El pasado 10 de febrero falleció mi querido profesor , Don Luís Domínguez-Berrueta de Juan, que me dio clases en el Patronato Militar Virgen del Puerto de Santoña, en la década de los 70 ( 1972-78 )

 Le apodábamos El Barbas, cariñosamente y con  aquel cigarro eterno entre los labios, ducados,  a modo también  de Jesús Machado, el profesor de matemáticas  y física,  salmantinos ambos, como José María Fiz. Sus familiares y amigos le despidieron  el día 12  en la iglesia Santa María del Puerto de Santoña.

 En la década de los 70 me llenó de palabras de historia , de geografía y de buenas formas. Él me inició en la curiosidad de los años pasados y vaya si lo consiguió. Recuerdo sus clases con aquel proyector, su cuerpo erguido, pero inclinado levemente hacia atrás, su voz, bajita, confundida y solapada entre aquellas barbas que tanto llamaban la atención, muy parecidas a las de Don Angel Doreste, el profesor de dibujo,  mi iniciador en la pintura y en el arte; y es que en el Patronato nos iniciaron en todo.. ( En Santoña comencé a soñar, en Santoña comencé a sentir, en el Patronato yo viví, me enamoré y pude ver por primera vez el Mar.. La canción , larga, la podéis escuchar en la página del Patronato. ).

Don Luis pasó por mi vida, sibilinamente, de puntillas, sin hacer ruido; si yo era tímido, él lo era más, congeniábamos.

 Era un profesor con clase, educado, de oleajes tenues, no muy hablador, sencillo;  guardo todos sus apuntes.

 Recuerdo aquél coche , el Mini, como yo era del Norte de Cáceres, una Semana Santa me vine con él en el Mini, a Salamanca donde me esperaba mi padre; que viaje tan maravilloso;  era en cuarto de bachiller, 1974; fumaba y fumaba; y yo se los encendía en aquel coche,  cuyo eslogan : el mundo se esparce cada vez hacia lugares más pequeños; EL MINI.

 Fue un viaje largo, muy largo, aquellas carreteras, él hablaba poco, pero cuando lo hacía se solapaba con la historia de los lugares por donde pasábamos; aquel flequillo acaracolado, largo , hacia un lado, se mecía con la ventanilla bajada del Mini.

Hace unos años escribí un artículo EL EMPERADOR Y LA MADAME..que se publicó en varios medios, en Internet, lo podéis leer,. al final le nombraba a él, a Don Luís. Sirva mi sencillo HOMENAJE a quién me LLENÓ DE PALABRAS..

Descansa en paz mi querido profesor

El Emperador y la Madame (De Santoña a Extremadura)

Decían de ella que poseía una belleza que hacía daño y una voz privilegiada para el canto de la época. Burguesa, independiente, indómita, libertina, gastosa, locuaz y muy ligera, la describen como una mujer nada usual para aquella época, de conventos, guerras y crucifijos, mediados del siglo XVI.

La Madame, así se la conocía a Bárbara Blomberg; vino al mundo en la primavera de 1527 en Ratisbona (en alemán Regensburg), una ciudad situada el este del estado federado de Baviera, Alemania, en la confluencia de los ríos Danubio y Regen, cuyo casco histórico es Patrimonio de la Humanidad desde el 13 de julio de 2006.

El otro personaje de nuestra historia, el todopoderoso Carlos V, el Emperador de Emperadores, se encontraba descansando en Ratisbona, en el verano de 1546, a la vuelta de uno de sus múltiples conflictos bélicos en defensa de la fe cristiana; contaba con 46 años y llevaba siete años melancólico, triste y muy viudo; no conseguía quitarse de su mente al gran amor de su vida, Isabel de Portugal, aquel matrimonio breve pero intenso, vivido con una pasión descomunal… “ en cuanto están juntos, aunque todo el mundo esté presente, no ven a nadie.. ambos se devoran con la mirada, hablan y ríen “ se decía de ellos. Carlos I sabía y dominaba el noble arte de la guerra, pero en la cama, queridos lectores, a pesar de su pregonada austeridad, también era un triunfador.

