El pueblo griego, en nombre de todos los pueblos que componen la Unión Europea, está en disposición de gritarle a la política económica del mercadeo: ¡Basta ya!. Lo contrario será seguir escondiendo la cabeza bajo tierra, dejando el trasero fuera

Troica (Troika)
Troica (Troika)

El otro día me decía un amigo que ya no sabe si todo lo que pasa en este país, desde que esta de presidente Mariano Rajoy, es culpa o de Zapatero o del cha, cha, cha… Para mi supuso un alivio pues hasta ahora, el amigo en cuestión, mantenía en público y privado que todo era culpa de Zapatero. Llegaba su  obsesión a tal punto que hasta llegó a acusar al expresidente de la pérdida, para la economía de la Sierra, de la embotelladora de Brabante. 

Cuando le pregunté por ese cambio de actitud, me contestó muy serio argumentando que estaba reformulando su visión de la política y, ¡sorpresa!, se había dado cuenta que el responsable de todo no era Zapatero sino Tsipras. Intenté convencerlo de que el lider griego pasaría de mortal a un dios mitológico capaz de enfrentarse a la temida y austericida troica, consiguiendo mejoras que antes no existían, pero ya se me había adelantado la prensa conservadora con titulares contundentes como: “Alexis Tsipras anula el programa electoral de Syriza”. 

De nada me sirvió que yo pidiese paciencia hasta ver el acuerdo, y diese una opinión positiva en tanto parecía que los griegos habían cedido poco o, al menos, habían ganado algo sobre las posiciones iniciales. Yo expuse éste argumentario cuando escuché a Rajoy decir que Tsipras daba marcha atrás en sus propuestas programáticas. Si utiliza electoralmente a Zapatero porque no ahora a Tsipras, dos pájaros de un tiro: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Lo malo es que cuando miente se le quiebra un labio hacia arriba y hace  un gesto cejudo, lo peor es que ya nadie cree en él.

Bueno sí, las encuestas sobre la calidad democrática que, en el último “Informe sobre la democracia en España 2015”, dirigido por el periodista y economista Joaquín Estefanía, alerta sobre el dato de que tan sólo un 5,2 de españoles y españolas, sobre 10, aprueba el actual sistema democrático. En tiempo record, desde 2012, hemos pasado de ser los más satisfechos de toda Europa, por nuestra calidad democrática, al aprobado raspado. ¿Culpa de Zapatero o de Tsipras?. ¡Bueno!, no sé de qué me sorprendo si ocurre lo mismo con nuestra idea de Europa. Si quieres privatizar un servicio público coloca directivos mediocres. Primero tensa el sistema hasta niveles ínfimos de calidad, hasta que enferme de gravedad, que luego, por sí solo, llegará el descontento ciudadano y la privatización.

Todo esto pasa cuando estamos saliendo de la recesión. ¿Cómo que no?, lo dicen todos los expertos economistas del partido en el gobierno. Por lo demás, hay una desconfianza mayoritaria  de toda la sociedad española, no sólo de los grupos marginados por la crisis, de que se está respondiendo con medidas inadecuadas a la salida de esta embarazosa situación, culpa de Zapatero. La gente no se da cuenta de que hay más ricos, más diferencia entre estos y el resto de mortales. Ahí, ahí, está el acierto ¡coño!, que no os enteráis, que hay más ricos. Lástima que a la hora de pasar la encuesta económica sean pocos para votar, aunque cada vez sean más los adinerados. 

Por eso Tsipras decía que con un impuesto especial a estas fortunas y a los bancos, saldría Grecia de su estado marginal económico, sin tener que castigar a los de siempre, las clases más desfavorecidas. Simplemente se trata de algo tan sencillo como que las maletas circulen por encima de la mesa, con desgravación fiscal, y se evite la tentación de algunos de pasarlas por debajo.

Hasta aquí llegaron las carcajadas, a mandíbula batiente, de la Merkel. ¡Menuda es!, no es que no se pueda, es que no te dejan. Es cómo cuando se le ocurrió decir a Jesucristo aquello de que hay que dar de comer al hambriento, lo crucificaron. Primero, cuando vieron que multiplicaba los panes y los peces, lo miraron con satisfacción, frotándose las manos, pero luego se volvió un tanto correoso al repartir el pan y el vino entre todos, con lo fácil que era que se lo quedaran unos cuantos.  Es algo así como el Papa con el cambio climático, se está volviendo cansino. En vez de escribir una encíclica infalible sobre las ganancias millonarias que dejan a sus dueños las famosas empresas contaminantes, escribe sobre el perjuicio que originan al ecosistema. Es decir, escribe sobre algo que ha desmentido hasta el primo de Rajoy, ¿pero qué mundo es este, en qué mundo estamos? 

Santo Padre, afirmo yo, con lo fácil que es escribir  sobre lo contaminante de la caca de vaca, con lo cual le echamos la culpa a ganaderos y mayorales, tenemos que meter el dedo en la llaga y mentar a empresas que dan tantos puestos de trabajo con salarios de mierda? ¡Vamos, vamos!, dónde vamos a llegar, Papa? Pero bueno, esto es cosa de otro artículo.

