Los votos que los socialistas emitieron mayoritariamente, el domingo pasado, para elegir secretario general, máxima autoridad de su partido, ha sido un ejemplo de democracia directa interna. Sustituye ésta, en parte, a los métodos tradicionales de democracia representativa basada en la elección de delegados que a su vez, reunidos en congreso, eligen al responsable de esta secretaría general.

Ahora sólo les queda, a estos delegados, refrendar lo que los militantes ya han decidido: la figura política que desean les dirija durante este difícil periodo mediato. Y lo han decidido entre todos y todas, respondiendo de forma mayoritaria al llamamiento efectuado por sus líderes. En algunas agrupaciones de las grandes ciudades se ha superado el 70% de votos emitidos sobre el total del censo.

No debe quedar la menor duda de que todos los militantes socialistas, que han participado de este proceso democrático, son mayores de edad, son plenamente responsables de la decisión tomada, y quieren seguir viviendo la historia de España. Si han seguido o no los dictámenes del aparato del Partido es sólo problema de ellos y de ellos es la responsabilidad en la elección, sea esta la correcta o no. Enhorabuena pues a toda la familia socialista.

Cuando un partido político es capaz de superar la inmovilidad de su aparato directivo e introduce nuevas medidas para potenciar su democracia interna, está caminando por el sendero que conduce al fortalecimiento de la democracia. Un sistema totalmente necesario en un país que siempre estuvo escaso de él, sometido a largas noches de oscuridad y sombras.

Faltan todavía nuevos pasos en este sentido. Pasos demandados por la militancia socialista, como son las primarias abiertas, las listas abiertas y la limitación de mandatos. Tal y como va la cosa todo parece posible.

La amplia victoria, por lo tanto, del candidato Pedro Sánchez no ha dejado lugar a dudas, ni por la cantidad del voto emitido ni por la cantidad y calidad del voto recibido. Su figura ha emergido con la fuerza templada de la lluvia moderada que cala la tierra, hasta hacer florecer los cultivos de primavera e impedir que se seque la atrevida naturaleza que viste el verano.

A él le corresponde ahora tender la mano abierta a Eduardo Madina y José Antonio Pérez. Hacer de estos dignos contendientes y aguerridos adversarios, compañeros de viaje significa recomponer el dolorido partido de todos los socialistas y afrontar con garantías de éxito el futuro de España. Él debe ahora saber ejercer su autoridad delegada, con mano izquierda, para integrar el trabajo conjunto de todas y todos los militantes socialistas en un proyecto progresista común. Porque quien tiene el poder tiene la capacidad y la posibilidad de repartir e incorporar gente para que, codo a codo, sean muchos más que dos.

Lo contrario es exponer innecesariamente, a las garras insaciables de los depredadores, los decrépitos cuerpos de los compañeros heridos en combate. Ni en las peores guerras que vivimos, los soldados más sanguinarios abandonan a los caídos en manos de los enemigos. ¿Quién va a querer que les gobiernen tan crueles elementos?. Nadie. Él debe saber cómo alejar de su lado, perversos consejeros que le alienten en el exterminio del adversario como bandera, o que le susurren al oído aquello de conmigo o contra mí.

No es difícil, con los tiempos que corren, llenar de ilusiones los corazones de la sociedad, devolver los derechos ciudadanos que corresponden a esta desolada media España, trabajar en la recuperación del mermado estado del bienestar. La otra media debe entender, de una vez por todas, que no es justo que se coma su bocadillo y encima nos pidan medio del nuestro, como decía un buen amigo mio. Por desgracia hay tajo, mucho trabajo por delante para devolver a este país al sitio que le corresponde y a sus ciudadanos a la vida digna que se merecen.

Para que los ciudadanos y ciudadanas de este país recuperen su confianza en los políticos, en los partidos políticos y en la política en general, hace falta mucho más que unas elecciones a secretario general de los socialistas. Porque cuando empresarios, banqueros, financieros, jueces, sindicalistas…, están en tela de juicio también lo están los políticos, y cuando se pierde la fe en los elementos que sujetan la democracia, también ésta está en peligro. Cuando se roba, se evaden capitales, se eluden impuestos, se corrompe, se defrauda, se dictan sentencias injustas…, se debilitan los sistemas y nada tiene sentido para nadie y mucho menos para el que trabaja toda su vida para ser pobre o ahorrar lo justo para un coche de cilindrada aparente, una vivienda unifamiliar y  un apartamento en la playa.

¡Qué aiga trabajo y prosperiá!. Con qué poco nos conformamos y cómo fajamos por lo individual en detrimento de lo colectivo.

El campo de batalla está perfectamente definido, delimitado por las preocupaciones individuales y colectivas de los ciudadanos y ciudadanas de este país que, con un comportamiento digno de envidia, gritan al viento, cuanto pueden, que quieren trabajo, que hay que atacar de frente el paro, el desempleo. No piden que se les regale nada, quieren un trabajo digno con el que defenderse de la vida, criar a sus hijos e hijas y salir a tomar una cerveza o ir al cine los domingos. Sólo, si esto no es posible, pedirán a los estados ayudas económicas para ir tirando.

Que nadie se quede en la miseria. No queremos gente pidiendo en la calle, viviendo en la calle, llorando en las calles. No queremos pensiones de mierda, ni viejos sin dientes royendo almendras de los cubos de basura de cualquier centro comercial de periferia.

Queremos que se solucione, de una vez por todas, esta crisis económica que ni es de los trabajadores ni la hemos generado nosotros, sino los gobiernos y los economistas que no supieron ver a tiempo que el capital, los negocios y el mercado se están iendo, gota a gota, hacía otras partes del mundo que, con ofertas inteligentes, venden sus productos a potencias emergentes.

La injusticia de los desahucios. Una simple Ley de estas que se hacen ahora en quince días. Hay que dar todas las posibilidades del mundo para salvar la vivienda y, en última instancia, si no hay más remedio, dejar la casa en dación de la hipoteca y adiós. Si expertos financieros te han concedido un préstamo es porque estaban seguros de la inversión. ¿No es suficiente con perder lo pagado hasta ese desgraciado momento y, además, entregar la vivienda?. Solo los buitres son capaces de posar sus endebles patas en los indefensos cadáveres tendidos al sol, luego dirán que están limpiando el país.

La educación de nuestros hijos y el derecho a la sanidad de todos, libre, gratuita y universal. La lucha contra la violencia de la mujer y contra todo tipo de violencia, el derecho de las mujeres a decidir.

Hay que felicitarse de la primera iniciativa de Pedro Sánchez de reunirse con los alcaldes, ellos son la primera piedra de choque de las políticas. Sabe el secretario general de los socialistas, que mucho empleo y muchos problemas de primera necesidad pueden resolverse desde el empeño de los alcaldes por sacar adelante a sus vecinos y vecinas. Industria en la ciudad y en los pueblos, pero también atención a la abandonada ganadería y agricultura.

Buen gesto, también, el voto en contra de la elección de Jean Claude Juncker, como protesta por las nefastas políticas económicas de la Unión Europea, por el daño que nos han causado y nos están causando. Una llamada de atención, para que entiendan que otras políticas más sociales son posibles. Políticas que están dando resultados positivos en otras partes del mundo y que, por encima de todo, no han abandonado ni a los más desfavorecidos ni a las clases medias, como desgraciadamente se está haciendo por estos lares.

Tienen razón los que dicen que hay que saber decir no. El que quiera echarse en manos del capitalismo que lo haga. Nunca van a poder prohibirnos el derecho a decir ¡BASTA YA!.

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