-- Hola don Silvestre, ¿Qué tal van sus caciques?.

-- Mis caciques son los suyos, amado Aniceto.

-- Me han dicho que el otro día se le murió uno.

-- Es lógico, ya no los cuidábamos, se lo llevó por delante la crisis de la construcción. Cuándo me despedí de él, le dí recuerdos para Silverio Lanza.

-- Pues si este sigue en aquella postura, aquel se llevará un desagradable encuentro.

-- La adopta cuando duerme. Despierto se dedica a pensar, pues debe saber usted, amigo Aniceto, que los cadáveres piensan.

-- No me venga ahora con esas don Silvestre.

-- Tómeselo usted con imaginación y humor, pero está científicamente demostrado por la antropocultura. ¿A cuenta de qué si no, iba a tomar esa postura don Silverio?.

-- ¿Qué postura?.

-- Aquella de la que nos habló tantas veces don Juan Bautista. Cuando se descubrió el esqueleto se pudo ver como el antebrazo derecho aparecía flexionado hacía su brazo, y entre ellos estaban los huesos de la mano izquierda. Pero nunca se supo si aquel era su último saludo a los caciques vivos o su primer saludo a los caciques muertos.

-- Ja, ja, ja…, en este caso será el primer saludo al cacique muerto.

-- Si, porque ¡vaya semanita!.

-- También ve usted series de la tele don Silvestre.

-- Ni falta que hace Aniceto. La realidad supera con exquisita rapidez tanto las narraciones ficticias como las fantásticas.

-- Dígame una.

-- La dimisión de Willi Meyer, pongo por caso.

-- Esa dimisión, junto con la de Alfredo Pérez Rubalcaba, dignifica la depauperada política nacional.

-- Bueno, no lo tengo tan claro.

-- Me sorprende usted don Silvestre.

-- Aunque son dimisiones en el país de los apoltronados, llueve sobre mojado.

-- Explíquese.

-- Llegan en un momento de desprestigio de la política por culpa del todo vale. Los casos de corrupción no están dejando títere con cabeza, la evasión de capitales está a la orden del día, el domicilio fiscal en el extranjero para eludir impuestos es lo normal y, encima, se está empobreciendo el país social y económicamente.

-- Con ese poemario de malas rimas encima de la mesa, lo que no sé es como respiramos.

-- Dígalo usted muy alto y pondrán precio al aire.

-- Lo positivo don Silvestre es que ninguno de los dos han dimitido por cuestiones espurias. Uno creo que ha sido por estar abonado a un sistema de pensiones que gestiona una Sicav y el otro porque era el momento.

-- Meyer no debió permitir nunca, dadas su ideas y adscripción política, que una empresa creada para eludir impuestos gestionara su plan de pensiones.

-- Dice que no lo sabía.

-- Puede ser, pero a la hora de recoger beneficios, debió entender porque eran tan altos. Se habla del 50%.

-- ¡Joder!.

-- El caso de Rubalcaba es distinto. Ha aprovechado el varapalo de las elecciones al Parlamento Europeo, para dejar a sus militantes cuando el desierto está a punto de ser atravesado. Los ha dejado a las puertas de Jericó. Ahora queda por ver si sus sucesores son buenos trompetistas, derriban las murallas y entran en la tierra prometida.

-- Lo malo de los socialistas es que siguen imbuidos en su particular y estrecha visión de la vida. Como si el mundo girará en torno a la pequeñez de sus ombligos.

-- Amigo Aniceto, de tanto abrazar el emporio capitalista, aunque sea en el noble  sentimiento idealista de la redistribución de la riqueza, sin que apenas nos demos cuenta se puede llegar a caer en bazos del capitalismo sin contraprestaciones. Se termina en la soledad del individualismo con abandono total del noble gesto del colectivismo.

-- Rubalcaba es ahora tratado como uno de los grandes estadistas de Europa.

-- Y lo es, por eso lo comparo amigo Aniceto, salvando las distancias ideológicas, con el Moisés de la Biblia. Los grandes políticos dejan sus deberes cuando los creen terminados, los mediocres cuando han acabado con los grandes.

-- Los llaman partidos de la casta.

-- Amigo mío, creo que una de las tareas que deben asumir los teóricos sociales es no etiquetar, porque etiquetar es más una labor de periodistas que de politólogos y las etiquetas, si no sirven para explicar las cosas, no explican nada.

