No hace mucho tiempo se coreaba en las manifestaciones contra la guerra aquel eslogan que decía: “Objeta, usa el casco de maceta”. Me venía esto a la memoria a raiz del revuelo que se ha armado en Sierra de Gata con las plantas de marihuana. Rememorando aquel curioso lema, se me ocurría que, ahora, se podría utilizar otro similar que dijera: “Marihuana, una maceta en la ventana”.

El trabajo que me costó convencer a mi madre de que ninguno de los tiestos con los que rodea la puerta de la su casa e, incluso, ni una tan solo de la plantas que adornan el jardín de la puerta de entrada, tienen el mas mínimo parecido con las del cannabis. Llegó hasta tal extremo, el efecto psicológico de las noticias, que estuvo a punto de acabar con la tenue vida de un granado enano, tan solo porque sus hojas pareciole desprendían un olor indefinido, a algo extraño. Como que le producía mareos en las largas tardes de bolillos y encajes. Una de esas mañanas, en que la noticia corría de boca en boca, se levantó convencida de que, algún desalmado, podía haberle colado una planta, de la perseguida, entre las suyas y cualquier hierbajo le suponía un parecido con la ilegal. Al momento se colocó los guantes dispuesta a arrancar árboles y arbustos. Tan sólo la interposición de los vecinos, y mi posterior llamada, le impidió tal desatino. Tuve la santa paciencia de describirle la planta, tal y como aparece en la pantalla de mi ordenador. Debí hacerlo con tal desacierto que quedó convencida que se trataba del estramonio, planta de brujas y meigas, que crece espontáneamente por los campos de Sierra de Gata y de cuya peligrosidad hay luctuosos ejemplos. Y es que se las trae, por lo que se ve, la fertilidad de esta tierra serragatina para este tipo de plantas. 

Leía yo el otro día un artículo de opinión firmado por Mac en agosto de 2012, que dice que, cuando la economía fluctúa entre la inestabilidad, el recorte de presupuesto y el empobrecimiento social, es necesario que los gobiernos miren hacia otro lado. Claro está que se refería a los gobiernos de los Estados Unidos de Norteamérica del Norte. Unos gobiernos que han desojado la planta como si fuese margarita: ahora sí, ahora no. Algunos autores han generado la duda al exponer una nueva teoría que podría ser la salvación del nuevo modelo económico del citado país. Mantienen que la legalización de la marihuana no sólo supone una fuerte dosis de miles de millones de dólares a las arcas públicas, sino la creación de un nuevo sector económico que beneficiaría a millones de personas  dedicados al cultivo y a la distribución del cannabis. No sólo se aprovecharía el producto, mantienen estos autores, como droga de uso recreativo sino en otras diversas formas como es el biocombustible, la industria farmacéutica o la transformación en papel. Según Naciones Unidas, esta droga es consumida por el 4% de la población mundial adulta. Esto significa que hablamos de 162 millones de personas, de las que 22,5 millones la consumen diariamente. 

La historia nos recuerda que se encontraron semillas de cannabis carbonizadas en el interior de un brasero ritual, en un antiguo cementerio de Rumanía, cuyo uso se data en el III milenio antes de Cristo. Los fines ceremoniales religiosos son tan eminentes que a los chamanes arios los llamaban kapnobati: “los que caminan sobre el humo”. 

El consumo del cannabis comenzó a ser penalizado a principios del siglo pasado porque, según las malas lenguas, es un sustituto barato del alcohol y produce los mismos efectos estimulantes. Los que defienden la legalización de esta sustancia recuerdan como la prohibición del alcohol, con la conocida como ley seca made in USA, no hizo sino aumentar la venta clandestina, sin ningún control ni garantía sanitaria. Los daños que causa el alcohol, legalizado o no, son muy superiores a los que puede causar el cannabis. Bien es cierto que el abuso en el consumo, de esta última planta, puede producir psicosis y depresión. Hay que recordar también que otra planta, muy extremeña, el tabaco, produce graves enfermedades y contiene adictivos añadidos artificialmente, entre otras muchas perversidades.

Una hierba maligna dicen que es esta marihuana. Que crece en los campos, las márgenes de los ríos y a orillas de los caminos, cuando no oculta entre millos y tomateras. Pero, curiosamente, comenzó a ser perseguida en el momento que fue utilizada para la obtención de papel de cáñamo. Entró, entonces, en competencia directa con el papel de pulpa de madera, monopolizado por las multinacionales asociadas a las cadenas de prensa norteamericana. Prohibición posterior, por lo que se ve, que no tuvo nada que ver con su poder estupefaciente, sino con esa irrupción en el mercado en competencia con la producción del papel derivado de la madera. El papel de cáñamo tiene resistencia y duración, no precisa de la tala de árboles y no amarillea, como ocurre con el de pulpa de madera al aplicarle distintos ácidos contaminantes.  Esto unido a que el cultivo de la planta de cáñamo entraña pocas dificultades, levantó la voz de alarma entre los industriales del papel derivado de la madera. 

