, acostumbrados al triunfo de la perversión y de la procacidad.  Porque entre el ideal social de injusticia por egoísmo y el ideal social de injusticia por perversidad, hay un tipo característico y monstruoso, tan perverso a juicio del escritor, que es el cacique.

Añade Juan Bautista Amorós, y ya con esto dejo que siga saludando y despidiendo caciques, que “en el siglo XXII se reirán los ciudadanos a carcajadas cuando lean que unos hombres sin honor personal, y acaso sin ninguna cultura, eran la base para el ejercicio del sufragio y para la constitución del santo poder legislativo. Era, por tanto, este poder superior realmente (aunque no explícitamente) al poder gubernativo y, en pleno siglo XX (ya XXI) quedaban unos países de hombres honrados sujetos al feudalismo ridículo y perverso de cuatro caciques que, explorando la indiferencia o la codicia o el optimismo ajenos, realizaban crímenes con una impunidad que nunca pudo tener ningún bandido”.

Y como Tsipras, gritó Silverio Lanza: “Yo juro en nombre de Dios que podría denunciar a cualquier canalla pero jamás denunciaré a un cacique”. Porque hay un código penal para los crímenes ordinarios, hay una reforma laboral para castigar al obrero, una ley mordaza para sujetar al díscolo … pero no hay una ley especial contra la monstruosidad del caciquismo. Entonces triunfa el castigo y la venganza al disidente, al que alza su voz pidiendo justicia social y solidaridad.

Un día, hace ya de esto mucho tiempo, hubo un griego llamado Sísifo  que se atrevió a retar a los señores del infierno y estos le castigaron a empujar una piedra hasta la cima de una colina, al llegar allí la piedra rodaba ladera abajo por lo que había que subirla de nuevo a la cima del monte, así eternamente. Hay trabajo más perverso que ver, una y otra vez, deshecho lo hecho.

Otro día, pasado mucho tiempo, otro griego llamado Prometeo engañó tanto al dios Zeus que este, enfadado, le castigó casando al hermano del heleno con una mujer llamada Pandora, para que esta abriera el ánfora que contenía plagas, dolor y pobreza y, de esta manera, castigar a la humanidad a través del atrevimiento de Prometeo. La derecha griega habría maquillado las cuentas griegas para conseguir la entrada en la eurozona, engañando a los endiosados.

Con esta herencia recibida, Tsipras se atrevió a desafiar a los nuevos endiosados, usureros consagrados al préstamo de dinero a cambio de apoderarse del alma de las ciudades. Tsipras tuvo el atrevimiento de situar sus ideales en la polis europea establecida como ciudades estados, soberanas e independientes. Una Europa sujeta a alianzas con el único objetivo de construir y luchar juntos por los bienes del común. En este contexto colectivo, cómo podía pensar que se trataba de la economía y los intereses económicos individualistas y particulares de terceros. 

Entonces los endiosados del Mercaeuro, en alianza caciquil, decidieron no sólo castigar al héroe Tsipras, sino a todo su pueblo. Un castigo ejemplarizante para la tentación subyacente de los pueblos insurgentes y de los líderes impolutos al sistema. Mejor matar una oveja que tener que acabar con todo el rebaño, mejor el castigo humillante a un pueblo que la rebelión de todos ellos. ¿Qué pretenden estos desagradecidos, quedarse con nuestro dinero? 

Para ello, los endiosados fabricaron una cuna donde dormían los males que castigan, con la pobreza y la desesperación, a los disidentes del modelo prestamista. Porque el negocio está montado sobre el máximo interés que se alcanza por el préstamo de dinero y no sobre la reactivación económica conseguida mediante las inyecciones económicas que animan al consumo y a la mejora del bienestar común y la justicia social. Si contempláis la Europa de los mercaderes del €uro veréis las sequedades del silencio, el suelo sin milagro, las tiendas cerradas, el trabajador con sueldos de miseria, el joven desesperado, el niño triste, los poetas amordazados … los usureros enriquecidos.

