El tiempo, que supo guardar las letras de las armónicas noticias, nos devuelve lo escrito para hacer grande al medio que los publicó. “Escribir por estas tierras es como llorar”, decía Jesús Alviz, parafraseando a José de Larra que dejó escrito, en “Horas de invierno”: "Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta". Escribir, se escriba donde se escriba, es llorar. Dirigir, editar y publicar un periódico puede volverse, en poco tiempo, de ilusión a pesadilla. ¡Qué lástima!.

 

Tal vez sea el momento, en plena juventud. Cuando todavía quedan muchas cosas por decir. He visto cerrarse muchos periódicos, no todos llegaron a esta edad joven de dos años. Para un periódico, tal y como está todo, dos años son ya muchos años. La amargura, por lo tanto, no es esa, sino la tristeza de encontrarte sólo, sin esos bastones de apoyo que tanto nos habían sonreído a la hora de los vinos y las tapas. Aquellos que se sentían orgullosos de que Sara fuese su amiga y ahora miran a otro lado como si con ellos no fuera  la cosa. Llegado el  momento queda la familia y los cuatro amigos de siempre.

Dicen que la Huerta de San Vicente dio a la luz muchas pruebas de las amistades que mantenía el poeta granadino Federico García Lorca: poetas, pintores, toreros, músicos, señoritos, intelectuales, analfabetos. Todo para nada. En la casa familiar que le prestó el poeta Rosales esperó inútilmente a los amigos de las grandes ocasiones. Los que reían las poesías de eternas juergas de madrugada, locas las teclas del piano, armonizada la canción del pueblo: “Hay amistades que se escurren de las manos como el agua clara”, escribía el ingenuo poeta sin llegar a comprender su inesperado destino.

Marchó Federico a Granada, confiado en poder celebrar su cumpleaños en familia, en su casa de la Huerta de San Vicente, pero un disparo de miedo sustituyó al confeti y la piñata. Un silencio insípido desplazó al jolgorio y la fiesta. Un segundo para devolver España a la Edad Media o a la prehistoria. Sin juicio previo. Ni siquiera la Santa Inquisición, que estableció como fases la audiencia, el interrogatorio y la exhortación, se atrevió a tanto.

Tal vez esto tengan que pasar para que nos demos cuenta de lo que perdemos, para que volvamos a comprender que esto es tierra de palmeros, para que dolorosamente observemos corazones a la izquierda con bolsillos en la derecha. Mi ideología está donde queda mi bolsillo, me decía un día un amigo de los de bandera en mano, España en la boca y una cuenta, posiblemente codificada, en algún banco, sin darse cuenta que hay otros que, siendo tanto o más españoles que él, no necesitan tanto equipaje, les basta con dolerse de esta nuestra España, de amarla aunque no les guste, en el silencio de sus casas y de sus cosas, entre los amigos de siempre y la tan cacareada familia.

Tantas cosas por publicar, tantas cosas por hacer. Tanta frustración en una prueba, para quedarte sólo, con sensación de ludópata. Tanta ilusión invertida, tanto tiempo mal pagado sin que ni siquiera nos quede “una Berceuse para dormir a Federico cuando se vuelva pequeño”.

¿Dónde están mis amigos?, se preguntó tantas veces, cuando el lento correr del tiempo trasmitía borbotones de ansiedad y cada ruido, antes imperceptible, parecía el toro de Picasso destrozando el Guernica, cuando la falta de noticias no era una buena noticia. ¡Cuánto hubiese dado entonces Federico por un periódico, aunque sólo fuera por escuchar el gemir del papel a cada paso de hoja!: “Hay amistades que se prenden despreocupadamente  en el ojal”, muchas de ellas sacudidas a golpe de mano, porque no llegó a comprenderlas.

El tiempo, que supo guardar las letras de las armónicas noticias, nos devuelve lo escrito para hacer grande al medio que los publicó. “Escribir por estas tierras es como llorar”, decía Jesús Alviz, parafraseando a Mariano José de Larra que dejó escrito, en “Horas de invierno”: "Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta". Escribir, se escriba donde se escriba, es llorar. Editar y conservar un periódico puede volverse, en poco tiempo, de ilusión a pesadilla. ¡Qué lástima!.

