Así, entre procesiones, el miserere que pone los pelos de punta a creyentes y descreídos, el maravilloso primaveral campo serragatino, la final de la copa y “las películas de romanos”, se nos ha ido pasando esta Semana Santa.

Días han sido estos en que hemos sufrido la triste noticia del fallecimiento del escritor Gabriel García Márquez, un incendio en la ladera noreste de Jálama, que ha afectado a parte del paraje natural de la Cervigona y el Guijarro y a la hermana Comarca del Rebollar (Salamanca), algo inusual en estas fechas. Como contrapunto, unos vecinos titiriteros, armados con carro tirado por caballos, provistos de malabares y otros artilugios, anunciaban su espectáculo por plazas y calles.

La crisis económica, el independentismo catalán y, curiosamente, la Fundación Phi (1), han sido las conversaciones más recurrentes en los mentideros populares de calle y bar, en estos días de asueto.

El número uno es el de la impuesta austeridad económica, aireada en estas fechas, por los propios políticos en su pugna particular por desmentir los informes de las organizaciones no gubernamentales. Tengo que comenzar diciendo que, con la imposición de esta austeridad económica, no sólo no se está consiguiendo el objetivo propuesto de superación de la crisis, sino que se está empujando a la gente a un sentimiento antieuropeo sin que se explique debidamente que no es Europa la culpable de esta calamitosa situación, sino los políticos responsables de poner en marcha las diferentes propuestas. Parece ser que la política empleada por los Estados Unidos de América, sigue un camino muy distinto y está alcanzando excelentes resultados, sobre todo en lo referente al desempleo con una tasa del 6% de parados.

María Dolores de Cospedal ha asegurado sin inmutarse que: “por muchas veces que se repita una mentira no va a ser una verdad”. Un intento de desvirtuar la declaración, ante el juez Ruz, del extesorero Luis Bárcenas, sobre el caso Günter. Tal frase ocurrente no es ni mas ni menos que una vuelta de calcetín del refrán: “miente que algo queda”, o a juicio de los especialistas políticos: “una mentira repetida mil veces es una verdad”.

Contradice la política manchega, en esa afirmación, la propia política estratégica seguida por el Partido Popular que consiste en repetir sin cesar algunos eslóganes, en varias versiones, como el de “la herencia recibida de Zapatero”, “la política que heredamos y sufrimos”, “ustedes dejaron arruinada España”, que han calado de manera determinante en la conciencia colectiva y en el imaginario popular. Militantes, simpatizantes y votantes del partido conservador, los repiten incansablemente ante cualquier atisbo de crítica partidaria, para satisfacción de los ideólogos populares.

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, con su sonrisa y su talante, esconde un gesto de contrariedad al saberse criticado, por unos y otros. Una serie de decisiones económicas antipopulares, tomadas en el principio de esta maldita crisis económica, empujado por los dirigentes de la Comunidad Económica Europea, tienen la culpa. A su favor cuenta que las acompañó con medidas sociales que intentaron paliar los efectos económicos negativos sobre el conjunto de la población, sobre todo el potencialmente producido en las clases más desfavorecidas. Esto al final generó una cierta deuda pública, que nada tiene que ver con la crisis bancaria, que obligó a su rescate, y que se esgrime como eslogan negativo mil veces repetido.

En esta semana, tal vez porque es santa, las organizaciones no gubernamentales como Cáritas y Save of the Children han difundido informes con los que pretenden alertar de que un número alarmante de familias se encuentran en el umbral de la pobreza, con serio riesgo de exclusión social y uno de cada tres niños se encuentra desnutrido en España. Esto último se deja notar más por el cierre de los comedores escolares. Estas dificultades económicas, paliadas en parte por las pensiones de los abuelos, están afectando a la clase media, además de a las clases tradicionalmente en riesgo,.

Ante esto la única respuesta es otro eslogan, tan recurrente como los anteriores: “la culpa la tiene la economía sumergida”, la de los pobres, no la de los banqueros y capitalistas que tienen en sus empresas una presunta doble contabilidad y se llevan, los que pueden, el dinero a Suiza o a otros paraísos fiscales. Dicho de otra manera: “No es cierto que haya tanta pobreza en España, porque todo el mundo se lleva dinero a casa por las actividades encubiertas y encima tienen ingresos que no declaran, si eso no fuera así –añaden-, esto habría reventado y con ello explotado el clamor social”.

Sin embargo, de entre todos los países europeos, en España es donde más desigualdad social se ha generado durante la crisis económica –dicen estos informes no gubernamentales-. Ocupamos el primer lugar, y las peor paradas son la clase media y la clase baja popular.

