Hoy me he levantado con la noticia de que la estrategia electoral que se avecina en Extremadura consiste en pegar una patada al partido de la oposición en el culo de los sindicatos. Sembremos vientos y recogeremos tempestades. Mucho más cuando anda caliente el tema de los cursos en Andalucía que, por cierto, han dado poco rédito político, por lo que a mí me consta, más bien parece que han actuado de bumerang

Aitor Cáceres Trueba
Aitor Cáceres Trueba

Hoy me he levantado con la noticia de que la estrategia electoral que se avecina en Extremadura consiste en pegar una patada al partido de la oposición en el culo de los sindicatos.

Tuve que esperar al siguiente noticiario para comprobar que no había escuchado mal. Y es que no me puedo creer que, después de cuatro años de gobierno, los especialistas en precampañas electorales basen toda su suerte a la carta del desprestigio.

Parece no importarles nada el daño que pueden hacer a este largo periodo democrático de una Región que, independientemente de los problemas socioeconómicos, se ha destacado por su limpieza en los gestos y el respeto al adversario.

La historia nos enseña que la quema, sin razón, de las entidades sindicales nunca trajo nada bueno. El caso está en manos de la justicia y es ella quien debe dictaminar. Si ha habido mierda que tire cuantas veces haga falta de la cadena, sino en la exculpación exigiremos las necesarias disculpas. ¡En fin!, ya veremos en qué acaba todo esto.

No me deja de dar vueltas en la cabeza que las encuestas, que desconozco en estos momentos, deben pintar bastos. En política es recomendable que los dos últimos meses preelectorales, si se ha hecho un buen trabajo y las encuestas son favorables, mejor no menear nada, dejar que todo discurra apaciblemente hasta que las urnas hayan hablado.

Sólo cuándo algo va mal, ante la cercanía de la convocatoria electoral, se rompe la tranquilidad de las aguas que mecen el barco o se agita bruscamente la coctelera de la sin razón. O los sondeos son adversos o no se entrevén posibles pactos postelectorales.

Es seguro que la irrupción de Podemos y Ciudadanos, al igual que en el resto de España, haya desquiciado el mapa electoral e impida la continuidad del pacto actual. Es posible que, como en el resto del territorio español, algunos partidos políticos paguen los platos rotos con su desaparición o con un resto simbólico de votos.

Mira que cuatro años son largos para dar y tomar, para hacer y deshacer cosas, como para tener que ganar portadas con la sensiblería de los cursos de formación. No me extraña que los líderes sindicales estén como para tocarles el hombro por la espalda.

Que se lo pregunten a Francisco Capilla, secretario general de UGT-Extremadura, que habla de la mayor trama de la historia de la región para desprestigiar a las organizaciones sindicales y añade que es la mayor trama electoralista que nunca se ha visto en Extremadura. Se pisotea, en estos momentos, a cualquier institución para arañar votos, remató.

Lo mismo opina Julián Carretero, por parte de CCOO, en tanto se está demostrando que las acusaciones son infundadas y obedecen únicamente a un intento de buscar réditos de cara a las elecciones autonómicas, sabiendo que la formación es un tema polémico y sensible.

Supersensible, que se dice ahora. Mucho más cuando anda caliente el tema de los cursos en Andalucía que, por cierto, han dado poco rédito político por lo que a mí me consta, más bien parece que han actuado de bumerang.

La gente está hasta las narices de que los políticos les toquen los pingajillos o hasta los pingajillos de que estos les toquen las narices con políticas traperas, en lugar de dedicarse a trabajar y sacar adelante los problemas que tenemos, que son muchos, en los pueblos, las comunidades y el país. Luego se quejan de que haya desafección política. Mientras estemos enredados en líos caseros otros más listos vendrán y se lo llevarán.

Sembremos vientos y recogeremos tempestades. Espero no tener que echar mano nunca de la consabida frase: de aquellos barros vienen estos lodos.

Mientras tanto, algunos partidos políticos, mirando a Jálama, desangrándose la mi España.

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