Y tú, ¿tienes un pueblo?

Dicen que uno no es de donde nace si no de donde pace, pero a veces, uno se siente  latido de un lugar y no de otro. Nací en una ciudad maravillosa que es donde llevo viviendo toda mi vida, pero si tuviera que elegir un lugar, del poco Mundo que conozco, me quedo sin duda, con el pueblo donde nació mi madre y a donde voy cada vez que puedo.

Recuerdo cuando era niña y me preguntaban que a dónde iba de vacaciones, yo orgullosa les decía: ¡yo me voy a mi pueblo!...luego siempre tenía que explicar que no era mi pueblo si no el pueblo donde nació mi madre, que yo nací en Mérida y de eso también me siento muy orgullosa. Pero tener un pueblo al que ir  de vez en cuando, es otra cosa. Sé que el sueño  de la gente es tener unos días de ocio bajo el sol y las playas, comer marisco y pasear por esos  paseos inmensos mientras a lo lejos el rumor del mar les hace de banda sonora. Disfrutar con esas puestas de sol dignas de una postal, fotografiar cada momento para retenerlos en el tiempo y que sirvan de melancólicos recuerdos, que más bien sirven para echar de menos esos mágicos momentos de asueto que pasan, con razón, demasiado pronto.  Yo también he disfrutado el mar y sin embargo no me muero por volver, cosa que no me ocurre cuando voy a “mi pueblo” y regreso a la realidad de mi vida en la ciudad donde habito.

Tener un pueblo, es tener una propiedad sentimental arraigada al alma, que es mucho más valiosa que si poseyéramos el pueblo en sí, si es que hay alguien dueño absoluto de uno. Saber que perteneces también a ese lugar, donde puedes volver y perderte. Un lugar donde puedas sentirte parte de él es, sin duda alguna, un regalo maravilloso que la vida te da sin pedirlo y que a medida que te vas haciendo mayor lo descubres como un rincón mágico donde poder desconectar y asombrarte de los latidos que la naturaleza te regala. Es un misterio para mí el poder mágico con que el pueblo envuelve mi ánimo. La naturaleza exultante, los olores, la luz, los colores, su agua, el silencio, sus gentes, cada callejita, sus plazas, las noches, los cielos estrellados, sus fuentes incesantes…un Todo envuelto en el papel de regalo de un tiempo maravilloso que guarda miles de recuerdos y que florecen a pesar del tiempo remoto en una sonrisa aún infantil.

Y luego está el reencuentro con sus gentes, las que viven allí y las que regresan como yo a desenvainar las ganas y lucharlas con las horas estivales o los rezos de semanas santas, los amigos que lo son en la distancia y en la cercanía intermitente de los años…

Pero aún no os he dicho qué pueblo fantástico es, qué hermosos parajes arropan al pueblo que me enamora y por el que mi corazón sigue y seguirá unido siempre. Este pequeño lugar se asienta a los pies de una majestuosa montaña, Jálama, en nuestra hermosa Sierra de Gata, aunque ahora intente reponerse del devastador incendio, o incendios que la acosan cada verano. Y “mi pueblo” no es otro que Acebo, que alimentado por sus ríos no pierde el verdor durante todo el año, donde venidas de todas partes de Extremadura disfruta la gente cada verano de sus magníficos paisajes, aguas y fiestas. Donde, cuando al caer la noche, parece detenerse el tiempo…

Así es,  yo tengo un pueblo maravilloso al que ir , y tú, ¿tienes un pueblo?

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