Al tremendo y dramático paro que sufrimos, se ha añadido el excesivo encarecimiento de la vivienda, antes de la burbuja inmobiliaria, la subida de los precios de los productos de primera necesidad, subida de la luz, el butano, el gasoil y las medicinas, pérdida de poder adquisitivo de los salarios, congelación de pensiones, desahucios con pérdida de vivienda y deuda a perpetuidad…, hasta los libros y el ocio (cines, teatros, restaurantes…) se han encarecido al tiempo que disminuían los sueldos.

No es de recibo, y nunca mejor dicho, que para aumentar la factura del consumo eléctrico se nos suba el mínimo obligatorio. Una medida, a todas luces, que para nada beneficia al trabajador, ni al pequeño o mediano empresario, que veían en el control del  gasto eléctrico un eminente ahorro. No es normal que, ante los continuos desahucios, no se haya aprobado una nueva ley hipotecaria que permita la dación de la vivienda como pago total de la deuda adquirida.

Las medidas del gobierno, apoyándose en la posible salida de la crisis y la necesaria recuperación económica, son las que han ahondado en estas desigualdades, al perjudicar a los pobres en beneficio de los ricos. Se ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid para desfondar, sobre todo, a las clases medias, como si no interesara el bienestar social de estas. Lo he comentado en otras ocasiones. Si al escaso sueldo o al jornal de las clases medias y bajas no se le apoya con medidas sociales, aquel se queda en nada. Esto es educación y sanidad gratuita y universal, medicinas gratuitas, vivienda asequible, transportes públicos baratos, etc, etc. Esto es un estado de bienestar como Dios manda, apelando al espíritu cristiano y caritativo de esta santa semana,.

Si los empresarios pretenden salarios más bajos, deben asegurarse desde las administraciones públicas las suficientes garantías en las prestaciones de estos servicios sociales públicos. Si los empresarios no quieren contratos fijos, deben exigir del Estado una cobertura segura de desempleo. Lo que no puede ser es negar todo a cambio de nada.

Siendo el trabajo un derecho constitucionalmente reconocido, el Estado debe garantizarlo y, si esto no le cabe, posibilitar las suficientes prestaciones económicas por desempleo que garanticen una vida digna. No hay mejor deuda pública que la adquirida en la búsqueda de la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.

La deuda pública, a pesar de los recortes sociales, amenaza con rebasar el 100% de lo gastado sobre lo ingresado (PIB), para este año de 2014, según el Banco de España. Lo peor de todo es que crece desenfrenadamente hasta unas cotas que nos retrotraen a finales del siglo XIX y principios del siglo pasado, cuando España tuvo que atender los gastos de la guerra de Cuba, dice el Fondo Monetario Internacional.

Es por todo esto que hay un eslogan, entre todos los eslóganes, que no ha cuajado. Me refiero al de la superación de la crisis económica. El “hemos tocado fondo” y “se atisban signos de recuperación”.  No es que yo quiera ser pesimista y diga que esto no es verdad, es que el 90% de la población, según las encuestas, no se lo cree y esta incredulidad proviene de que la gente no siente la recuperación en las cosas cotidianas que le afectan. Esto es, los ciudadanos y ciudadanas de este país no terminamos de percibir que el paro descienda significativamente y que estamos volviendo a la situación anterior del Estado de Bienestar, hechos ambos significativos de superación de una situación coyuntural negativa que, de ninguna manera, queremos se convierta en estructural.

La crisis económica, lo dije hace bastante tiempo, sólo se superará con una vuelta de tuerca que nos saque de las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea. Una política de inyección de dinero que permita que este circule y genere crecimiento. Que facilite el crédito fácil a los pequeños y medianos empresarios. Inyecciones económicas del Banco Central Europeo y del Banco de España hasta hacer descender el paro a cotas insignificantes. Si hay ingresos en las familias, hay consumo y si hay consumo, hay crecimiento. Tanto austeridad sólo puede llevar al país al austericidio colectivo.

1.- La Fundación Phi es una entidad sin ánimo de lucro, de reciente constitución (2009), que pretende instalarse en los términos municipales de Acebo y Hoyos, en torno al hermoso paraje de Las Siete Fuentes, con un proyecto educativo, turístico (hospedaje y restauración), de investigación y sede, para captar tanto al turismo rural como al turismo ecológico. Se autodefine como una organización que trabaja a favor de la armonización y el equilibrio cuerpo-mente-entorno, para el desarrollo integral de la persona. 

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