Ahora, tras el apagón del cuatrienio negro, que dirían los cronistas republicanos del 31, se inicia una nueva etapa de ilusión colectiva. No tanto porque en esta nueva fase se hagan más o menos cosas materiales, tangibles, sino porque se  buceará en la mejora de la calidad democrática, en la idea de la participación ciudadana, en el bienestar social y, en definitiva, en los cauces para contar con los ciudadanos de a píe, más y para más que cada cuatro años

España tiene otro color IMAGEN de JULIAN PUERTO RODRÍGUEZ
España tiene otro color IMAGEN de JULIAN PUERTO RODRÍGUEZ

Los españoles de los pueblos de España llenamos los salones de plenos, los patios y los anfiteatros de los teatros y salimos a la calle antes de escuchar las palabras de Manuela Carmena pidiéndonos que no tengamos miedo a los nuevos servidores de los ciudadanos, ellos están ahí porque nosotros lo hemos decidido.

Ahora se inicia una nueva etapa de ilusión colectiva, tras el apagón del cuatrienio negro, que dirían los cronistas republicanos del 31. No tanto porque en esta nueva fase se hagan más o menos cosas materiales, tangibles, sino porque se  buceará en la mejora de la calidad democrática, en la idea de la participación ciudadana, en el bienestar social y, en definitiva, en los cauces para contar con los ciudadanos de a píe, más y para más que cada cuatro años. Hay que gobernar escuchando, sin orgullos estériles y prepotencias inútiles, teniendo claro que hay  que solucionar los macroproblemas, las grandes cosas del común, incansablemente sobre ese grave problema del paro, pero también lo pequeño, aquello que angustia y ahoga la vida cotidiana de los ciudadanos y las ciudadanas y provoca el desasosiego individual. 

Desde este sábado 13 de junio, España tiene otro color, un color especial. La bandera tricolor ha extendido, de nuevo, los colores rojo y morado por toda la piel de toro, pero también mantiene el azul (por amarillo) en una necesidad simbólica de representar las distintas ideologías que impregnan el panorama nacional, incluyendo las nuevas emergidas que han irrumpido con la fuerza republicana de los hijos comuneros de Padilla, Bravo y Maldonado, el descontento rebelde de las patrióticas de Riego y Ballesteros y la fuerza revolucionaria de la Segunda República Española. 

Esos son los pactos, lograr el consenso político  para que nuestra democracia mejore sobre la base de las diferentes opiniones, con el único objetivo de satisfacer las necesidades materiales e intelectuales de los ciudadanos y ciudadanas de los pueblos y ciudades que componen las comunidades de esta nuestra camisa blanca.

Los discursos políticos basados en la unión de fuerzas como un caballo de Troya que irrumpe de forma clandestina en la ciudad, carecen de sentido. Sobre todo porque los que arman su defensa en el desprestigio de la unión de ideologías afines, calificándolas de mezcla de perdedores, desplegarían apasionados alegatos,  para el abrigo de esta posibilidad, si estuviera de su cargo. Esta es la parte que menos gusta de los políticos, esa capacidad para disertar sobre lo uno y lo contrario que ha llevado a la gente hasta el hartazgo. Hasta hay escuelas que enseñan esa práctica.

No es cierto que todo se haya quedado en pactos de investidura. Hay firmas fedatarias sobre la política a desarrollar en común por el equipo investido y, en el ambiente, subyace un deseo de gobiernos compartidos, que tira por tierra la posibilidad de una oposición férrea capaz de bloquear la práctica política. 

Los partidos políticos que han apoyado las investiduras de alcaldes y alcaldesas, pasando por propio deseo a la oposición democrática, saben que no pueden estar de frente a la opción votada mayoritariamente, su trabajo consiste en un estado vigilante de la nueva forma de gobernar , ejerciendo de catalizadores para la consecución de los objetivos y fines propuestos y de los caminos participativos para compartir los logros conseguidos en beneficio del común de vecinos.

La gestión del pleno empleo, cuya prioridad urge mientras se aplican políticas sociales de ayuda y protección a los más desfavorecidos por esta injusta política de austericidio. La educación, la sanidad, la sociocultura pública y universal, la vivienda para todos y todas, evitando la crueldad del desahucio. Políticas participativas reales de igualdad, en definitiva, donde el centro de la vida política sea la ciudadanía y la base el diálogo fluido y permanente con la sociedad organizada, en una busqueda constante de soluciones compartidas. Doy por hecho la honradez de la mayoría de los partidos, como grupos políticos, y la separación inmediata, de la vida política, de los trozos corruptos.

La normalidad democrática con que se han elegido los alcaldes y alcaldesas de toda España, con los nervios propios, tristezas y alegrías, de estos actos, nos hace pensar que llegan buenos tiempos de gestión política para la gente de a píe, para el ciudadano de bien y, al menos, significará un alivio en las angustiadas victimas del paro, el desahucio, la desigualdad y el austericidio.

Foto.- “España tiene otro color”. Julián Puerto 2015.

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