El Partido Socialista Obrero Español mantiene en la Sierra de Gata una hegemonía insultante, donde los nuevos partidos políticos no consiguen abrir una brecha que les asegure un futuro cierto. Bien estaría que los políticos regionales tomaran buena nota de esta fidelidad electoral y emprendieran una actuación masiva sobre esta zona deprimida y olvidada

Rosas rojas en la Sierra. JULIÁN PUERTO RODRÍGUEZ
Rosas rojas en la Sierra. JULIÁN PUERTO RODRÍGUEZ

Los serragatinos y serragatinas han decidido, desde hace tiempo, trazar una raya roja al norte de Extremadura. Aquella Sierra que los antiguos tomaron como frontera dibujando feroces gatos sobre canchaleras de piedra clara, parece querer retar permanentemente al conservador reino de Castilla diciéndole: “Extremadura y yo somos así, señora”. 

Callada durante la dictadura como medio de supervivencia, despertó Jálama al sentir obrero, a la llamada de la razón ante la injusticia y el caciquismo. Los trabajadores y las trabajadoras de esta Sierra, hartos del abandono y de la hambruna a que les sometió el bienio negro primero y la larga noche de cuchillos y sables, después, derrotaron al miedo y se colocaron del lado del sentir público y del bienestar social. 

Si de algo han sido capaces los agrarios, los amigos de la dictadura, los seguidores del liberalismo económico y los defensores del mercado libre es de envolver los principios conservadores con el papel de plata del Dios, patria y rey. 

Bendice la iglesia tridentina, con descaro, las maletas tricolores que los caciques del austericidio portan camino de conocidos paraísos fiscales, buitres de multimillonarias cuentas opacas en bancos de usura que impiden la inversión nacional, mientras el 49% de los españoles sufren  las consecuencias del dolor y la miseria, retroceso histórico a tiempos políticos del homo antecessor. 

Al otro lado de la historia, en el interior del sacro templo, Jesucristo fustiga con rabia el látigo contra  sacerdotes y comerciantes de la corrupción, aquellos que tienen el atrevimiento de mercadear con el conocimiento de sus santas teorías de igualdad, fraternidad y libertad. Pero eso fue útil hasta de que a San Pedro se le ordenara abrir las puertas a una Iglesia Católica que basa sus teorías en la fe y el perdón de los pecados. Con ese mínimo esfuerzo intelectual y una  amnistía divina, ¿quien no está libre de pecado, habilitado para tirar la primera piedra?. Debe pensar esta gente que Dios no existe o que, ensimismado en las alturas, es un tontobola. ¿Qué dirá de todo esto el Santo Padre que vive en Roma?.

El comportamiento electoral en Sierra de Gata continúa siendo un griterío de sueños, donde la bandera roja de la rosa ondea sin complejos en las atalayas, arropando el ansia de libertad de la mayoría de sus pueblos y los ideales progresistas que palpitan en los corazones encendidos de sus vecinos y vecinas.

El Partido Socialista Obrero Español mantiene en la Sierra de Gata una hegemonía insultante, donde los nuevos partidos políticos no consiguen abrir una brecha que les asegure un futuro cierto. Bien estaría que los políticos regionales tomaran buena nota de esta fidelidad electoral y emprendieran una actuación masiva sobre esta zona deprimida y olvidada, aunque sólo fuera porque como comarca atesora un buen puñado de votos y ha conseguido añadir a la suma del recuento socialista, trece alcaldes sobre veinte posibles, todos ellos libres de pactos, y otros tantos concejales, para bregar en la oposición, en el resto dicho. 

A lo mejor es que tanta fidelidad ofende. Triunfa, por ello, la política de los güevones: ¡to, ¡pu pa qué voi a jazel na, si van a votalmi por´igual, paí! Hasta que nos hartemos y, en lugar de votos, con nuestras manos, levantemos tormentas de piedras, rayos y hachas estridentes y echemos a rodar, ladera abajo, canchos con sus dibujos de gatas y sus leyendas de moros y una nota en las solapas que diga: “la Sierra al borde de un ataque de nervios”.

