La melodía del conocido bolero, me ha acompañado en mi viaje a la Sierra de Gata, un viaje físico y emocional. Regresaba a Acebo, quince años después, después de mucho tiempo, de vivencias, encuentros, desencuentros, y después del incendio, pero no voy a dedicar mis letras a lo que ya sucedió, y tendré otras más adelante para lo que esperamos. Quiero escribir sobre mi reencuentro emocional con amigas, con mujeres que coincidimos en tiempo y en espacio hace más de veinticinco años, y el punto de encuentro y los lazos familiares con el mismo, era lo único que teníamos en común.

Baños en el río, bailes en la verbenas, chapuzones, confidencias…y todas esas cosas que te pasan, que haces, con quince años y que con el paso del tiempo forman parte de tus recuerdos, y parece que son sólo eso, pasado.  Y lo son, hasta que la casualidad o la causalidad, provoca una coincidencia y de la coincidencia al encuentro programado, y a la ilusión que conlleva.  Un re-encuentro entre amigas,  entre mujeres, después de más de veinte años, en los que nos han sucedido  cosas, hemos sentido otras y dejado de sentir algunas, y todas y cada una, ha dejado una huella en nuestro cuerpo, en nuestro rostro y hasta en nuestras miradas.  

Y surgió la magia, porque a pesar del tiempo y de las vivencias, todo fluyó, volvieron las risas, las confidencias, las emociones, y volvimos a las piedras de Jevero, al de antes, en donde no competías por poner la toalla con toldos, tiendas, mesas, sillas, sombrillas, con más competencia que en las playas del Levante..pero eso da para otro artículo. Surgió la magia de las Mujeres, lejos de esa visión patriarcal, que los denomina aquelarres, o ha dado  como “normal” la mala relación entre mujeres o al menos la ha tipificado como “agridulce”.  Hay tantas falsas creencias sobre la amistad entre mujeres…muchas personas piensan que , por su “naturaleza”, en las mujeres predomina la traición, la incapacidad de la amistad, además de ser las peores jefas…y todo eso sólo tiene un origen, la misoginia, algo tan antiguo como el mundo y  nos han calificado al menos de: brujas, indolentes, vanas, infieles, aliadas de Satanás, veleidosas, seres de cabellos largos e ideas cortas, en otros tiempos, y en éstos, las mujeres como botín de guerra, las violaciones masivas, o los raptos, y es frente a este sistema violento, decidimos enlazarnos en un pacto, un compromiso de no agresión surgido a partir de observar la discriminación hacia nosotras dentro de esta sociedad patriarcal y que esto nos compete a todas y se llama SORORIDAD.  Una palabra que viene del latín, sor, hermana y es el más hermoso de los pactos.

La sororidad se traduce en hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente. Conlleva una práctica de confianza, amistad, apoyo entre mujeres y cuidado mutuo entre pares, sin jerarquías y se reconocen como interlocutoras confiables, comparten recursos, tareas, logros y ¿por qué no? Encuentros. 

Y más allá del feminismo y los términos, veinte años después, nos hemos reencontrado mujeres llenas de fuerza, vivencias, emociones y heridas, que han hecho de sus vidas hermosas historias y la Sierra de Gata, Acebo, sigue siendo ese lugar mágico en el que todo puede pasar. Gracias a todas por hacerlo posible.

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