Hombres y mujeres compartimos tiempos y espacios, pero no con los mismos resultados. Nosotras somos más vulnerables a vivir situaciones violentas en la calle. que los hombres, Además, existe para nosotras un “plus de temor” relacionado con la violencia sexual y el riesgo de ser abusadas, que nos genera limitaciones en nuestros movimientos por los espacios públicos. Si bien no hay diferencias de género, entre las víctimas de robo, el hecho de que de las mujeres la probabilidad de que nosotras demos una respuesta violenta , nos hace más vulnerables. 

Además, tenemos un “plus de temor” relacionado con la violencia sexual, que es concreto, que no es una sensación, y que nos limita a la hora de movernos por la ciudad y por lugares que consideramos riesgosos para nuestra integridad física.

Frases obscenas por la calle, demás de otros delitos, como robos o violaciones son una realidad cotidiana para las mujeres, que contrasta con su escasa repercusión social. Se ha naturalizado que las mujeres seamos interpeladas con con palabras malsonantes, que nos manoseen en un transporte público o, incluso, que se ejerza sobre nosotras violencia sexual. Si una mujer cruza una plaza sola y la asaltan o la violan, es culpabilizada. Es usual escuchar comentarios acerca de cómo iba vestida o por qué circulaba sola a altas horas de la noche.

Todas hemos escuchado la frase, NO VAYAS SOLA, QUE TE PUEDE PASAR ALGO, y es que Las mujeres crecemos entre mensajes que  nos  alertan del peligro de ser violadas por la calle, pese a que la mayor parte de agresiones sexuales las cometen hombres conocidos. Se enseña a las chicas a tener miedo pero no a defenderse, y con ellos no se trabaja ni educa en la cultura del respeto, en la no agresión.

La idea que subyace es que una mujer sola en la calle es una víctima potencial de agresiones sexuales por parte de hombres y que, por ello, la calle –incluso esa que recorre a diario– es un territorio hostil. Es el guión del miedo que nos acompaña durante nuestra vida, cuando la única opción valida es  “la actitud vital de reclamar nuestro derecho a existir sin violencia”. Las agresiones tienen su origen en  hombres machistas que no respetan los derechos de las mujeres y actúan con violencia, y la solución no está solo en la autoprotección de las mujeres, también en la no agresión por parte de los hombres y respeto por nuestro cuerpo y las decisiones que tomamos sobre el mismo.

Recae sobre las mujeres la responsabilidad de prevenir las agresiones sexuales, los hombres reflexionan y debaten poco sobre este problema, y son parte de la solución, la mitad. El acoso, en cualquiera de sus modalidades es una de  las tácticas del patriarcado, para asustarnos y que aceptemos su protección como única opción valida, y no es esa ya  no nos sirve.

El guión del miedo tiene una consecuencia inmediata, considerar la sexualidad masculina es “peligrosa, criminal e incontrolable por naturaleza” además de limitarnos en nuestros movimientos por las ciudades y espacios públicos, y ni la primera es cierta, ni la segunda es justa.

Frases como “Pídele a algún amigo que te acompañe”. “Hazme una llamada perdida cuando llegues”. “Voy contigo, que me quedo más tranquila si te veo entrar al portal” deben ser eliminadas de nuestras conversaciones con otras mujeres, y es un trabajo de todos y todas, un ejercicio de reflexión y respeto a la mitad de la población, que somos las mujeres, porque las calles y las noches, también son nuestras.

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