La crisis económica fue originaria de los Estados Unidos de América. Ya no os acordabais eh?. Ocurrió en el año 2008 que una crisis hipotecaria, que puso en peligro a todo el sistema financiero norteamericano, se extendió rápidamente por todos los países denominados desarrollados y, ya en España, se complicó con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. La recuperación del gigante norteamericano, junto a países como Japón, Brasil y China, está permitiendo una ligera recuperación europea que, lógicamente beneficia a España. 

Pues bien, con la disculpa de la maldita crisis económica, los países ricos de la Unión Europea han apretado el cinturón de los países más desfavorecidos con una política de austericidio y los países desfavorecidos de la Europa del mercadeo han trasladado esta forma de hacer política a sus ciudadanos. 

¡Quieto todo el mundo!, gritó uno a la bancada, y nadie se movió. Los expertos austericidas exhibieron con orgullo su mediocre tratado de medidas paliativas, que se resumieron en tres:  Una, hay que subordinar el poder político al poder económico; Dos, ¡aprovechad, gobiernos de España, para quitar al pueblo los derechos sociales y laborales adquiridos por el empuje de la lucha obrera! y, tres, por qué no, sin complejos, recortes de libertades. 

Eso sí, todo acompañado de una buena ley de seguridad ciudadana, no vaya a ser que a algún santo inocente se le ocurra lo del de la milana o empiecen a surgir, por doquier, partidos de indignados. No entró en sus cálculos que algún que otro partido y partidarios, de los clásicos existentes, también se indignaran. 

-  “Es la consigna, cuando el pueblo español levanta la cabeza yo apago el farol y cuando ya está económicamente desnudo lo vuelvo a encender, la consigna es la consigna”. Le dijo el farolero a Le Petiti Prince.

- “Será que faltan mecanismos de control democrático” –preguntó Le Petit Prince. 

- “La consigna es apagar el farol y, cuando crezca la desigualdad, encenderlo” –contestó el farolero. 

- Pero si lo mantienes mucho tiempo encendido se recupera la credibilidad y esta será suficiente para la transformación social –aseguró Le Petit Prince.

- No ha mucho lo tuve ocho años encendido y luego cuarenta apagado, fue la consigna –le dijo el farolero.

- Habrá mecanismos de neutralidad y de coordinación –insistió Le Petit Prince.

- Ya no descanso, todo va muy deprisa –se quejó el farolero.

- Hay cambios de consignas? –inquirió Le Petit Prince.

- Si, ahora quieren que apague el farol de la autodeterminación y el federalismo, es la consigna. Adiós.

- Este será despreciado por los otros, por el rey, por el presidente, por el político, por el cura, por el hombre de negocios. –reflexionó Le Petit Prince-, y sin embargo es el único que no me parece ridículo, quizás porque se ocupa de otras cosas y no de sí mismo. Lanzó un suspiro de pena y se marchó cantando: “tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover a cántaros…”.

Ahora Tsipras, cuando todos esperábamos que pidiera dinero a la Rusia de Putin con el objetivo de devolver el préstamo a los miserables usureros de la Troica, nos sorprende con una propuesta lógica, sencilla y genial: convocará un referéndum para que el pueblo griego exprese su opinión. Digo que es una consulta lógica por cuanto entra dentro de los planteamientos de las políticas asamblearias y consultivas de Syriza; sencilla porque es una posibilidad al alcance de la mano y genial porque pone en el tejado de la austericida Troica la pelota.  Consultar al parlamento griego suponía evaluar las políticas del gobierno, con respecto a la Troica, desde un poder delegado por el pueblo. Consultar directamente a la soberanía del pueblo, sin intermediarios, supone evaluar las políticas usureras de tipos de interés insalvables y de recortes sociales y laborales impuestas por la Troica. ¿Contagio?, ya veremos. De momento los troicos han pasado de claritos de piel a moreno quemado, … por el calor supongo.

Es tiempo de que el pueblo europeo hable, de que se evalúe ese ansía insaciable de acabar con las clases populares y las clases medias en beneficio de las clases pudientes (40% más de personas ricas entre la clase adinerada de España, en sólo estos cuatro años, mientras hay gente que lo está pasando muy mal. ¡Qué barbaridad!). 

El pueblo griego, en nombre de todos los pueblos que componen la Unión Europea, está en disposición de gritarle a la política económica del mercadeo con un: ¡Basta ya!, queremos europeísmo, soberanía y dignidad. Lo contrario será seguir escondiendo la cabeza bajo tierra, dejando el trasero fuera, y mantenernos entretenidos poniendo al descubierto nuestras debilidades frente a los radicales cruentos, que se cuelan por doquier, y a los evasores, que se escapan por allá.   

Antes, los ricos acomodados (señores, nobles y órdenes militares) nos asaban a impuestos, pero nos defendían frente al brutal enemigo, ya ni eso.

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