Aquel verano de 1546, Carlos , ajeno y despreocupado, asistía a una fiesta, de baile y paisaje, como se decía en la época, cuando una voz clara y dulce le hizo cambiar el gesto, sabido era por todos que la cerveza y el canto le hacía levantar los pies del suelo; mueve la mano derecha y gesticula con la cabeza, señal que atiende Don Luís de Quijada, su hombre fiel, para que el salón quede vacío; Bárbara, con aquellos 18 años apretados, sigue cantando, sólo él la escucha, ella se acerca, el rey se revuelve en el trono. El dueño del mundo vuelve a reír, beber y amar. Fruto de aquellos días flácidos y blandos vino al mundo, un año más tarde, Don Juan de Austria (Jeromín), hijo natural del emperador.

Carlos tiene que volver a sus tareas de gobierno y casa a Bárbara con un hombre de la corte: Jerónimo Píramo Kegel, a quien le otorga, como pago por su discreción y tutela del niño, el cargo de comisario en la corte de María de Hungría en Bruselas. Desgraciadamente Jerónimo muere tres años más tarde y Bárbara, viuda, joven y alegre sigue dando que hablar. Era costumbre de la época recluir en un convento a la ex-amante, y si es viuda, pues por partida doble, pero, amigos, con Bárbara no puede ni el mismísimo Emperador, y mira que lo intentó, como también fracasaron años más tarde su hijo Juan de Austria y, a su muerte, Felipe II.

Lo que si hace Carlos es reconocer, en 1550, a Jeromín como hijo, poniéndolo bajo tutela de gente de su confianza, primero de Ana de Medina y posteriormente con Magdalena de Ulloa y su marido Luís Quijada, el testigo de sus pensamientos y el hombre más fiel que jamás tuvo. Pero volvamos a nuestra hermosa Bárbara, que sigue de flor en flor, de carro en carro y de fiesta en fiesta. Para mantener su tren de vida ella gasta grandes sumas de dinero bajo la tutela de Carlos y, posteriormente, de Felipe II, hasta que su hijo Juan de Austria, ahora gobernador de los Países Bajos, logra traerla a España mediante toda una serie de engaños y tramas.

El 3 de mayo de 1577 con gran expectación desembarca en Laredo (Santander), su amor imperial, el gran Carlo V, había fallecido unos años antes en el Cenobio Cuacuareño de Yuste, para dirigirse al convento de Santa María la Real, Valladolid; ella en un convento, no podía dar crédito, parecía como si tuviera una aguja clavada en las nalgas, solía decir, así que a la menor oportunidad, rebosante de volver al mundo, unos meses más tarde, muerto su hijo Juan de Austria, se traslada a Colindres y posteriormente a Ambrosero, localidades ambas Cántabras, primero en casa de Juan de Escobedo, antiguo secretario de su difunto hijo y posteriormente alojada con Juan de Mazateve; de hecho todavía se nombra el barrio de la Madama, en Ambrosero donde disfrutó hasta el final. Allí acaba sus días un 18 de diciembre de 1597, con 60 años, aún bella, coqueta y ligera.

En 1975, tenía yo 15 años, y estudiando 5º de Bachiller en el Patronato Militar Virgen del Puerto de Santoña, Cantabria, un mes de marzo, nos llevaron a visitar el Monasterio de Montehano, en la localidad cercana de Escalante, frente a las marismas de Santoña. El profesor de historia, don Luís, nos explicaba que al parecer Bárbara de Blomberg donó algunas pinturas a dicho Monasterio, donde está enterrada. Allí hay una lápida con la inscripción "Da Bárbara de Blombergh madre de Don Juan de Austria año MDXCVII" y una galera grabada en alusión a Juan de Austria y la batalla de Lepanto. DON LUIS DOMINGUEZ, mi profesor,  nos resumió la historia de esta mujer tan peculiar para su época, mientras yo añoraba a la localidad donde nací, Torremenga de la Vera, muy cerquita de Cuacos de Yuste, donde pasó los últimos días el gran Carlos V, recordando éste, quizás.. cuando le llevaron ante su presencia por primera vez al niño, de 11 años, Jeromín, el futuro Don Juan de Austria, fruto de su unión con Bárbara, entre relojes, manjares y misas, la maravillosa voz, la juventud y los días pasados junto aquella mujer tan brava y sensual que fue Bárbara Blomberg, la “ Madame “.