Los amigos, ¿dónde están los amigos cuando los necesitas? Escondidos en el Madrid republicano, el Madrid que supo aguantar hasta el final, el Madrid que llegó hasta donde nadie pudo. ¿Por qué dejó el poeta Madrid?. ¿Por qué se fueron todos con sus poesías allí donde no llegaban las bombas?. ¿Por qué no pudo estar junto a Miguel Hernández en las trincheras republicanas?. La respuesta quedó en el viento, porque el olor a muerte invadió las paginas de los libros de rimas comprometidas. Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados., buscando desaforadamente las fronteras. La raya de la vida y la muerte.

Al final el maestro Díoscoro Galindo y los banderilleros Francisco Galardí y Joaquín Arcollas, unos improvisada cuadrilla, quedaron junto a él. Estremeciendo el cuadro, la risa del traidor concejal síndico Juan Luis Trescastro Medina, cuya incultura e ignorancia fue incapaz de avisarle de la atrocidad cometida. La risa loca del advenedizo mercenario que nunca supo de que se ríen las gallinas. Al final, paradójicamente conocido para la historia por la calidad del asesinado. Unos segundones que quisieron ser más papistas que el Papa. Nunca habían leído a Lorca, solo rumores de esto y aquello: “Las verdaderas amistades son como las chupapiedras de los niños andaluces, son lapas que se plantan silenciosamente sobre el corazón”, escribiría días antes el poeta de Granada.

Otra vez la Sierra de Gata sin noticias frescas, independientes. ¡Cuantos periódicos han visto las ciudades de referencia: Ciudad Rodrigo, Coria, Plasencia o Cáceres!. ¡Cuántos pequeños, pero grandes, periódicos viven en comarcas vecinas, en pueblos amigos!.

Un periódico como el Digitalino hace la noticia próxima, amiga. Se siente la noticia cercana, aquella que camina pueblo a pueblo por las redes informáticas con un mínimo de rigor objetivo, eliminado el chascarrillo efímero y el chisme de mal gusto.

Ha llegado a mis manos todo un extenso dossier sobre el Plan Cultural Sierra de Gata que estoy intentando ir desgranando. En concreto he conseguido los apartados: “Paisajística y biodiversidad”, “Arquitectura” y “Elementos intangibles”. No he podido entrar en “Agricultura”, “Gastronomía”, ni en “Huella, sociedad, vestigios”.  Lo que puedo decir, a simple vista, es que es un gran trabajo que, como mínimo, coloca sobre papel todo los elementos productivos de la Sierra de Gata, pero también su historia, su patrimonio, sus tradiciones y su gastronomía. He intentado entrar también, a través de Sierra de Gata Digital, para enterarme de las mesas Dafo y del impacto de las preinscripciones, pero me ha sido imposible.

Siendo  un dossier de tamaño considerable. Siendo imprescindible la participación de la sociedad civil, de abajo a arriba: ¿Cómo va a difundirse?. Se piensa exclusivamente en el “Sierra Viva”, con su tirada bimensual o trimestral o se cree también en la posibilidad de un medio como Sierra de Gata Digital, mucho más rápido en el regate corto, en el intercambio inmediato de ideas, en el caminar por facebook.  

Esto es lo que deben plantearse el Gobierno de Extremadura, la Diputación de Cáceres, la Mancomunidad de Sierra de Gata, los Ayuntamientos de Sierra de Gata, el grupo de acción local Adisgata, la asociación Turisgata. Si queremos, como dice el Presidente de la Red Extremeña de Desarrollo Rural, Aurelio García, que cumplamos  lo que “desde Europa nos exigen que durante el periodo 2014 - 2020 el desarrollo rural financiado con fondos europeos, esté basado en la participación de la sociedad civil, participación de abajo-arriba”.  

Es más, el Jefe de la Sección de Turismo de la Diputación dijo: “el proyecto del Parque Cultural no es solo un proyecto de turismo, es mucho más, es un proyecto de futuro para la Sierra. La sociedad de la Sierra va a decidir un plan de acción cara al futuro”. Pues atentos, no sea que las subvenciones se las queden los de siempre, aquellos que ya demostraron con los anteriores planes que son incapaces de crear un proyecto ilusionante, capaz de generar empleo. Qué sería de nuestra Sierra de Gata, si Europa revisara las inversiones vía Leader, pongo por ejemplo. Todavía recuerdo el maravilloso slogan: “Proyecto Leader: ayudas europeas para que el campo tenga futuro”.

Es cierto, en honor a la verdad, que algunos proyectos trabajados con todo ahínco, con honradez y con firmes creencias, al final no salieron bien, pero es que hubo otros que ni siquiera dieron a los políticos la oportunidad de poner la primera piedra.

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico.
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
…Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…

 

“El crimen”. Antonio Machado.