Fueron muchas la mujeres del periodo republicano que decidieron dedicarse a la educación pública con gran vocación. A ellas, que asumieron voluntariamente un compromiso consciente con la igualdad social y de género, normalmente se las olvida y se desconoce, por completo, la labor que hicieron y las enormes dificultades que tuvieron que enfrentar y que vencieron para dedicarse a la labor docente

No podremos encontrar nunca respuestas al hecho que supuso que el régimen democrático, que levantó tantas esperanzas en el conjunto de la sociedad española, finalizará con el golpe de estado,  y que este provocara una guerra civil entre hermanos, sino tiramos de manual histórico.

La educación democrática de la sociedad española en particular y la cultura general básica, en general, han brillado por su ausencia desde que los Reyes Católicos tuvieron la “brillante y genial” idea de expulsar a judíos y moros de los reinos y condados de España.

Tuvimos que esperar al final del siglo XX y principios del siglo XXI, con el acceso universal de las clases trabajadoras a los estudios medios y universitarios, para conocer una instrucción universal y generalizada. La etapa democrática más larga de la historia de España, no exenta de altibajos en el respeto a los derechos constitucionales, sociales y laborales, ha supuesto no sólo la modernización del país, sino también el derecho a la educación de las clases trabajadores, algo que ahora se pone en duda y se dificulta encareciendo la enseñanza universitaria y privatizando su acceso. Ciertos residuos autoritarios, consecuencia de una larga historia de opresores y oprimidos que diría Pablo Freire, pretenden de nuevo unas clases sociales acomodadas e instruidas frente a otras empobrecidas y analfabetas.

Hasta este momento, todo intento de los españoles por conseguir una soberanía popular, desde el constitucionalismo liberal, chocó con  el autoritarismo de las monarquías absolutistas y la intransigencia de las clases dominantes. Jamás un pueblo fue traicionado en dos ocasiones, de forma tan vil, por un mismo rey.  Nunca un rey, por dos veces, persiguió, encarceló y ejecutó a los que le desearon y le ayudaron contra el ejercito invasor y le encaminaron por la senda constitucional.

La convivencia entre los pueblos y sus gentes han brillado por su ausencia desde que los romanos y los árabes, en el respeto a las culturas vernáculas, convivieran con vetones y lusitanos o con cristianos y judios.

Por mucho que las crónicas castellanas vistan una historia plagada de guerras, de color rosa, no deja de entreverse en ella el dominio de los unos sobres los otros.

Desde el despotismo feudal, pasando por la hegemonía de la aristocracia, la burguesía, los terratenientes y los caciques, hasta llegar al dominio del  capitalismo descarnado, aquí el trabajador nunca ha levantado cabeza. Lo peor de todo es que al que lo ha hecho, se la han cortado. Para que luego aireen aquello, tan denostado,  de “Fidel, Fidel, al que levante la cabeza duró con él”. Así fue siempre y así sigue siendo. Aunque los lobos se disfracen de corderos, para seguir chupando la sangre del obrero, roja quedó en la bandera.

Pero ni con todo eso pudieron evitar que tres códigos sagrados permanecieran constitucionalmente por encima del resto. La constitución de Cádiz de 1812, popularmente conocida por la Pepa; la constitución republicana de 1931, vejada como el Zapatero del siglo XX, y la constitución de 1978, por su larga vigencia.

La alegría popular de aquel 14 de abril de 1931 no hizo jamás pensar que todo tendría un dramático desenlace por la incapacidad de algunos para comprender que en la diversidad ideológica se encuentra la igualdad de todos. El pensar distinto nos hace a todos iguales, porque en la reflexión se encuentra el verdadero camino a seguir según el criterio mayoritario de todos, frente a la decisión absoluta.

Todavía queda mucha gente que no sabe, seguramente porque no se les ha explicado bien, que en la Segunda República Española se alternaron los gobiernos de derechas y de izquierdas y lo porfían todo al predominio de un Frente Popular que apenas tuvo tiempo de constituirse en gobierno de la Nación. Es más se llevan las manos a la cabeza cuando se habla de republicanos de derechas.

