PODEMOS. Aitor Caìceres Trueba
PODEMOS. Aitor Caìceres Trueba

¿Es que a usted no le preocupa la formación de gobierno? ¡Mira¡ si que me preocupa, pero no me obsesiona como a usted. Amigo mío, con los años yo he obedecido a una república, una dictadura, una democracia, dos reyes y distintos gobiernos de centro, de izquierdas y de derechas, y todos me han dado un día de esperanza al llegar, un día de dolor al gobernar y un día de placer cuando se fueron

Aniceto.- Llevo un tiempo don Silvestre que sueño obsesivamente con la desaparición de los dinosaurios.

Don Silvestre.- Pero eso, amigo Aniceto, pasó hace ya sesenta y cinco millones de años.

Aniceto.- ¿Tanto? Entonces, por qué me vienen continuamente a la memoria. Se me aparecen como si todavía estuviesen vivos, como si no hubiese sucedido una extinción a la que todavía no se le ha encontrado respuesta.

Don Silvestre.- Puede ser que sean animales cuya presencia llama la atención de una manera formidable y cuyos gruñidos impresionan. Eso deja, sin lugar a dudas, un sentimiento entremezclado de curiosidad, estupor y miedo.

Aniceto.- Unos vertebrados terrestres dominantes durante 135 millones de años, desaparecen. La verdad es que si se fija usted bien, en lo que conocemos de ellos, no dejan de ser unos lagartos terribles.

Don Silvestre.- ¡Lagarto, lagarto! Dicen que se les terminó el plancton y se marchitó la mayor parte de la vegetación. Acabaron comiéndose los unos a los otros, lo que aceleró la extinción de la totalidad.

Aniceto.- Pues en mi sueño un multimillonario subvenciona una investigación que propone la clonación de dinosaurios en una isla remota. Con ello, y esto es lo realmente increíble, consiguen que estos vuelvan a la vida con todo su esplendor natural. Una vez resucitados los transportan de nuevo a nuestras ciudades. 

Don Silvestre.- Y con toda su incontenible voracidad, Aniceto. No se te olvide esta parte, que sé por donde caminas e intuyo el destino hacia el que camina este despliegue de ironía carpetovetónica. 

Aniceto.- ja, ja, ja ... Es que aparecen y desaparecen con todo el desparpajo y contundencia de quienes están dotados de una incuestionable razón pura.  

Don Silvestre.- Trasladar aquí la novela de Michael Crichton no creo yo que sea lo más acertado. 

Aniceto.- Pues como en ella luchan por la posesión de la isla y su gobierno.

Don Silvestre.- Quiero recordarte que no es ni más ni menos que la realidad cruda de la vida. También en esta acaban comiéndose los unos a los otros.

Aniceto.- Lo peor de todo es que si seguimos expectantes acabaran viniendo a por nosotros, tal y como predijo el poeta. No sé si me preocupa más la posibilidad de una clonación permanente o de la innata capacidad depredadora de muchos de ellos.

D. Silvestre.- Debería preocuparte su incansable cualidad camaleónica. Recuerdo ahora, ahondando en el tema, que una vez me contó, un buen amigo mío, que en el pueblo de Torrejoncillo hubo dos perros que se comieron el uno al otro y sólo quedaron los rabos.

Aniceto.- ¡También los perros!. Dinosaurios, camaleones, perros ... ¡Dios mío, qué barbaridad!. Fíjese bien que la historia dice que quedaron los rabos.

Don Silvestre.- ¿Y qué importancia tiene eso en el total del contexto?.

Aniceto.- ¡Joder! don Silvestre. Pues que como venga uno de esos millonarios caprichosos del Ibex 35, cogiéndolos por los rabos pueden volver a clonar perros rabiosos como los del relato.

Don Silvestre.- Ja, ja, ja... Entonces se volverán a comer, la historia es repetitiva y cíclica.

Aniceto.- Nos llevarán por delante a nosotros, se lo dije y se lo advierto.

Don Silvestre.- No es normal, Aniceto, que con la qué está cayendo se preocupe usted de un west seller de ciencia ficción.

Aniceto.- ¿Es que a usted, don Silvestre, no le preocupa la formación de gobierno?

Don Silvestre.- Por fin has llegado al meollo de la cuestión, Aniceto. ¡Mira! si que me preocupa, pero no me obsesiona como a usted. Amigo mío, con los años yo he obedecido a una república, una dictadura, una democracia, dos reyes y distintos gobiernos de centro, de izquierdas y de derechas, y todos me han dado un día de esperanza al llegar, un día de dolor al gobernar y un día de placer cuando se fueron.

Aniceto.- Usted, don Silvestre, tiene ideas anarquistas.

Don Silvestre.- Sin embargo, yo no soy anarquista porque convino lo individual con lo colectivo.

Aniceto.- Si, pero su concepción particular de la realidad lleva consigo una fuerte dosis de escepticismo político.

Don Silvestre.- Repartiendo la agenda entre  sesiones parlamentarias, corridas de toros, fuegos artificiales, vivas al rey, retretas, dianas, cucañas y carreras de caballos, hay políticos ocupados sólo ocho días del año. 

Aniceto.- Hay de todo.

Don Silvestre.- Así es. Por eso en ese todo, y a pesar de todo eso, sigo creyendo que el ejercicio de la política en el poder busca un fin trascendente y tiende a garantizar el bien común.

Aniceto.- Queda, por consiguiente, clarísimo que usted no es anarquista.

Don Silvestre.- Queda claro que el que los actores de la política seamos todos es lo deseable, de eso trata la participación.

Aniceto.- Yo he vivido formas de gobierno que entienden la participación, única y exclusivamente, como el acto de votar.

Don Silvestre.- Ya es algo. Hemos dado un paso al frente. Yo he vivido formas autoritarias de gobierno donde con el voto del referéndum las autoridades se limpiaban el trasero y, encima, te lo restregaban.

Aniceto.- Entre personas educadas lo de restregar sobra. 

Don Silvestre.- Retírese, pero aquello Aniceto, como la humedad, olía muy mal. 

Aniceto.- Ahora están las asambleas. Hay asambleas participativas para todo.

Don Silvestre.- Yo he vivido algunas en que se llegaron a aprobar todas las propuestas, esto es, lo uno y lo contrario. 

Aniceto.- Mire don Silverio, una vez un obrero preguntó al patrono que pasaría si en vez de reunirse los obreros se reunieran todos los hombres para reclamar lo que en justicia es de ellos. Sabe usted los que respondió el patrono: ¡salga usted de aquí inmediatamente!. Usted tiene ideas anarquistas y puede comprometer mi seguridad personal.

Don Silvestre.- Pero sí, ... son interesantes sí. La gente se siente viva, importante, útil, capaz de aportar cosas... Incluso en mis momentos de escepticismo por la política, reconozco aspectos brillantes. 

Aniceto.- Nunca lo he dudado

Don Silvestre.- Si la política se desenvuelve honestamente en torno a la concepción ideológica, da también satisfacciones y un modo de ver la vida.

Aniceto.-  Si, tiene que ser por eso, sino ¿qué esperanza nos queda en estos tiempos violentos, corruptos y sin sentido?

Don Silvestre.- Usted conoce bien mis ideas radicales frente al caciquismo, sea este político, social, económico o religioso.

Aniceto.- No sólo las conozco sino que las comparto.

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Foto.- “Podemos”. Acuarela. Aitor Cáceres Trueba

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