Los griegos y las griegas han mostrado su indignación de la mejor manera posible: votando democráticamente en las urnas dispuestas legalmente al efecto. Alexis Tsipras ha recibido la confianza de la mayoría para que cambie una política económica europea de austeridad equivocada e inoperante. Una política que sólo ha dado de comer a los que están bien comidos, en detrimento de los parias de la tierra

¡Buenas noches! –dijo Joaquín al pasar junto a la mesa del bar que se encontraba en el centro del camino a recorrer, sin recibir la oportuna respuesta educada, algo que no le sorprendió.

Joaquín se quitó la chaqueta de pana, tomó asiento en el taburete de su acostumbrado rincón y pidió la primera cerveza de la noche. No pudo resistir la tentación de fijar la mirada en los maleducados contertulios, aquellos que le negaron, al llegar, el acostumbrado saludo. Gente adulta, entrada en los cuarenta años, con su bourbon whiskey. De tres de ellos, vestidos de traje y corbata, no supo si ubicarlos en una entidad bancaria o en el departamento de ventas de un centro comercial, tal es el parecido del capital y quien lo presta. Un cuarto personaje, de pantalón vaquero azul y jersey gris, completaba la mesa    

Vaya enfado que han pillado los mandamases de la Alemania Imperial, esos que, como diría Luis Chamizo, miran la nacencia –dijo el de los pantalones vaqueros-. No les ha gustado nada lo de Grecia. Ni a ellos ni a la Europa Unida, aquella que prefirió el mercado de los capitales a la ciudadanía de los pueblos.

Es que la gente joven del sur nos ha perdido el respeto –contestó uno de traje que, siendo asesor profesional en Grecia, dedico su tiempo libre a meter miedo con el Hombre del Saco, el Sacasebos, el Camuñas y el Tío Temporales.

Mientras vosotros, profesionales económicos de media pana, os pasáis la vida asustando a la mayoría –volvió a la carga el de los vaqueros-, una generación entera, preparada a conciencia sobre el duro banco de las universidades públicas, mata el tiempo escribiendo versos en las paredes o se devanan investigando e inventando cosas por mil euros brutos al mes. Estáis provocando, con vuestra estúpida actuación, un nuevo mayo del 68 o una revolución leninista.

Joaquín, que sabía muy bien de que iba la conversación, acostumbrado como estaba a las tertulias de la televisión y la radio, podría hacer de ventrílocuo con cada uno de los personajes, sólo con mirarles a la cara. De economía había leído en el digital de la Sierra planteamientos que, pasado el tiempo, le parecían acertados. “Que abarate el pan”; “Difícil de ver”; “Austericidio”; “Efecto Emanens” y “En esta Europa que vivimos”, son algunas de las tribunas que recordaba sobre este disparatado tema. Pero ahora se trata de discutir sobre la política económica, no desde la teoría, sino desde la realidad palpable que supone que la mayoría de los votantes griegos hayan mostrado su hartura. Han llegado al tope máximo que les permitía su umbral de tolerancia y se han negado a seguir alimentado a los ricos. Ahora el nuevo gobierno griego ha confirmado el fin de la austeridad.

  ¡Joder!, sólo porque no encuentren trabajo, porque reciban salarios de mierda –decía uno de los del traje-. Porque los enfermos se mueran de hepatitis C y el amigo enfermo, que vino de fuera, se pudra en una sala de espera. Porque los abuelos se desvivan, en un ejemplo de auténtica familia, por compartir la pensión, acojonados por el aval que firmaron con su vivienda. Porque se privaticen los hospitales y se masifiquen las aulas. Porque haya que pagar la universidad. ¿Sólo por eso se indignan?. Ya no hay obreros como los de antes.

Es que estáis empeñados en acabar con la clase media, sometiéndola a los despropósitos y el capricho de los señores,… -contestó el de los vaqueros. Lo de prohibir, técnicamente, que el hijo del obrero no pueda estudiar en la universidad pública, no tiene nombre.

Por ahí, por ahí empiezan los librepensadores y los revolucionarios –cortó bruscamente uno del traje-. Es lógico que un gobierno conservador legisle para la elite que representa, ¿o no?.  

