ASAMBLEA DE EXTREMADURA. ¿Respaldo oficial a las lenguas vernáculas?

El filólogo Ismael Carmona, manifestó reiteradamente la necesidad de armar nuestras lenguas vernáculas de una adecuada ortografía, una gramática consensuada i un diccionario dela lengua estremeña

Extremadura con escudo
Extremadura con escudo

 Que estus ombris son los machus duna raça
de castús labraoris estremeñus
que inorantis delas cencias delos sabius
las honduras d’otras cencias descubrierun
cavilandu tras las yuntas
ena pas delos barbechus.

Las lenguas vernáculas extremeñas en general y, en particular, el estremeñu, a fala y el portugués rayanu no pudieron recibir mejor noticia la semana pasada que la del respaldo, sin fisuras, de todos los grupos políticos con representación parlamentaria en la Asamblea de Extremadura. Esto ocurrió, queridos amigos y amigas, el pasado lunes 23 de marzo, sobre las 10:30 h.

La Comisión de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura se reunió, a instancias del Grupo Parlamentario “Estremeñus”, y convocó al presidente del Órgano para el Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura (OSCEC).

Ismael Carmona García, asiduo colaborador de este Serragatino Digital, acudió para explicar su punto de vista sobre la situación de las lenguas vernáculas, en la Comunidad Autónoma de Extremadura, en particular del estremeñu, a fala y el portugués rayanu o, mejor dicho, de la situación del estremeñu, nuestra lengua vernácula, si es que entendemos que en ella se encuentran incluidas todas las lenguas extremeñas, con sus características singulares filológicas, toponímicas, etimológicas, ortográficas, y gramáticales, así como con un habla definido en cada zona estremeño parlante, por la inclusion de una jerga propiá. No es debate este de hoy, el tiempo lo dirá.

Todos los grupos políticos, sin excepción, por medio de sus portavoces en la Comisión de Educación y Cultura, valoraron positivamente el intento de recuperación y difusión de nuestras lenguas vernáculas y se comprometieron, particularmente,  a apoyar estas iniciativas.

Pero nunca la alegría es completa en la casa del pobre. Las mayores preocupaciones del ponente quedaron sin respuesta y los parlamentarios fueron incapaces de ofrecer una salida  política conjunta a las reivindicaciones que se le planteaban. Se limitaron, y es de agradecer, a educadas intervenciones más propias de un debate parlamentario que de una manifestación cultural, donde se juega ni más ni menos que el futuro de la tradición que marca la ideosincracia extremeña y la comprensión de la historia singular de estas tierras de castúos labradores extremeños, que, hasta mediados del siglo XX, mantuvieron una lengua propiá y defenciada, en el entendimiento castellano. Ambas, lengua e historia, pueden verse abocadas a la desaparición si no se toman medidas inmediatas.

Bien es cierto, haciendo honor a lo ocurrido, que el partido politico, responsable del punto tratado, defendió, como no podia ser de otra manera, el tema debatido, pero sólo en algún caso se apoyaron las reivindicaciones de la ponencia, postergándolas  al resultado electoral de mayo.

Los extremeños no tenemos la culpa de ser cada vez menos en las listas de los padrones de los pueblos y, por eso, no es que haya menos palrantes, chalrantes o falantes, es que cada vez hay menos castellanoshablantes en las tierrras extremeñas.

Tampoco los extremeños tenemos la culpa de que a la escuela se le dieran instrucciones concretas al respecto, que algunos niegan, cuando vieron que las lenguas vernáculas de las Españas persistían en su negativa a morir, perjudicando la implantación del castellano: “una sola lengua, una sola religión, un solo rey”. Nadie nos dijo nada entonces. Ni siquiera que la lengua del Cid Campeador y, en muchos casos la lengua cervantina, tienen características comunes con unas lenguas romances, tanto como con otras.

No abandonaron los maestros y maestras voluntariamente la enseñanza de la lengua vernácula de cada Región, sino que cada maestro ó maestra tuvo una sortija de metal, que cada lunes entregaba a uno de sus discípulos, advirtiendo a los demás que dentro del umbral de la escuela ninguno hablara palabra que no fuera en castellano, so pena de que oyéndola aquel que tiene la sortija, se la entregará en el momento (al delincuente), y el culpable no podrá negarse a recibirla, (regencia de María Cristina. 1837). Los alumnos y alumnas se vieron así abocados a sentirse proscritos, bandoleros manteros o vergonzosos portadores de una lengua podrida, inculta, paleta, cuya sortija delataba.

No, el abandono progresivo de la lengua estremeña no ha sido ni voluntario, ni conscientemente asumido por los extremeños y las extremeñas. Ha sido la vergonzosa actuación de las administraciones públicas y privadas las que decretaron su muerte. Sólo algunos intrépidos maestros y maestras, de instrucción primaria, fueron capaces de sustraerse, en aras de una peligrosa libertad de cátedra, a aquellos reales decretos que los castigaban primero por amonestación y, en la reincidencia, con la separación del magisterio oficial, y de todos los derechos que les reconoce la ley, si se les ocurría enseñar a sus discípulos la doctrina cristiana, u otra cualquiera materia, en un idioma o dialecto que no sea la lengua castellana (RD 1902).

