La rebeldía pacifista del escritor acebano Jesús Alviz

Jesús Alviz Arroyo dejó, con su ausencia, un profundo vacío en el mundo literario extremeño y nacional; pero en un corto periodo de tiempo nos regaló una extensa producción literaria que se ha convertido, con los años, en obras maestras
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El autor acebano Jesús Alviz

Jesús Alviz Arroyo

Jesús Alviz Arroyo es uno de uno de los grandes escritores extremeños contemporáneos. Nació en Acebo en 1946 y falleció el 9 de noviembre de 1998 en Cáceres.

Inició su labor narrativa con una novela autoeditada titulada Luego, ahora háblame de China en el año 1977, a la que le siguieron títulos como He Amado a Wagner (1978), El Frinosomo vino a Babel (1979), Calle Urano (1981) o Trébedes (1982). Después de Trébedes Jesús Alviz se centró en el teatro, campó en el que destacó como un gran dramaturgo. Su primera obra de teatro se tituló Un Solo Son en la Danza (1982) que fue accésit del Premio Calderón de la Barca. Posteriormente publicó Inés María Calderón, virgen y mártir ¿Santa?, ¡Qué más da! (1982), El futuro no Existe (1990), !Pasen y Vean¡, que forman parte de Trilogía Light I, II y III; Wallada (1991) con la que obtuvo el Premio Certamen de Autores de Teatro de la Comunidad de Madrid. Con el tiempo volvió a la narrativa y publicó Concierto Ocarina (1986), Española dicen que es (1992) y su obra póstuma El Fuego Lento del Hinojo (2000).

Jesús Alviz Arroyo fue un autor literario adelantado a su tiempo, que se rebeló contra una sociedad, la española de los años sesenta y setenta, que se enfrentaba a un mundo en tecnicolor; mientras ella seguía funcionando en un blanco y negro pasado de moda. Se rebeló contra las normas sociales, sexuales y pseudoéticas de una España en transición a la que le costaba romper las cadenas que la aprisionaban.

Alviz manejó de una manera excepcional el lenguaje; su formación universitaria, Filosofía y Letras, le ayudó a manejarse en una época y en un campo limitado a un reducido número de autores. Sus planteamientos rupturistas e innovadores le abrió las puertas de un mundo, el literario, que se encontraba en un complejo proceso de transformación; aunque como él bien dejó constancia en algunas de sus obras le costó gran trabajo que sus obras fuesen aceptadas por editores y por la sociedad; motivo éste por el que inicialmente se vio obligado a autoproducirlas; que en el fondo no deja de ser una de las muchas formas de protesta pacífica frente a aquellos que deciden si una obra se publica o no, y que en numerosas ocasiones priorizan los intereses comerciales frente a los literarios.

Jesús Alviz Arroyo dejó, con su ausencia, un profundo vacío en el mundo literario extremeño y nacional; pero en un corto periodo de tiempo nos regaló una extensa producción literaria que se ha convertido, con los años, en obras maestras.