Encuentro de encajeras en Acebo

No es normal que en el lugar del Acebo, capital del encaje de bolillos, tenga que ser noticia singular la celebración de un encuentro de encajeras. Debería ser un acto tan natural, dentro de la vida cotidiana del pueblo, como lo es el apaño anual de las aceitunas o la vendimia para la molturación del vino de pitarra. Esto ha sucedido tras la ocurrencia de la asociación Reverdeceremus de convocarlo el pasado domingo 10 de julio de 2016, con gran éxito de público y crítica

Acebo tiene el suficiente acervo cultural del que sentirse orgulloso, con unas características específicas, como para aportar a la Comarca Sierra de Gata suficientes elementos artísticos y artesanales que se unan al conjunto del restablecimiento de la pretendida acción sociocultural, de la recuperación de la actividad tradicional y del rescate de las características populares y festivas.

Mujer cogiendo flores. Jesuěs Fernaěndez. Encaje familia Garciěa BacasQue sea noticia Acebo, pequeña localidad de la Sierra de Gata, en el Norte de Extremadura, por haber celebrado el pasado domingo día 10 de julio un encuentro de encajeras, no tiene nombre. Es estéril la discusión de si es el primero, siendo segundo o tercero, cuando deberíamos porfiar en la duda de si fuese centenario, cincuentenario o vigésimo. 

Un año tras otro el concierto celestial del tintineo de los bolillos debería haber alegrado nuestros oídos, como saben hacerse música incluso en lugares donde la principal y más antigua  actividad fue el labrar redes para carros a las puertas de las sus casas. Digna profesión artesanal esta última, que supo llamar la atención del mismísimo Lope de Vega, pero un tanto alejada de la artística fabricación del encaje de bolillos sobre la redondez de la almohadilla de tela y bálago.

No me cabe la menor duda que este pueblo, enclavado en el Valle de Jálama, merecía desde hace tiempo reivindicar, de manera permanente, una artesanía con la que sus mujeres supieron hacer historia. Unas mujeres que se han dejado la vista y las uñas sobre el verde valle de naranjos y olivos. Almohadillas a la sombra de las laderas que se elevan desde el río, para subir por los tesos el peso de los robles, alcornoques, encinas y castaños. Inspiración de hermosas arboleda que se calza de berezos y retamas de mil flores. Matorral vistiendo la garganta de la ladera de la Cervigona. Azul de cumbre, en 1.492 metros de altitud, horadada por las frías galerías de guerra que perforaron la belleza de la antigua Xálama y sus viejas leyendas de ocultos tesoros.

Tierra pedregosa de difícil cultivo que permitía el serpentear de los rebaños de cabras en improvisadas veredas. Canchaleras que dibujaron a pico al peligroso felino con categoría de doméstico gato. Raya fronteriza entre el poderoso Reino de León y las taifas musulmanas. 

Nadie supo escuchar el rugido del atrevido animal cuando ondeaba su cuerpo en los estandartes de los aguerridos hombres del Norte, como tampoco el lamento de la gata sobre la resbaladiza superficie de teja arabesca y, menos aún, el suave tintinear de los bolillos sobre las ágiles manos de las mujeres acebanas.

Es tan quebradiza la memoria de los hombres que se olvidaron que Acebo fue el primer pueblo extremeño en trabajar esta artesanía y que, en su momento, pudo ser la capital del encaje de bolillos entre puntillas de torchón y golondrinas. 

Niñas de azahar, jóvenes de vino y aceite, mujeres altivas agolpadas en las calles de cuando la benévola climatología, o en los talleres al efecto, si aquella se daba adversa. Pensamientos solitarios en el claroscuro de las alcobas, alumbradas con la tenue luz de la única bombilla que permitía la potencia calculada de la central eléctrica de la Cervigona. 

Campesino sembrando. Jesuìs Fernaìndez. Encaje familia Garciìa BacasManos sabedoras de que desprendían un hilo blanco, plata y oro, arrancado con delicadeza de las bobinas, cargado en los bolillos de madera de naranjo. Embelesadas sus miradas con los dibujos de flores que, sobre el picado de cartón, iba fabricando aquella técnica tan antigua que se perdía en tiempo de moros pero que, enamorada de las cristalinas fuentes, prefirió quedarse en las empedradas calles de Acebo.

Es cierto, como dicen las investigaciones recientes, que en el lugar del Acebo fue donde primero se fabricaron los encajes de bolillos de toda Extremadura, siendo que la tradición cacereña provenía de los últimos años de la invasión musulmana. Tal vez en Acebo, tuvieran su inicio conocido en el siglo XIII, allá cuando los reinos de Castilla y León decidieron un destino común o, mucho antes, cuando las familias musulmanas se establecieron en Sierra de Gata, corriendo el siglo VIII.

Vueltas y más vueltas sobre el picado y el hilo enredándose, con la colaboración de pequeñas alfileres de colores, en dibujos de flores, pero también de figuras geométricas, humanas y de animales. Los primeros encajes de bolillos de Acebo, eran sencillos. En ellos se trabajaba a la vez el fondo y los motivos, repitiéndose estos a lo largo de la banda. Bandas estrechas, por lo general, desde un centímetro a doce, con hebra blanca y sólida de un arte de fino hilo que se entrelazaba en torsiones, trenzados y enlaces.

La mujer acebana fue, durante mucho tiempo, protagonista y cómplice de albarderos, carpinteros y vendedores ambulantes, capaz de crear una floreciente industria artesanal y artística para competir primero con las ciudades de Almagro, Camariñas y Lagartera y, más tarde, con Canarias y China. 

