Porto. A cidade em estórias, memorias, imagens e poemas

La verdad es que mereció la pena visitar la librería de Lello e Imâo. No sólo por ser un edificio de estilo neogótico, con esa gran vitrina en el techo, o porque se rodaran en ella escenas de una de las películas de Harry Potter, sino más bien porque atesora una gran cantidad de libros. Es una ciudad Oporto cuyas típicas calles, llenas de encanto, albergan muchas librerías de viejo con los libros desordenados en anárquicas montoneras, que sólo el librero atina a desenvolver, en un minucioso trabajo de documentalista.

En uno de esos montones pude encontrar un libro reciente, muy distinto a las guías que ofrecen los bazares turísticos: “Lugares e palavras do Porto” y un poco más allá “El Principito” en portugués y el “Principito” en mirandés, hecho que me recordó la tradución de este libro, a la nuestra lengua extremeña, por Antonio Garrido Correas.

¿Y éste Principito en mirandés?  -pregunté-. Es una lengua hablada en el extremo nordeste de Portugal, en la frontera con España –me contestó amablemente el librero.

Dos de las cosas que me fascinan de este vecino país son su facilidad para entender nuestro castellano y su amabilidad. Los portugueses y las portuguesas disponen hacia el visitante español una educada cordialidad, todo su encanto y un esfuerzo por dejarse entender que no siempre es correspondido por su interlocutor. Para nosotros el portugués escrito es fácilmente legible, pero el hablado poco más que nada.

El mirandés tiene una historia paralela a la nuestra lengua extremeña. Con una raiz común en el dominio lingüístico astur-leonés, se conserva en el concejo de Miranda do Douru y por aldeas de los concejos de Bomioso y Breganza, con algunas excepciones.

Tuvo su origen en el siglo VI, mucho antes que los asturleoneses se imaginaran siquiera que podrían extender el reino de León hasta la muralla montañosa de Sierra de Gata y anterior, incluso, a que el condado de Oporto se separase de Galicia y consiguiera su independencia. Fecha esta última más cercana a la repoblación asturleonesa de las nuestras localidades serragatinas y al nacimiento de algunas de ellas.

Para cuando nuestros antepasados serragatinos empiezan a comunicarse en la lengua asturleonesa, unificando las lenguas vernáculas con las de los diferentes puntos de origen de sus primeros pobladores, llegados del norte, la zona de Miranda do Douro ya tenía asentada esta lengua romance que ahora se conoce como mirandés. Es más, es seguro que nació junto a las diferentes variedades de romances (gallego, asturiano, leonés, castellano, portugués, aragonés, catalán…), conservando con ellas elementos comunes y diferenciadores.

La cercanía de las Tierras de Miranda a la raya española, por la zona de Zamora, y la presión portuguesa por unificar el territorio hizo que se fuese perdiendo, poco a poco, esta habla y, solamente, el aislamiento de la zona y el empecinamiento de sus pobladores han permitido que se conserve en algunos puntos, aún a costa de incorporar localismos y expresiones que diferencian a unas localidades con respecto a otras.

Algo similar a lo que ha ocurrido con la lengua extremeña sometida a la influencia castellana, sobre todo a partir de 1230. La no existencia de viejos textos escritos, y su apoyatura únicamente en la trasmisión oral y en el aislamiento, han permitido que surjan distintas variedades, con denominaciones y jergas localistas, que mantienen zonas de dominio lingüístico asturleonés junto a otras que conservan una mayor influencia del castellano medieval.

La pérdida paulatina de “estremeñopalrantes” ha generado la paradoja de que ahora casi se escribe más que se habla en esta nuestra lengua, permitiendo pasar de lo que fue una trasmisión oral a una comunicación escrita, más segura por otra parte. Este hecho a generado también la confección de diccionarios y gramáticas y la creación de un Órgano para el Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura, responsable de la unificación lingüística.