Se olvidan que, tras el breve periodo del Gobierno Provisional de transición, presidido por Alcalá Zamora, del que formaron parte republicanos de derechas y de izquierdas, es cierto que le siguió un bienio reformista (1931-1933), formado por republicanos de izquierda y socialistas, pero también un bienio radical de derechas (1933-1936) formado por miembros de la Confederación Española de Derechas Agrarias (CEDA).

Interesadamente la historia republicana la resumen en los cinco meses de gobierno del Frente Popular, que apenas tuvo tiempo de conformar un pacto que agrupara a todas las izquierdas. Mientras tanto, los grupos de derecha, apoyados en la iglesia española, sembraban el miedo a la revolución social, que no ocultaba otra cosa que el temor a perder sus privilegios y su estatus social, consiguiendo con ello un golpe militar que desembocó en una cruenta guerra civil y en una larga dictadura.

En aquellos tiempos republicanos, las Maestras de la República, que luego serían brutalmente reprimidas, se aferraban a la reforma educativa que desplegaba un amplio programa de construcción de escuelas y contratación de maestros en una España prácticamente analfabeta. Una educación mixta apoyada en 6.750 escuelas, impartida por 7.000 maestros, con la religión fuera de las aulas. Las derechas agrarias, dando fe de que gobernaron, paralizarían todas estas reformas educativas abocando a toda una generación de españoles y de españolas a firmar documentos, que no sabían leer, con una cruz o con el dedo entintado. Por este sistema no pocas fincas cambiarían de dueños y no pocas heredades de sus legítimos herederos.

Cuando llegó a mis manos el documental “Las Maestras de la República”, comprendí que fueron una parte importante de una sociedad que lo único que pretendía era sacar a España del subdesarrollo y del grado tan importante de analfabetismo que existía.

¿Qué tiene que ver el empeñar tu vida por una educación pública, moderna, gratuita y laica, por muy inspirada que estuviera en la Institución Libre de Enseñanza, con los avatares de la política?. ¿Qué tiene que ver el pensar diferente para que unas maestras sean vejadas, encarceladas, violadas y ejecutadas?

¿Es que acaso no tendría qué haber sido un orgullo la puesta en marcha de toda una reforma educativa a pesar de la crisis económica provocada por el crack de 1929? ¿Es qué no hubiese sido deseable el apoyo unánime del Parlamento, cuando se llegó a pedir el préstamo de 400.000.000 pts para la construcción de escuelas? ¡Ah!, perdón se me olvidó un detalle, la iglesia española controlaba la educación y los caciques, el mayor problema de España que diría el noventayochista Silverio Lanza, las zonas rurales.

Por todo esto, el 14 de abril no es un día cualquiera. Aprovechemos estas fechas para volver a ver este documental “Las Maestras de la República”. Recordemos lo que supuso este esfuerzo educativo de la Segunda República Española. Montemos cine-fórum que permitan la tertulia amena, el intercambio de opiniones sobre un tiempo en que comenzaron, abortadas poco después, las bases para la igualdad social y de género, el acceso de la mujer a la enseñanza superior, la enseñanza mixta, gratuita y laica, el respeto a que la religión se enseñe fuera de las aulas.

Que comprendamos que todo lo que tenemos ahora no es un regalo llovido como maná del cielo. Que lo que se gana se puede perder. Que sólo con gobiernos sensibles a la igualdad, al acceso de todos y todas a la educación como alma de la democracia, a la escuela pública, laica y gratuita, conseguiremos nuestros derechos. Pensemos en los recortes sociales, en las privatizaciones. Pensemos en lo que nos está pasando. No todos son iguales. Repasemos, sin mediadores, las páginas de la historia reciente de la Segunda República Española.

Nota.- “Las Maestras de la República” es un documental de FETE-UGT enseñanza, producido por Transit Producciones SL. 2013, en recuerdo de las maestras republicanas que dedicaron sus vidas a la construcción de una educación basada en los ideales de igualdad, justicia y solidaridad.

Foto.- “Camelia Roja”. Julián Puerto.

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