El Santo Padre y Violeta Parra (I)

No supo la chilena Violeta Parra, cuando grabó por primera vez, en  1963, el disco “Un río de sangre”, que uno de los temas, con el que preguntó al Papa, iba a tener respuesta 52 años después. Una segunda grabación se incluiría en el long play “Recordando a Chile” (1965). Era un homenaje a Julián Grimau, político español fusilado por el régimen del general Franco un 20 de abril de 1963 Después de ella vendrían Quilapayún, Daniel Viglieti, Ángel Parra…

Violeta Parra
Violeta Parra

Todavía, a don Silvestre Paraqué, le daban vueltas en su cabeza los duendecillos verdes extrañados por la actitud del escritor al someterse a tan extraordinario acto. No es que pensara que se trataba de una acción vergonzosa sino todo lo contrario, tan necesaria y justa como reivindicativa y, es más, hasta se le ocurría informativa ante la ausencia de prensa papel por ese perdido lugar. Pero él ya no tenía edad para estas cosas, la gente joven puede, pero él se sentía más cómodo en la mesa camilla, pluma en mano sobre las blancas hojas de papel, brasero de picón a sus pies, y, entre renglón y renglón, una firmita con la badila o un rascar con la alambrera.      

Ya no eran momentos de lamentos. Allí estaba aterido de frío, sentado en un pollo de piedra de la cuadrilonga plaza, envuelto en un abrigo largo, una bufanda de cuadros al cuello y un sombrero de alas, que protegía su canoso y tenue pelo. Quedó completo el vestuario con guantes, gafas empañadas, brazos cruzados recogidos sobre el pecho y, sobre, su blanco bigote, unas gotitas de agua.

Frente a él, el incansable Aniceto Gómez Sevuelva, ajeno al frío gélido del invierno, montando un pequeño equipo de sonido, compuesto de un amplificador, dos altavoces y tres micrófonos, que fabricó en noches de insomnio, pieza a pieza, guiado por un manual de la Escuela Radio Maymó.

¡Hola, hola!, probando –se escuchó decir a Aniceto Gómez con voz firme por los micrófonos-. Probando uno, probando dos, probando tres…

Si funciona y todo… –exclamó don Silvestre, sin mostrar excesivo entusiasmo-. ¡Menos mal!, sólo faltó, para rematar esta gélida mañana de febrero, que el armatoste hubiese fallado.

Ya está –dijo en voz alta, frotándose las manos, Aniceto Gómez-. Todo preparado don Silvestre. Ya sólo falta que salga la gente de misa, como en los viejos concejos. Me siento a su lado.

-- Si ven –se alegró don Silvestre-, ponte del lado izquierdo, me tapas el frío.

-- Siempre a su izquierda, don Silvestre –apostilló Aniceto Gómez.

-- Bueno, siempre, siempre… -aclaró don Silvestre.

Una hora y media después, como era costumbre en el pueblo, terminó la misa. El Ajilao fue el encargado de dar el aviso a los conferenciantes, previa propina de dos pesetas que, como siempre, introdujo por la ranura de la tapa de la única alcantarilla que tenía el pueblo y que lucía un hermoso membrete: Ayuntamiento de Puñoenrostro, rematado con un lustroso escudo heráldico.

Don Silvestre Paraqué sacó del bolsillo interior del abrigo unos papeles preparados al efecto y se colocó frente al primer micrófono. Aniceto Gómez se colgó la guitarra española de su hombro izquierdo y se sentó sobre una silla alta de enea.

-- Don Silvestre.- ¡Buenos días, buenos días!, queridos paisanos y paisanas, permitidme que en este día de fiesta os robe unos momentos para el ocio y la cultura.

-- Como la gente, no sin denotar sorpresa, se arremolinara junto a ellos, don Silvestre continuó.

-- Don Silvestre.- Hoy hemos tenido la idea de inaugurar un foro para hablaros de la actualidad que nos rodea.

-- Vecino.- Pues podíamos haber forado en el bar, aquí hace un frío que pela.

-- Vecina.- ¿Fo… qué?

-- Vecino.- Forado.

-- Vecina.- ¡Ah!

-- Tabernero.- Ya verás cómo me joden los vinos del domingo y me como todas las tapas!.

-- Don Silvestre.-  Cuando desde la política neoliberal se dio libertad plena a los mercados, promoviendo la mínima interferencia del Estado, se estaba asentando el predominio del dinero frente a los principios y las ideologías. La oferta era tentadora. Por una parte los defensores de la plena economía de mercado ofrecían riqueza para todo el que pudiese y, por otra, en alianza con la iglesia más conservadora, se posibilitaba la vida eterna para los ricos generosos. Las elites dominantes se agarraron a estas oportunidades como a un clavo ardiendo y la burguesía, las clases medias y el proletariado aspiraron a ella como posibilidad. ¿Quién podía rechazar tan apetitosa dualidad: dinero y vida eterna?. (Aplausos).

-- Vecina.- ¿De qué habla?

-- Vecino.- Creo que de la Segunda República.

-- Vecina.- ¡Ah!

-- Don Silvestre.- Pero el mercado siempre pone condiciones. Y la peor de ellas  no es que si le pides dinero, lo tengas que devolver con intereses. Eso ya lo sabes. No, lo peor de todo es la letra pequeña que dicen los expertos. Bajos salarios por aquí, dinero negro por allá, comisiones, escaqueo de impuestos, evasión de capitales, explotación dura y pura….

-- Vecina.- ¿Dónde quiere llegar?, ¡me estoy asustando!

-- Vecino.- Creo que nos van a pedir dinero.

-- Vecina.- Bueno…, llegan tarde. Unas perrinas gordas que tenía las eché en el cepillo, hasta puse dos de ellas, de las chicas, para no quedarme con nada, no sea que luego Dios dijera…

-- Vecino.- ¿Compras el cielo con unas perras gordas?.

-- Vecina.- Hombre! Un domingo tras otro son muchas pesetas. Pero, para estos titiriteros no me queda nada.

-- Vecino.- No importa mujer, luego cuando los veas les das algo, el pueblo es pequeño.

-- Vecina.- No sabes lo que me tranquiliza oír eso.

-- Don Silvestre.- La vida eterna se consigue, así lo creíamos hasta ahora, dando dádivas a las iglesias. Es el paso definitivo para el perdón de los pecados, la absolución de los confesionarios. Pero claro, para que haya capitalistas victoriosos tiene que haber ciudadanos y ciudadanas victimas.

-- Vecina.- ¡Dios mío, esto es la acaboses!

-- Vecino.- Pero tú explotas a alguien.

-- Vecina.- La única que está explotada en casa soy yo y no me sirve de nada.

-- Vecino.- Pues únete a Femen.

-- Vecina.- Ya…, las ganas.

-- Don Silvestre.- Eso es lo que preguntaba incansablemente Violeta Parra. Pregunta que podemos, perfectamente, extender a la situación general de recortes provocados por el austericidio económico europeo. Esto es lo que queríamos contaros entre Aniceto Gómez y yo mismo. (Aplausos). Voz y cuerda en recuerdo de Violeta Parra (más aplausos), las palabras del Santo Padre (murmullos), ¡Adelante Aniceto!.

IMAGEN. Foto 1.- Violeta Parra. Revista Argentina "Panorama". Source.- http://www.magicasruinas.com.ar/revdesto016.htm. Wikipedia (dominio público).

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