lunes. 20.03.2023

Memoria antifranquista del Bajo Llobregat publicará un especial de la represión franquista en Extremadura

El investigador y escritor serrano Jesús Carlos Rodríguez Arroyo publicará su investigación sobre la figura de Josefa Mogín Leirado, "una de las pocas mujeres --en palabras del autor-- que se atrevieron a participar activamente en política". Según añade Rodríguez Arroyo "su partido (de Josefa Mogín) tenía en toda España tan sólo a 175 mujeres en cargos directivos. Josefa era probablemente, la única en toda Extremadura". La revista recogerá trabajos de la mayor parte de estudiosos e historiadores que han trabajado sobre este tema. Rodríguez Arroyo resume para los lectores de SierradeGatadigital su estudio

Josefa Mogín Leirado era hija del secretario de Alfonso XII del que conoció de primera mano las múltiples infidelidades de un Rey que representó el ocaso de una monarquía impuesta en los últimos tiempos a la sociedad española y que en nada representaba el sentir mayoritario del pueblo español.

De origen gallego se educó y formó en la Villa y Corte donde conoció a su posterior marido el médico, Eduardo Povedano Bornas.

Fue una mujer adelantada a su tiempo, representando una excepción dentro de la burguesía madrileña. Su futuro marido, médico de profesión y con una amplia cultura, procedía de un estrato social bastante humilde poseyendo ella la fortuna económica que les daría a ambos una gran independencia en el futuro.

Eduardo Povedano Bornas obtuvo la plaza de médico en Granada, la cual permutó con un amigo suyo que ejercía en Extremadura, fue entonces cuando la familia se trasladó a la localidad extremeña de Villamiel, población que cautivó a Josefa Mogín ya que le recordaba a la tierra de sus padres, Galicia.

Sus padres, Ventura Mogín y Caldeiro y Rosa Leirado y Becerra eran naturales de San Martín de Olleros y de San Juan de Muros. La familia residía en Madrid en la calle visitación nº 8.; Josefa compartía este domicilio, además de con sus padres, con su hermana María de la Concepción Mogín y Leirado. Siendo madrina del hijo de ésta, Ciriaco, que fue bautizado en la parroquia madrileña de San Sebastián el ocho de agosto de 1897.

Muy pronto Josefa chocaría con los representantes de la oligarquía agraria local de Villamiel, en especial con el sector femenino de la misma que se concentraba entorno al partido de la Derecha Local Agraria Femenina que se había constituido en esa localidad el veinte de julio de 1933.

Durante mucho tiempo mantuvo la apariencia de una convivencia normal con su marido aunque éste le era infiel y ella era consciente de ello; ya que sabía perfectamente que su marido tenía dos amantes en la localidad que eran hermanas. Convivieron bajo el mismo techo hasta el final de los días de su marido, aunque no compartían el lecho conyugal desde hacía varios años.

Fruto de su matrimonio fue el nacimiento en 1903 de su único hijo Eduardo Povedano Mogín, quien se educó en un ambiente aburguesado de pueblo de provincias, contando con infinidad de privilegios que a los niños de su edad en Villamiel les estaban vedados. Debido a sus estudios se trasladó a Salamanca donde inició la carrera de medicina y donde compartiría aula con otro vecino de Villamiel, Pedro Escudero Gundín, con el que forjaría una estrecha amistad que en el futuro le sería de gran ayuda.

Josefa Mogín Leirado fue de las pocas mujeres en Sierra de Gata que participó activamente en política. Junto con su hijo Eduardo Povedano fundaron el cinco de mayo de 1936 una sección del Partido de Izquierda Republicana en la localidad de Villamiel, convirtiéndose ella en tesorera del citado partido.

Josefa fue la mujer que bordó la bandera tricolor de la República en Villamiel, la cual colgó en el balcón de su casa. Esos conocimientos sobre todo tipo de bordados intentó enseñárselos a algunas de sus discípulas; ya que impartía clases en su hogar a aquéllas personas menos favorecidas, además daba clases de escritura, lectura, etc.

A medida que el ambiente político se enrarecía y la crispación social iba en aumento su marido no paraba de advertirle que de faltar él, ella podría llegar a tener serios problemas, e incluso llegó a temer por la vida de ella.

Efectivamente así sucedió. Nada más producirse el golpe de estado las fuerzas reaccionarias locales subieron a su casa a buscarla. Por esas fechas contaba con unos cincuenta años. Su nuera, que era la única que estaba presente en ese momento en la casa, no pudo evitar la detención.

