Naces hombre y te educas como varón

"Yo diría que el machismo, tanto en hombres como en mujeres, no es más que la usurpación del derecho ajeno. Así de simple” Gabriel García Márquez

Lo masculino se construye como renuncia a lo femenino, por oposición, por rechazo a lo femenino, a lo que entendemos como tal. Se entiende por masculinidades a un conjunto de construcciones culturales a través de la historia, por las cuales se les asignan a los varones ciertos roles sociales propios de su género. Desde esta perspectiva se le asignan, también, otras características a las mujeres. ¿Y qué esperamos de los hombres? Esperamos que  los varones que sean fuertes, independientes, agresivos, activos, resistentes, que soporten el dolor y que sean ellos los violentos. Los mandatos de género, son cadenas que arrastramos durante toda nuestra vida y nos condicionan y posicionan en la sociedad y en nuestras relaciones afectivas. La profesora Elena Simón habla de los arquetipos masculinos, EL REY, EL GUERRERO, EL MAGO y EL AMANTE, y los nuestros, LA SIERVA, LA APRENDIZ y LA SUMISA, papeles que en algún momento de nuestras vidas, de manera inconsciente adoptamos y nos lo llevamos a nuestro hogar, a nuestras relaciones, a lo más valioso que tenemos, que es nuestro ESPACIO AFECTIVO.

Nacemos personas y nos educamos como mujeres y hombres, así la masculinidad con toda la carga que conlleva no es innata, sino alcanzada. En muchas culturas, los niños sufren dolorosos rituales de iniciación para convertirse en hombres y la masculinidad también se puede perder, como cuando un hombre es ridiculizado por no "ser un hombre". La carga del género, de los mandatos tiene como resultado la MASCULINIDAD HEGEMÓNICA y como consecuencia EL MACHISMO y ambos tiene efectos negativos para hombres y mujeres.

Tenemos que construir una nueva masculinidad que conviva en armonía con la femineidad. Ya no hablamos de caminar juntos/as sino de cooperar y colaborar en la construcción de relaciones igualitarias entre mujeres y hombres y otras identidades sexuales. De-construir la masculinidad patriarcal, machista y  asumir actitudes emocionales que los conecten con la ternura y les permita vivir una sexualidad sensible.

En el Biblia hebrea del año 1000 aC, el rey David de Israel dijo a su hijo que "fuera fuerte y fuera un hombre" después de la muerte de David. A lo largo de la historia, los hombres han cumplido con estándares culturales exigentes que se han convertido en mandatos cuyo cumplimiento implica un alejamiento de espacios afectivos y la construcción de una sociedad en absoluta desigualdad. Nacemos personas y así debemos crecer, fuera de mandatos y obligaciones tan pesadas como ser la superwoman o el sostén de una casa. Los roles de producción y reproducción, y su división por géneros no son más que factores de riesgo y origen de frustraciones que debemos erradicar y dejar de transmitir a generaciones futuras. 

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