Decían, antes de las elecciones municipales y autonómicas de las regiones no históricas. Sí, sí, la nuestra región no es histórica. Veleí, que parece que tuvimos la mala suerte que ni pasaron vetones ni lusitanos, godos ni romanos, ni tan siquiera moros ni cristianos, velequí. A nosotros nos tratan como adanistas: “antes de ahora no hubo antes todas nuestras costumbres quedaron atrás”. La ordenanza que tuvimos, no debió ser un fuero, sino un forro de ... A quién, sino a los nuestros antiguos, se les ocurre enterrar a Viriato en la casa del escribano, al pie de la muralla de Coria, dónde no hay equipo de arqueólogos alguno que lo encuentren. Eso no es serio, eso no se puede comparar con el Cid Campeador ni con Cervantes, enterrados en lugar sagrado y, aunque no los hayan encontrado, pues nos lo imaginamos y con ello tragamos, todo por un turimo serio y de calidad. Ya sólo falta que saquen una de esas calaveras que hemos visto en televisión y la coloquen en metá del medio de la calle, pregonando: “He aquí don Cervantes de la cabeza”. Nosotros una digna bandera con un león rampante, que si le das la vuelta es pasante..., pero quién sabe de eso.

No era esto lo que yo os quería contar hoy, se me va la cabeza como a Santa Maria. Decían los analistas, antes de estas elecciones, que se había terminado el bipartidismo y se aventuraban tiempos nuevos políticos y yo comentaba que unos de los problemas de los partidos emergentes (los niños) es que no estaban asentados en toda la geografía española, sobre todo en las zonas rurales, lo que beneficiaba a los partidos clásicos (la casta). Esto se ha visto claramente diferenciado en las zonas urbanas industriales (Madrid, Valencia, Barcelona, sobre todo), frente a las zonas rurales, como Sierra de Gata.

La lectura del comportamiento electoral en Sierra de Gata, tras las elecciones de mayo de 2015, es de una apuesta bipartidista del voto a favor de los partidos tradicionales (PSOE-PP) que representan, en el argot de los nuevos partidos a la casta, e, incluso, a la caspa de la casta. Esto ha supuesto que los partidos de nuevo cuño, (a los que he denominado como “los niños”, más que nada porque es donde están nuestros hijos, esto es los hijos de la casta), hayan obtenido un tímido resultado, traducido más en unos cuantos votos, que en representación concejil. Esto quiere decir, añadía yo, que en unas hipotéticas elecciones generales entre la regla D´Hont y los restos de votos que se dejan en la gatera, el avance de los partidos emergentes o emergidos (léase Podemos y Ciudadanos) puede verse frenado matemáticamente en la trasformación de los votos a diputados. Dice Iñigo Errejón que hay que dar tiempo al tiempo, pero yo no lo veo tan fácil.

No, no veo yo tan claro eso del fin del bipartidismo. Si bien es cierto que estas elecciones han legado una gran fragmentación política, también es cierto que en las grandes ciudades estábamos acostumbrados a ella. 

La irrupción de Podemos y Ciudadanos ha desbancado a Izquierda Unida y a Unión Progreso y Democracia (dos por dos), si bien es cierto que aquellos han irrumpido con más fuerza que estos, también es cierto que en otros tiempos tuvimos al Partido Comunista, a la ORT, al Centro Democrático y Social.... y una multitud de partidos. 

Que no nos vengan contando la milonga de las coaliciones de perdedores, de la inestabilidad y, mucho menos, de la falta de tradición al pacto. Todo eso son mentiras y, si se me permite, “aguirradas”. Invento de malos perdedores. Los españoles estamos plenamente acostumbrados al pacto y a gobiernos compartidos y, precisamente, lo que no nos gustan son las mayorías si son dictatoriales, prepotentes y adanistas, una tendencia a la que por lo general se ven algunas abocadas. Lo que no nos gustan, por ilicitos, injustos y antidemocráticos son los “tamayazos”. Una iliegalidad si te pillan la saldada, ya que no existe, pero haberla hayla

Bienaventurada la Sierra de Gata que está libre de pactos porque de ella es el paraíso y será el reino de los cielos, bienaventurados los que tienen que pactar porque su único pecado es que no aprobaron a la primera y serán perdonados. Bienaventurados los ciudadanos y ciudadanas que sean bien gobernados porque ellos hallaran la paz en la tierra y el descanso en el cielo, no bienaventuradas fueron las autoridades regionales que mal partieron dos pueblos cacereños en vísperas electorales.

Misterios serragatinos: Si los 1.362 votantes al Partido Popular de Malpartida de Cáceres brindaron con cerveza Brabante la victoria de este partido político en esa localidad cacereña, ¿con qué brindaron los 244 electores que dieron la victoria a ese mismo partido político en la localidad serragatina del Acebo?

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