Su hijo Eduardo Povedano se encontraba detenido en la cárcel de Cáceres, estaba acusado de ser masón y socialista además de secretario de la Casa del Pueblo de Villamiel y organizador de un comité de Izquierda Republicana. También se le acusaba de ser un sectario y de cuantos hechos se cometieron contra la propiedad por los elementos de la Casa del Pueblo. Se consideraba que era desafecto a la causa Nacional. Incluso se le acusaba de haber Intentado formar una logia masónica en Cáceres en 1933. Por todas estas acusaciones pasó varios años en la cárcel hasta que fue amnistiado definitivamente el siete de noviembre de 1945 según sentencia del Tribunal Especial de Represión de la Masonería y el Comunismo.

A la nuera de Josefa Mogín la convencieron mediante engaños de que tan sólo la iban a llevar detenida a la cárcel de Coria para que prestase declaración. Pero antes de trasladarla a ese penal la afeitaron en seco le hicieron beber aceite de ricino y la pasearon por las calles de pueblo realizando el saludo fascista. Sus captores no tuvieron reparo en pasearla por delante de su casa en semejante actitud.

Los presagios que aventuraba su marido se cumplieron tal y como él vaticinó antes de su muerte. Eduardo Povedano Bornas había fallecido unos meses antes debido a una neumonía que contrajo al asistir en un día de fuertes lluvias a un vecino enfermo y al tener que dormir en un refugio de montaña con su ropa mojada. Él era una persona de extraordinaria inteligencia, muy apreciado por el vecindario de las localidades de Sierra de Gata; ya que asistía a cualquier vecino aunque no tuviese dinero para pagarle. Ese comportamiento era fruto de su formación masónica que puede que fuese adquirida cuando cursó un año de la carrera de Filosofía y Letras antes de hacerse médico. El día de su muerte les dijo a sus familiares que no quería que sonase ninguna campana de la iglesia, ni que se le enterrase en ningún cementerio religioso o con símbolos religiosos.

En la nota que enviaron las fuerzas afines a los sublevados al Gobernador Civil advertían que a Josefa no la enviaban a la cárcel de Coria por el momento ya que se encontraba enferma al haber sido capturada en el monte con una pistola y seis cartuchos. Esto era totalmente falso y tan sólo fue una excusa para encubrir las vejaciones y torturas a las que había sido sometida. Aunque realmente parece ser que sí llegó a la cárcel de Coria; pues una vecina de esa localidad la asistió durante bastante tiempo y como gratitud Josefa le regaló un camisón bordado por ella y alguna joya. Se cree que fue sacada de la cárcel junto con el alcalde de Coria, Vicente Lisero, y asesinada y enterrada en una fosa común en la localidad de Aceuche junto a otras personas.

El caso de Josefa Mogín Leirado es probablemente uno de los muchos que se dan en la geografía española, donde según algunas estimaciones existirían alrededor de unos setenta y cinco mil restos de personas enterrados en infinidad de fosas comunes.

Empero hay una serie de diferencias que lo hacen especial; ya que fue una de las pocas mujeres que intervino activamente en la política de la época desde partidos de izquierda en Sierra de Gata. Tan sólo en Valverde del Fresno existió una agrupación del Partido Socialista única y exclusivamente compuesta por mujeres “La Emancipación”. En ninguna otra localidad de Sierra de Gata hubo mujeres que ostentasen cargos directivos en los partidos políticos de izquierdas.

Las candidaturas femeninas en las diferentes elecciones que se desarrollaron durante la II República fueron muy escasas en términos generales Los nombres prominentes de aquéllas que participaron en política y que han llegado hasta nuestros días han sido los de Margarita Nelken, Victoria Kent, Clara Campoamor, Dolores Ibárruri, Catalina Salmerón, Dolores Rivas Cherif, María Mayol, Magda Donato, Belén Sárraga y el de la ministra Federica Montseny.

Las mujeres de esa etapa no sólo tuvieron que luchar contra la mentalidad de la época, en la que se veía mal su intervención en el mundo de la política; sino que además sufrieron la indiferencia de muchos de sus compañeros de partido y la acaparación de los principales puestos directivos en los partidos que militaban por sus camaradas masculinos.

Pero si raro fue la participación de mujeres en la política nacional; más extraña es, como se ha indicado, la participación de éstas en la política local de Extremadura y sobre todo desde la órbita de partidos políticos como Izquierda Republicana que, según un dirigente del Partido Comunista de España (P.C.E.), en 1936 contaba con tan sólo 175 mujeres militantes en toda España. Por todo ello el caso de Josefa Mogín Leirado es una excepción que ha permanecido demasiado tiempo olvidado y que merece la pena ser descubierto.

En la persona de Josefa Mogín Leirado confluyeron al menos seis factores que fueron determinantes para que se convirtiese en uno de los personajes claves a eliminar por las fuerzas afines a los golpistas en Sierra de Gata: era mujer, militaba en un partido de izquierdas, tenía un buen nivel cultural e intelectual, participó activamente en las últimas elecciones democráticas que hubo en la década de los años 30 en España, gozaba de independencia económica y tenía un elevado ascendiente sobre los obreros locales.

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