Sencillamente somos tenaces  en legislar para unos pocos, los de siempre… ¿Por eso se indignan?. –continuó otro del traje-. Acaso creen que a mí, como ser humano, no se me encoje el corazón cuando veo una familia, con un bebé entre los brazos, saliendo de su casa desahuciada por un fondo buitre. ¡La ley es la ley, y no vamos a cambiarla para salvar el culo a unos pocos desgraciados!... ¿eh?. Que yo también se indignarme y cantar aquello de: ¡Maldito baile de buitres, polvora de la mañana!.

Sobre todo ahora que hay una ley de protección al fondo buitre, como si fuera un animal más en peligro de extinción –arengó el de los vaqueros-. Habéis aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid, para arremeter contra la mayoría de la gente… Unas políticas de recortes sociales y laborales que socavan el Estado de Bienestar y retraen al país allende los tiempos. Por contra las grandes fortunas crecen sin parar. En eso y no en otras cosas, nos parecemos a Grecia, lo digo ahora que todos huyen, del agua caliente, … como gatos escardados.

Unos segundos de silencio envolvieron la tertulia, un receso, un sorbo de whisky –el de los vaqueros aprovechó el paso del ángel para continuar-.  Todo parecía ir bien. Había como un equilibrio entre el afán privatizador e individualista de aquellos países conservadores y la aplicación de políticas públicas y colectivistas de los estados progresistas. Cuando el equilibrio se rompió, se puso en marcha, por parte de algunos, el tictac de la etapa medieval. Ahora todos trabajamos para la Alemania Imperial, con el permiso de los Estados Unidos de América, pero sin los derechos y el estado de bienestar del que gozan los alemanes.

¡Qué bonito!. –grito en pie uno de los del traje, asustando a Joaquín-. Ahora se trata de la antigua ciudad medieval. Derecho de vasallaje. Impuestos y más impuestos sobre el sudor de una gente sin derechos. El rey, nuestro legítimo señor, en Babia. ¿Podemos decir que este es el meollo del revolucionario mensaje?.

Yo no, eh!, yo no –hizo unas señas Joaquín desde su rincón, sin que nadie le hiciera el menor caso.

Han hecho caja. Aquí pagan los de siempre. -siguió su mensaje el de los vaqueros. Han empobrecido a la mayoría del pueblo. Han arruinado a mucha gente. Han limitado las libertades. Apartan al hijo del obrero de la educación y la cultura, del derecho a la sanidad y hasta han aprobado una ley mordaza. ¿Es o no esto una vuelta de tuerca al “pan y verea”?, ¿es o no es esto el espíritu de la dehesa, el descampado de “Los Santos Inocentes” de Miguel Delives?.

Sigues el viejo discurso de los defenestrados socialistas del PASOK –le espetó uno de los del traje.

No, no. De eso nada, monada -le reprobó el de los vaqueros-. Syriza ha parado el golpe de los indignados antes que reventaran de indignación, y lo ha canalizado de la mejor manera posible: votando democráticamente en las urnas dispuestas legalmente al efecto. No se puede seguir con la nariz tapada. Hay que decirle a la Merkel, ¡basta ya!.

El socialismo europeo no ha sido capaz de proponer una política económica distinta, acertada y creíble porque sus economistas andan dándole vueltas a más de los mismo. Un nuevo bipartidismo ha ocupado los escaños del parlamento griego. Alexis Tsipras tendrá ahora que terciar con los pactos con Europa y el posible boicot de los todopoderosos intereses capitalistas. Sus primeras medidas son públicas: freno a la privatización, restablecimiento del acceso universal al sistema público de salud, aumento del salario mínimo, vuelta a la negociación sindical y colectiva, recuperación de las pagas extras, contratación de los funcionarios despedidos. “Ni un griego sin vivienda, sin ayuda, sin comida, sin electricidad”, ha dicho Tsipras.

Tsipras no puede fallar. La ciudadanía griega, que ha puesto su confianza en él, no le va a permitir que les defraude, que les vuelva la espalda desde la comodidad del escaño. Es el momento de felicitarle y desear suerte a los ciudadanos y ciudadanas griegos. Ya habrá tiempo para el análisis de las políticas y para las críticas pormenorizadas de los resultados.

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