De cuando el otoño se llenó de Sierra

Quítate el mandil de “puedo solo y cada uno por su lado”. Apúntate a la asociación que más convenga, colócate la camiseta reivindicativa de tus años mozos, de cuando los bodegones hacían peña, y tírate por la ladera. Que vuelva a despertar Jálama.

Aniceto.- Pero bueno, que ven mis ojos. Don Silvestre, que hace usted por aquí, cuánto tiempo. No me puedo creer. Ni más ni menos que don Silvestre Paraqué. Un lujo.

Don Silvestre.- El mismo que viste y calza, Aniceto. Veo que has remozado el comercio.

Aniceto.- Es que estamos en campaña.

Don Silvestre.- ¿En campaña?

Aniceto.- Si, después de la tormenta vino la calma. Estamos promocionando la Sierra a tope. Queremos sacarla al exterior, que la conozca todo el mundo, que deje de ser la gran desconocida.

Don Silvestre.- Me parece una idea excelente, Aniceto. Yo también me apunto al proyecto. Es seguro que vendrán más visitantes.

Aniceto.- Aquello que explicó usted sobre el turismo endógeno y exógeno….

Don Silvestre.- Años hace ya, me alegro que te acuerdes. He visto los carteles anunciando las actividades. Se está proyectando una buena línea de promoción de la zona.

Aniceto.- No sé, no sé…

Don Silvestre.- No vale quejarse, hay que actuar. Un mismo objetivo, diferentes funciones. Hay que mentalizar a los vecinos y vecinas de los nuestros pueblos de que una gran parte del futuro está en el turismo de interior, educarlos para cuidar y atender a los nobles visitantes rurales. Recuperar las tradiciones, la gastronomía, las cosas nuestras. Esas con las que se nos llena la boca cuando vienen nuestros hijos y nietos, cuando llegan amigos de fuera. Aquellas que son ríos de tinta en las máquinas de las imprentas.

Aniceto.- Qué fácil es todo para usted, don Silvestre. Qué bien se ven los toros desde la barrera.

Don Silvestre.- Se me había olvidado tu pesimismo existencial.

Aniceto.- No es eso don Silvestre.

Don Silvestre.- Entonces, ¿qué es? Ponerse uno detrás del mostrador y esperar que crezca la hierba.

Aniceto.- El otoño anuncia el invierno y el invierno es largo.

Don Silvestre.- Pues dos de los objetivos a conseguir serán, digo yo, un otoño agradable y un invierno corto. Ahora tenemos tiempo. Lo importante es programar actividades que nos sirvan tanto a nosotros como a la gente que venga de fuera.

Aniceto.- Esa es la finalidad, enfocarla a un turismo que genere negocio y sea el motor del cambio en la Sierra.

Don Silvestre.- ¿Dónde está el problema?

Aniceto.- En la unidad de acción. ¿Por qué, hay que situar a la gente a ambos lados de la cuerda?

Don Silvestre.- Si uniéramos todas las fuerzas, esto sería la repera. Mira la prensa. Nunca hubo tanto otoño en la Sierra.

Aniceto.- Porque hay un plan estructurado.

Don Silvestre.- ¡Claro! Un plan en el que hay que pensar, a medio y largo plazo, en el sector turístico y de servicios, sin abandonar todo lo demás.

Aniceto.- Paciencia no nos falta entre la paz de los regatos y el manar incesante de los veneros.

Don Nicasio.- Ja, ja, ja, este es mi poeta. Si, así es, pero no confundas la santa paciencia de Job, probada hasta por el mismísimo demonio, con la cachaza propia de la flema y la pachorra.

Nicasio.- No le entiendo.

Don Silvestre.- Hay mucha gente en la plaza que lleva cuarenta años esperando el maná divino, pero no en un constante deambular por las múltiples iniciativas serragatinas, sino sostribadas sus costillas en los humedales de las piedras, sin más horizonte que la pared de la iglesia.