A partir de ese momento se estigmatizó su producción y consumo. Se resaltaron sus efectos psicóticos y alucinógenos por encima del valor industrial del papel de cáñamo. La prensa norteamericana, interesada en el desprestigio, relacionó los crímenes del momento con el consumo del cannabis. Documentales, cortos y películas influyeron en la creencia de que, una hierba demoníaca, estaba conduciendo a la población a la demencia, al robo, a la violación y al homicidio. La demonización del cannabis pretendía, por lo tanto, y consiguió la prohibición del uso de toda la planta. Una información manipulada que ocultó la posibilidad de utilización del cáñamo para la producción de papel, medicina y farmacia, cordones y suelas para los zapatos, geles y cremas en cosmética, ropas, cortinas y alfombras en la industria textil, aislantes térmicos y aglomerados en construcción…  Henry Ford llegó a fabricar un modelo de automóvil, en 1941, cuya carrocería de plástico era un derivado del cáñamo.

La manipulación llegó hasta tal punto que se trató el cáñamo y su variedad en la planta de marihuana como elementos idénticos, asociándolos para evitar que la opinión pública llegara a identificar una industria incipiente, diferente al consumo como planta alucinógena. Eso permitió que, la prohibición de su producción como estupefaciente, llevara consigo la eliminación total de la plantaciones para la producción industrial de papel y otros derivados. Quedó expedito el camino de la industria maderera del papel de pulpa. Pero no sólo se eliminó la posibilidad del uso del cáñamo para papel, también se hizo difícil su uso con fines medicinales terapéuticos y otros derivados ya dichos.  

Paradójicamente, en 1942, un documental norteamericano de, aproximadamente, trece minutos de duración titulado “Marihuana por la victoria” o “Cáñamo por la victoria”. (Hemp for victory), que podéis visionar subtitulado en YouTube, hace todo un alarde de exhibición de las ventajas y posiblilidades del cáñamo para plantaciones industriales: “Hace mucho tiempo cuando estos ancestrales templos griegos eran nuevos, la marihuana hace ya mucho tiempo que estaba al servicio de la especie humana…”. Así comienza y termina, el narrador, con un grito de “¡Marihuana por la victoria!”. En el corto se comenta como han fallado las producciones orientales, en manos del enemigo, y de la necesidad de la siembra, fuera de los estados de Kentucky y Wisconsin, que ya la tenían concedida. La disculpa esgrimida, ahora, es la necesidad de producir  cuerdas para los marines, mangueras para los bomberos, paracaídas, velas para barcos, cuerdas de ancla… y todo aquello necesario para la guerra. Esto nos da una nueva idea de la variedad de usos y productos que se obtienen del cáñamo. Todos los granjeros estadounidenses quedaban obligados a ver este video informativo y leer los folletos sobre el tema. Fueron firmando un papel confirmando lo anterior. Los campesinos y sus familias, que accedieron al visionado, fueron eximidos del servicio militar. Recibieron, además, semillas y equipamiento de granja a precios rebajados, y algunas veces gratis. Llegaron incluso a adaptar la maquinaria para la recolección y la transformación del cáñamo.

Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, como lo fuera antes, la misma planta fue considerada como la hierba demoníaca. Luego se dedicaron a negar la existencia del cortometraje, hasta que se encontraron dos copias. 

Sin limpiar y olvidadas, sobre el escritorio, dejó el celebre autor de Romeo y Julieta, William Shakespeare, sus pipas con restos de cannabis. Debía gustarle caminar por el humo pues dicen sus estudiosos que la menciona en los sonetos números 27 y 76.

Cansado de viajar busco en el lecho

reposo para los rendidos miembros,

mas otro viaje iniciase en mi mente

cuando el cuerpo concluye sus trabajos.

Pues desde donde yazgo el pensamiento

se dirige a ti en peregrinaje,

y me abre los párpados caídos

tanteando como ciego las tinieblas.

Mas entonces los ojos de mi alma

delinean tu imagen en las sombras,

la cual, colgando como joya,

embellece la noche y la ilumina.

De día el cuerpo, la mente por la noche,

por tu causa, y por mí, no tienen tregua.

 William Shakespeare. Del soneto 27.