-- Y todo esto, don Silvestre, en medio de la tormenta por la imputación de la Infanta.

-- La imputación de la Infanta está dentro de la normalidad jurídica pero, estará usted conmigo que no es normal la feroz batalla entre fiscales y jueces. ¿Tan malo es el juez y tan bueno el fiscal, o viceversa?.

-- Acabarán comiéndose el uno al otro y sólo quedarán los rabos, como los perros de Torrejoncillo.

-- Así será Aniceto, pero mientras políticos y jueces caminan por el mundo feliz de la disputa, los desahucios no paran. Familias con hijos pequeños se quedan tirados en la calle sin vivienda, arruinados, en paro, solamente asistidos por plataformas solidarias. Un Estado que se olvida de todo un territorio histórico, abandonándolo a su suerte, cómo se va a acordar de cuatro miserables, prefieren perder su voto, si es que les votaban.

-- Será porque cambiar las leyes es lento, don Silvestre, ¿o no?.

-- Cuando quieren, cambian las leyes en quince días. Leyes capaces de aforar a una sola familia son incapaces de proteger a otras muchas desprotegidas, a las de los pobres.

-- Las familias que han perdido o pueden perder sus casas,  sus empleos y su dignidad deberían estar aforadas. ¿No cree usted don Silvestre?.

-- Aniceto, en este país se afora al rico y se apedrea al pobre, están recogiendo beneficios.

-- Yo, don Silvestre, creo que la crisis provoca pobreza.

-- La crisis no es nada más que la eliminación de la clase media, volver más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Es la vuelta a la España de “Los santos inocentes”.

-- España, junto a Bulgaria o Letonia, se ha convertido en el país donde más crece la desigualdad de la Unión Europea. Fíjese que dicen que la renta per cápita ha pasado de 7.000 €uros a 30.000 €uros anuales. Pregúntese usted en qué bolsillos están y luego péguese un tiro, es la forma más digna de protesta.

--Siento contrariarle don Silvestre, ni tengo dinero para comprarme una pistola y, mucho menos, para malgastarlo en balas, ni tengo el espíritu que animaba a Larra.

-- Pues gaste Aniceto, el poco que le queda, en alpargatas, tengo una necesidad imperiosa de salir corriendo y abandonar este mundo insolidario.

-- Mejor, don Silvestre, cojamos la alpargata fuertemente con la mano derecha y corramos a alpargatazos, calle arriba calle abajo, a todos culpables de esta crisis y, entre ellos, a los que recibieron dinero de la Unión Europea para inversión productiva y lo malgastaron en su propio consumo.

-- Eso que dices es acertado Aniceto. Comarcas enteras dejaron pasar la posibilidad de usar adecuadamente el capital que fluía de los países ricos. Incapaces de usarlo de manera productiva, perdieron las oportunidades de inversiones duraderas en el tiempo.

-- Por aquí aseguran que se enterró el dinero en las cunetas. Tendremos que hacer una ley de la memoria histórica para desenterrarlo.

-- Fue el mucho pan para hoy y el mucho hambre para mañana, don Silvestre.

-- ¿Y no le preocupa a usted que sólo dos niños se graduaran en Acebo, Aniceto?.

-- No me deja dormir ese tema, don Silvestre, como no me deja dormir la viñeta de Óscar Cañero.

-- ¿Qué viñeta?.

-- La que dice: “El bebe rural también existe.., aún. ¡Stop! al despoblamiento”.

-- Mire que es usted sensible, Aniceto.

-- Hablando de sensibilidades. No ha leído usted un informe de UNICEF España, que se pregunta: ¿Hacia un país sin niños?. Es como si las familias se hubiesen conjurado para no tener niños en una sociedad en que sé es, cada vez, más desigual desde la infancia.

-- No quieren caer en la cuenta que en la pobreza infantil está el germen de una sociedad más pobre y más desigual.

-- Pues mire donde estamos ya. Más de 2.300.000 niños están por debajo del umbral de la pobreza.

-- Es increíble que algunas regiones se nieguen a abrir los comedores escolares en verano y propongan un menú a domicilio.

-- No habrá ningún control posible. Primero se hará la foto el político y luego ya veremos si llega el menú al domicilio. Al final nos soltarán un par de estadísticas y cuatro carcajadas y todos tan contentos.

-- Todos menos los niños y sus familias.

-- Eso.

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-- Ha muerto Ana María Matute.

-- No creo yo que Ana María Matute muera nunca.

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