Nicasio.- Parecen muchos porque se les ve más.

Don Silvestre.- Así me gusta, hay que hablar en positivo. Hay que luchar para generar un motor de desarrollo, poder presentar un producto apetecible.

Aniceto.- Si sé que somos un espacio por descubrir, una comarca preciosa, un enclave natural desconocido…

Don Silvestre.- Mira Aniceto. Recórrete el pueblo. Junta a todo el que sepa decir algo: vecinos y vecinas, entendidos en fotografía, dibujo, pintura, nuevas tecnologías, artesanos…, gente que sienta la Sierra, gente entusiasta. Lancémoslos con nuestro aceite, nuestros vinos, el queso, la miel, las casas rurales, los bares, los restaurantes, las sendas, los ríos, la gastronomía, los usos, costumbres y anécdotas, nuestra lengua.

Aniceto.- Essu es lu que vengu jaziendu toa la mi vía.

Don Silvestre.- Si, pero ahora debes quitarte el mandil de “puedo solo y cada uno por su lado”. Retoma el espíritu francés de los mosqueteros o, mejor, la iniciativa solidaria española de Fuenteovejuna. Apúntate a la asociación que más convenga, colócate la camiseta reivindicativa de tus años mozos, de cuando los bodegones hacían peña, y tírate por la ladera. Qué vuelva a despertar Jálama. Clava un buen rótulo en la pared en tu negocio que diga “Aquí para Aniceto Gómez Sevuelva”, luego sal de la tienda, que los peces vean tu cara ondear entre los suaves guijarros que reposan en el fondo del río, a la sombra del aliso y el fresno, que no descansen las lagartijas sobre las calientes piedras de las canchaleras, ni el alacrán clave su aguijón sobre tu descuidada pierna…

Aniceto.- Estuvu paquí el Robe Iniesta

Don Silvestre.- ¡Qué alegría! Es la segunda vez que viene. Todavía me acuerdo de Deltoya.

Aniceto.- Si, dendi que ubimus quenta.

Don Silvestre.- Algo te preocupa.

Aniceto.- Jizu retratauras, peru se jue sin dalmus un conciertinu tan siquiera.

Don Silvestre.- ¿Se conjuró la institución para que cayera en la cuenta? Pero… hay algo más que te preocupa. Te delata ese no parar sin hacer nada.

Aniceto.- Me digu yo, a mi mesmu, polqué no s´án pogramau güenus conciertus nestus días, paí?

Don Silvestre.- Seguro que, en la próxima primavera, habrá grandes conciertos. Comenzará a brotar la hierba si se reparte la simiente sobre la tierra. ¡Ya veo el valle Pelota con la música escondiéndose en la pista del vallito!. Hay que intentar que lo excepcional sea rutina.

Aniceto.- Pregonan juertis tormentas i grandis vendus, velequí.

Don Silvestre.- ¿Qué?

Aniceto.- Qué cumu tranquin el cuarterón d´un portaçu i mos entrillin despreveníus mos desmochan la veciná d´esta Sierra.
Don Silvestre.- Acabáramos. Y yo pensando todos somos Sierra de Gata. Ingenuo, el órdago es Adisgata.

Aniceto.- Me acaba de llegar un wahtsApp.

Don Silvestre.- ¿Qué?

Aniceto.- Dicen que unas encinas sembradas a la mayor altitud de la Sierra, en la Cervigona del Acebo, por donde la Mata la Huesa, las han cortado a pesar de ser una rareza.
Don Silvestre.- Tendrían que dejarlas hasta la primavera. ¿No?

Aniceto.- Lo que usted diga… Tenga la llave y tranque la puerta, quiero ver el asunto sobre el terreno, comprobar si es verdad.

Este diario lo hacemos todos. Contribuye a su mantenimiento

ING Direct - Sierra de Gata Digital
Nº CC ES 80 1465 010099 1900183481