El filólogo Ismael Carmona, manifestó reiteradamente la necesidad de armar nuestras lenguas vernáculas de una adecuada ortografía, una gramática consensuada i un diccionario dela lengua estremeña. Ofreció el trabajo teórico y el trabaju de campo, desarrollado hasta ahora por las asociaciones que se encuentran inmersas en la recuperación de nuestras lenguas vernáculas.

En este sentido el OSCEC tiene prácticamente terminada una ortografía consensuada del estremeñu y, avanzados, una gramática y un diccionario con 27.000 términos y dejó sentir en la sala, la preocupación, de las asociaciones que se encuentran trabajando en este tema, por la falta de medios económicos para editar estas publicaciones. No hubo respuesta parlamentaria.

No dijo nada el ponente de la colección de libros de literatura en estremeñu “Nueva Literatura en Extremeño”, ni de la reivindicación pública para la celebración, cada 6 de enero, del “Día delas Letras Estremeñas”. Hay que resaltar también que, actualmente existe un nutrido grupo de escritores, investigadores, traductores, con publicaciones de libros y artículos en revistas.

No dio la sensación de que los parlamentarios, de una y otra ideología, tuviesen claro como se debe encauzar el trabajo de recuperación de una lengua que siginificó y debe significar parte viva de la historia extremeña y nexo de union con otras Comunidades, como Castilla y León (antiguo Reino de León), que mantienen focos de resistencia en El Rebollal, Bejar y Zamora, por poner algunus ejemplos, o la propiá República Portuguesa (Mirandés), que también formó parte del antiguo reino dicho. Ni siquiera dejaron sentir la posiblidad de subvencionar la publicación de los trabajos realizados hasta ahora, aunque fuera como colaboración para evitar una participación en zona desconocida y eliminar el posible miedo a un error político-gramatical.

Porque no creo que esto sea visto, por nuestros diputados, como algo perdido y, por lo tanto, en el sentido de que queda escaso interés en su recuperación, ya que si esto fuera así habría que negar cualquier actividad o publicación arqueológica que pretenda la recuperación de la desaparecida historia romana, con el hermoso arco de Cháparra y el Teatro de Mérida incluidos, o la perdida civilización vetona o los ocultos huesos cervantinos. ¿Quién se acordaba ya de eso sino la persistencia de investigadores, arqueólogos y escritores?.

No es de recibo que las reivindicaciones del invitado sean despedidas con unas simples palmaditas en la espalda, más propias de la cercanía de la elecciones autonómicas y municipales que de un pretendido y claro apoyo al loable intento de mantener viva la lengua vernácula.

Recuerdo muchas palabras bonitas, prendidas con alfileres de los recovecos de la sala, pero no me viene a la memoria la respuesta clara y contundente a la propuesta de que queden reconocidas y protegidas por Ley Extremeña, de manera específica, las lenguas vernáculas extremeñas: el Extremeñu, el Xalimegu i el Portugués Rayanu, en un régimen de coficialidad y hermanamiento con el castellano.Bandera con el escudo extremeño. www.sierradegatadigital.es

No escuche la votación sobre la garantía de que la enseñanza de dichas lenguas se incluya en el sistema educativo extremeño, ligada en todo momento al rico patrimonio cultural e histórico que tenemos, a través de una asignatura de Cultura Extremeña.

No pude oír, con mínima nitidez, aquello de: quedan pendientes de estudio Sr. Carmona sus dos propuestas anteriores y, además, el incentivo del uso de las lenguas vernáculas extremeñas, fomentándolas dentro de la programación de los medios públicos de comunicación.

En todos los casos, estos planteamientos quedaron sin respuesta y algo me parece que anduvo como un pez en la mano o un papel en el fuego, con lo que habra que seguir buscando la gente del mañana, la que tiene en sus manos las olas de la vida.

Que estus ombris, que al amol delos sus terruñus
ayuntarun el sentil delos sus adrentus,
despreciandu la pereza sin descansu
delos ijus poltronaus del dineru,
cola huerti calentura dela su groria
que manó del coraçón a los sus celebrus,
conquistarun palos reyis dela su patria
los Perusis i los Méxicus,
i enllenarun de pinturas las sus ilesias,
i palrarun el su sentil enos Congressus,
i cantarun la belleza delos sus campus,
i elevarun las sus plegarias alos cielus,
i murierun ergullosus pola causa
delas santas libertais del su puebru…

Son assina los cachorrus dela raça
de castús labraoris estremeñus,
que, inorantis delas cencias d’oi en día,
cavilandu tras las yuntas descubrierun
que los campus dela su patria
i la mairi los sus ijus, son lo mesmu.

Fragmentos del poema CONSEJUS DE TÍU PERICU. (Poema de Luis Chamizo, 1921, adaptado a la norma gramatical estremeña  por el OSCEC).

Fotos.- Bandera y mapa extremeños, con el escudo cuyo león rampante, en el primer cuarto, señala la pertenencia al Reino de León tras la reconquista.