A un ministro alemán le tocó mecer la cuna y, con la hoja de ruta previamente diseñada, llamó al altivo dirigente heleno. Tsipras acudió a la cita con la confianza de los pobres, aquella que animó a los mineros del salitre chileno a congregarse en la Iglesia de Santa María, en el puerto grande de Iquique: las miserables condiciones de trabajo y explotación de los trabajadores, la perdida de la justicia del bienestar, los recortes laborales y sociales, la mordaza a la libertad, la incapacidad para la solidaridad y la fraternidad de los pueblos. Se había acumulado mucho daño, mucha pobreza y muchas injusticias.

El griego abrió su cartera de esperanzas y explicó al ministro de los endiosados su visión solidaria de la Europolis. El ministro habló con una cultura esmerada, con el cuidado que habla el caballero a sus lacayos. No importaba lo que propusiera el griego, sería rechazado, esta era la consigna acordada por los endiosados. Que no se le ocurriera buscar auxilio en otra parte, aunque los intereses fueran más baratos, sería expulsado. Así durante cinco meses, uno tras otro. Todo indiferencia y desprecio. Cuando el acuerdo era posible, una nueva condición sobre la mesa de roble negro, y vuelta al inicio del endiablado juego. Una y otra vez recreándose con el hambre de los pueblos. 

Poco a poco, con amor y sufrimiento, se fueron aunando voluntades que dijeron ¡basta ya!. Que les puede importar, a los usureros, la rebeldía de los desposeídos, de los parias. ¿Qué hacer si nadie escucha, cuánto se puede esperar cuando el hambre aprieta?. 

El usurero lanza permanentemente sus proclamas al Mercaeuro: “que no sirve de nada tanta comedia; que dejen de inventar tanta miseria; que no entienden deberes son ignorantes; que perturban el orden, que son maleantes; que están contra el país, que son traidores; que roban a la patria, que son ladrones; que han violado a mujeres, que son indignos; que han matado a soldados, son asesinos; que es mejor que se vayan sin protestar, que aunque pidan y pidan nada obtendrán” (1).

En el concilio de los dioses, la gran endiosada no quiere esperas. Fuera indignos de este mercalugar. El Olimpo, antes luminoso, se oscurece, rugen truenos estridentes. Un grupo descontento se separa del resto. Los dioses del bienestar social tiran enfadados sus varas de mando, que se convierten en sapos y culebras al contacto con el frío suelo, frente al trono de la divinidad que asustada da un salto atrás. La gran endiosada asiente y concede tres días de arrepentimiento y penitencia.  La rendición de la gran endiosada es un hecho. Ha reconsiderado su promesa de expulsión ante las críticas de sus ministros y asesores que habían dibujado, tiempo atrás, un letrero que en letras grandes decía: salida. 

Tsipras, entendiendo el demoledor mensaje se agarra ahora a los bastones como un clavo ardiendo (aunque sean de sapos y culebras), mira agradecido a su izquierda: “ya no somos animales, ya no rebaños. Ya no nos dejan morir de pie, sino vivir arrodillados”. 

Pensativo y cabizbajo Tsipras vuelve a su Grecia, no se atreve a mirar atrás temeroso de convertirse en estatua de sal. Allí tendrá que volver a subir la piedra hasta la cima de la montaña, antes de que alguien despierte las maldades guardadas en el ánfora.

Sepa usté que los acuerdus,

antis que de voluntá,

nacin de cabeças vivas

conas panças merendás.


No sedrá el señol tan sabiu

si no á dau en abrigual

que l'espíritu no es libri

quandu ena mesa no ai pan (2).

1.- Algunos párrafos recogidos de la “Rendición de Santiago” de Juan Bautista Amorós “Silverio Lanza”. 2ª Edición. Madrid 1907, y de la “Cantata de Santa María de Iquique” de Quilapayun. Luis Advis. 1970.

2.- Fragmentos del poema en estremeñu “El canteal-si” de Juan Francisco Reina Raposo. Sierra de Gata Digital del martes 14 de julio de 2015.

Imagen.- “Dos viejos comiendo sopa”. Francisco de Goya (1819-1823). Óleo sobre lienzo. Museo del Prado Madrid. (Tomado del original pintado en una pared de la Quinta del Sordo).

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