¿Fiestas de Verano = Machismo?

“Lo que puede ser, puede ser y además es posible” Talleyrand

El verano, las fiestas que se celebran en cada una de nuestras localidades, se convierte en un escenario perfecto para la escenificación de las propuestas culturales del machismo, que entiende la igualdad como una amenaza y la desigualdad como normalidad.

La combinación entre fiestas y alcohol, construye una realidad en la que todo es mentira y que en base a la cuál se han justificado y justifican actos violentos, que tratamos como anecdóticos, por su elevado número. San Fermín, San Juan, y podríamos enumerar todo el santoral seguido de todas las vírgenes, porque en nuestra memoria colectiva, seguramente rescataremos un verano, en el que una mujer o varias, sufrieron una agresión, en el marco de una fiesta.

Las fiestas estivales, se convierten, en muchas ocasiones, es una realidad contra la mujeres, ejercidas, por hombres, no todos, que se identifican con una serie de valores en torno a deseos y necesidades.

Y detrás de esas agresiones, una serie de justificaciones tan recurrentes para la masculinidad tradicional, en la que el consentimiento de las mujeres no tiene trascendencia alguna.

Detrás de esas agresiones, se construye el sistema que presenta la desigualdad como normal, el sometimiento de las mujeres como puntal y no como motivo para cambiarlo y responsabilizar a las mujeres de lo que les sucede.

Los espacios festivos, han sido tradicionalmente masculinos y colectivos, renovados con cada comentario o gesto, habitualmente sexista, por eso el rechazo inconsciente a la ocupación de los mismos, por parte de las mujeres, y en condiciones de igualdad. Esos espacios de intercambio de masculinidad, rechazan la presencia femenina, todavía, de forma mayoritaria.

La desigualdad de género es el origen de todas las desigualdades, y todos los días una mujer es agredida por un hombre, en diferentes espacios, y podemos hablar de violencia de género o violencia machista, pero el machismo ha creado el escenario para ocultar su responsabilidad, para convertir espacios de ocio y fiesta, en espacios para la agresión, en los que muchos encuentran, apoyo, reconocimiento e incluso admiración, en ese mantra “Todos a una”.

El machismo es culpable de la desigualdad y de todo lo que conlleva. No podemos ser cómplíces de conductas que son justificadas por el grupo en el marco de una catarsis colectiva. Esas agresiones, son la punta del iceberg. 

El contexto festivo, favorece el “todo vale” y la responsabilidad individual se diluye en la colectiva . Debemos exigir espacios festivos seguros e igualitarios, y la transformación, si bien es liderada por las mujeres, no puede ser rechazada por los hombres, debemos cambiar mujeres y hombres. La Transformación Asimétrica no genera el cambio necesario para cambiar esta realidad.

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