Una industria salida de la “Escuela de Acebo” que destacó por ser típico de ella los encajes del género torchón, denominados “Encajes de Acebo”, por ser esta localidad la que con mayor ahínco y esmero los fabricó y la que los dio a conocer por todo el territorio extremeño y castellano-leonés. 

La Escuela de Acebo, junto a la salmantina y la toledana, se define como especialista en los trenzados en torchón popular, pero es la escuela acebana la que luce en los trajes charros y sus encajes estuvieron presentes en el Pabellón de Extremadura de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, donde fueron visitados por el infante Jaime de Borbón y las infantas Beatriz y Cristina de Borbón y los podemos encontrar en la Casa Real y en el Museo del Encaje de Madrid, amen de un sinfín de sitios, exposiciones y museos.

Porque su fama, a pesar del aislamiento geográfico, se extendían ya por los siglos XVI y XVII, época en que definitivamente comienza a denominarse y a tratarse el encaje como tal. Por poner sólo dos ejemplos, de los muchos que existen y que tiene catalogados la investigadora María de los Ángeles González Mena, entresaco como fabricados en Acebo, dos encajes de torchón que se definen como: 

“Tireta (del siglo XVI), de 2 cm x 11 cm, en la que se alternan rectángulos y calados, virgulillas en un borde”. En el siglo XVII, otro como “Torchón, de 3 cm x 11 cm, con ornamentación de rombos y helechos, alternándose la yuxtaposición”. 

Señala esta investigadora dicha, en su colección textil, como podía encontrarse en Acebo una artesanía de estilo plateresco, recreada sobre estilo gótico, por la técnica de bolillos, donde se labran esquemas de gran suntuosidad, en composiciones de trazo menudo, con hebra muy fina de lino y en los que abundan hojas y motas de gipur y bridas trenzadas. Una arquería cualquiera diversa, coronada de virgulillas, formando caireles. Añade además que el conjunto del encaje presenta aspecto caligráfico y miniaturista.

Eran también típicos de Acebo los paños de puerta –documenta esta misma investigadora. Eran una especie de paño rectangular que hacía las veces de cortina y pendían recogidas a ambos lados de la puerta. Se colocaban en acontecimientos importantes y llevaban las iniciales de la dueña de la casa y en los bordes encajes de bolillos típicos de Acebo.

El domingo 10 de julio el tintineo incesante de los bolillos compitió con el repique de las campanas llamando a Concejo abierto. Más de doscientas bolilleras, y algún que otro bolillero, tuvieron a bien juntarse en el patio de la escuela pública para enseñar, con sus didácticos movimientos de manos, aquello que aprendieron de las escuelas del encaje. Consiguieron con ello agradecer la tradición encajera que, durante varios cientos de años, vistió de puntillas el cielo acebano.

Allí pudimos ver, en un emotivo homenaje, representación del encaje de Cáceres, Badajoz, Salamanca, Toledo, Ciudad Rodrigo, Alburquerque, San Gil, Aldehuela, Villamiel, Puebla de la Calzada, Torrejoncillo, Guadeña y Acebo, entre otros, acompañados siempre de interesantes puestos de venta de productos, derivados de la artesanía del encaje, que consiguieron unir a las ciudades de Almagro, Hervás y Castellón. 

Todo ello aderezado con una exposición de encajes montada en el pasillo de la planta baja de la escuela pública, donde pudimos ver una representación de este arte hecho realidad, con encajes muy antiguos, y añorar aquella exposición que lucía, permanentemente, sobre las paredes de unas de las salas de la planta baja del Ayuntamiento, haciendo justicia de una artesanía convertida en arte. 

Mi más sincera felicitación a todos y todas las que habéis hecho posible esta gran y singular historia. La que supo escribirse con plumas de hilo sobre finos cartones.

¡En fin! Qué queréis que os diga, cosas de viejo.

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Qué estas haciendo?.

Encaje de bolillos.

¡Labor de araña!,

casi de poeta.

¡Orgullosa!.

¡Qué no!. Acércate, mira

 y admira, si comprendes, la tarea.

Torcer y retorcer hilos sutiles

como palabras bellas,

y hacer con ellos rosas,

laberintos, cadenas,

nubes de blonda y gasa,

redes de tul para prender estrellas.

¿No te parece un sueño

toda esta sutileza?

….

Genaro Martínez Sierra (1907).

Nota 1.- Desde aquí os invitamos a leer la colección monográfica de artículos --21 entregas— de nuestro colaboradorJulián Puerto: Acebo: Capital del encaje de bolillos publicados por Sierra de Gata Digital.

Nota 2.- Destacamos dos de los magníficos trabajos de investigación de la profesora María de los Ángeles González Mena:“El encaje cacereño”. Narria. Estudios de artes y costumbres populares. Números 23-24, dedicados a la provincia de Cáceres. Página 39. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Autónoma de Madrid. 1981 y “Colección pedagógico textil de la Universidad Complutense de Madrid”. 2 volúmenes (Un volumen con diversos artículos monográficos sobre las labores de bordado y encaje y otro volumen con el glosario). Consejo Social de la Universidad

Complutense de Madrid. Graymos, S.A. Madrid 1994.


Foto1.- Encuentro de Encajeras en Acebo organizado por Reverdeceremus, del 10 de julio de 2016. @nher. Archivo Sierra de Gata Digital.

Foto 2.-. Exposición del Encuentro de Encajeras en Acebo organizado por Reverdeceremus. Jesús Fernández, sobre un encaje de la familia García Bacas: “Campesino sembrando”. La figura humana se incorporó al encaje a partir del siglo XVII.

Foto 3.-. Exposición del Encuentro de Encajeras en Acebo organizado por Reverdeceremus. Jesús Fernández, sobre un encaje de la familia García Bacas: “Mujer cogiendo flores”. La figura humana se incorporó al encaje a partir del siglo XVII.

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