El pasado sábado día 23 de agosto, pudimos vivir la edición VII del Día del Habla Serraillana. Se trata de la vecina villa extremeña de Serradilla, enclavada en la comarca de Monfragüe, partido judicial de Plasencia. Esta ubicación la sitúa en la Alta Extremadura.

Sin lugar a dudas perteneció al viejo reino de León de donde proviene, como ocurre en Sierra de Gata, su habla característica, variante del leonés oriental, que forma parte de la lengua extremeña y a la que dedican una jornada completa en pro de su conservación y difusión. De ahí surgió la idea del guión de José Ignacio Cobos para la película “Territoriu de Bandolerus” (2013). (1), dirigida por Néstor del Barco. Fue rodada en la zona del Parque de Monfragüe, utilizando en sus diálogos, prácticamente en toda la película, la lengua extremeña en su variante serraillana.

Es la Asociación Cultural El Duendi de Serrailla (en cata delu nuestru), la entidad autoresponsabilizada en promocionar esta jornada de defensa de su singularidad lingüística, como troncal del asturleonés. Sobrevive como lengua hablada en esta zona de Cáceres desde que fuera reconquistada y repoblada por las gentes del reino de León, tras la expulsión de los árabes allá por el siglo XII. Recordemos que esta singularidad se conserva también en el habla chinata de Malpartida de Plasencia.

No sorprende, por tanto, que un grupo de leoneses se haya desplazado hasta la localidad de Serradilla, en representación de la Asociación Cultural La Sotorriba, Concejo Abierto, con la intención de hermanar su pueblo leonés con la villa cacereña, unidos ambos por una lengua y una historia singular y por recuperar y mantener tradiciones ancestrales.

“Cru del siglu. El 19 de mayu los vedinus de La Serrailla enarbolarun la cru en lo cimeru d´esti pingorutu pa santificá i jadel memoria del nuevu siglu XX. Idin que aquel día toitus maigurarun i, con las primeras ludis, agilarun en prosseción tras la juelliga de las tres yuntas de bueyis que´encaramarun las pieras de la cru jata esti perdutal, i aquí velequí se jincarun de roillas, se santiguarun i redarun unus relatinis al Pairi Santu en bendita comunión con la naturaleda”. Este testimonio dejaron escrito los serraillanus, el año pasado por estas fechas, para perdurar la memoria de la su lengua.

Son lus serraillanus i las serraillanas lus que jateáus con chambras, chalecus, brusas i sayas salín pala calli palrandu la su lengua propia i desfrutandu delus cantaris i lus bailis, velellí. Una golma d´animal a trebajal paque el habra estremeña jaga un güecu ena ayúa legal i ocupi el sitiu que le preteneci enus escribius, lus meyus comunicación i enas escuelas. Que lus dagalis jechín puesías n´estremeñu paí, es argu que mos poni lus pelus de punta i jazi que un jolmiguéu mos acorra toitu el cuelpu.

Viene esto a cuento de que, velequí, siendo Sierra de Gata la cuna del extremeño asturleonés no estamos haciendo nada por recuperar nuestra lengua, que se pierde a pasos agigantados por la influencia del castellano, y ni siquiera estoy seguro de que el proyecto del futuro Parque Cultural Sierra de Gata la haya incluido como plan de urgencia para la potenciación, coordinación y seguimiento de su recuperación en esta Comarca.

Qué enjustu es to estu, paquí. Lu que las comuniás estóricas an apañáu cun ergullu: la su lengua, la su boina, la su cayá, el cortal leña cuna segureja,…, putó estu a musotrus mos da belgüenza i es cumu bichornusu. Sedra puressu que semus lu que semus, pan i condíu… Non, nu creu.

1.- Ver, de este mismo autor, “Territoriu de Bandolerus. Estremaúra de cini” y “El Cabrerín. Una estoria de penícula”. Sierra de Gata Digital de 2 de diciembre de 2013.

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