Escribo estas líneas, sabiendo que no serán de agrado de muchas personas, pero no puedo desaprovechar la oportunidad que me presta esta ventana que abrimos cada martes e invitaros a reflexionar sobre el turismo y su impacto en Jevero, una de las piscinas naturales más hermosas de la Sierra de Gata.

Recuerdo el Jevero de mi infancia y no lo reconozco en el de hoy, un espacio sobreexplotado, sin control alguno, en el que encontrar un lugar para poner la toalla y darte un baño, durante los fines de semana, es misión imposible. Y que conste que no es un discurso contra el turismo, ni quiero la piscina sólo para mi, nada más lejos de la realidad, pido para Jevero una gestión responsable y sostenible del turismo, porque Acebo es agua, y esas piscinas son patrimonio natural y hay que encontrar el equilibrio entre los beneficios que genera el turismo y su conservación.

Evidentemente, el turismo es una actividad importante para la economía local, pero ¿lo es el turismo masivo que cada fin de semana llena Jevero de coches y autobuses? ¿Qué beneficios genera? El turismo masivo sin control se convierte en un deteriorador del medio ambiente natural y social de Jevero.

El turismo produce un impacto directo e indirecto sobre la sostenibilidad económica, social, ambiental y cultural del entorno al que afecta, y es nuestra responsabilidad que ese impacto no sea negativo. 

La visión de Jevero atestado de personas y coches, en ocasiones resulta claustrofóbica, y si analizamos el impacto, con el paso del tiempo, encontraremos, el deterioro de los recursos naturales, el consumo excesivo de energía, la contaminación de la tierra, el agua y el aire por los diferentes residuos y vertidos, junto con la emisión de gases efecto invernadero que provoca el transporte. Un recurso deja de ser rentable cuando empieza a tener síntomas de agotamiento, y Jevero está estresado.

Que conste, que es emocionante, comprobar que a pesar del fuego, Jevero sigue vivo, que cada persona que lo visita y lo disfruta lo recupera, pero si hasta el amor cuando es excesivo asfixia, con más motivo, el turismo. 

A mi, como turista y como acebana emocional, me gustaría una gestión sostenible del turismo en Jevero, y entiendo por sostenible, aquello  que optimiza los beneficios sociales y económicos del presente, sin poner en riesgo el potencial para obtener beneficios similares en el futuro. El turismo necesita una buena gestión ambiental, comprometerse a  la conservación de los recursos naturales y culturales sobre los que se sustenta y que, por tanto, reconoce explícitamente las necesidades de protección del medio ambiente, y en este caso de Jevero y su entorno. 

Para ello, es necesario un cambio en el comportamiento social, nuevas ordenanzas ambientales a nivel municipal, planificación y procedimientos de control del desarrollo, entre otras, y generar un proceso participativo para el desarrollo de una política turística local, en la que todas las partes interesadas y especialmente la comunidad local son consultadas y escuchadas, y en la que la sostenibilidad sea el eje integrador, con una planificación del turismo respetuosa y eficiente, evaluando el impacto, nunca en detrimento de la localidad, Acebo, respetando la cultura local, y también, límites, porque son necesarios, hay que limitar el crecimiento del turismo, para no agotar los recursos. Si queremos disfrutar de Jevero y su entorno, y queremos seguir siendo un referente turístico, habrá que ponerle puertas al campo,  porque es necesario, porque hay que proteger nuestro patrimonio natural,  y el impacto del turismo debe ser mínimo y respetuoso con el recurso y la población local.

Queremos Jevero para rato, y el turismo, sólo es beneficioso, si lo es para todas las partes y sectores implicados,  y con un ritmo más lento, se baila mejor.

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