El hombre que hablaba con la mirada

Leoncio Izquierdo es profesor de la Escuela de Mayorales del Centro de Formación del Medio Rural de Moraleja. Por sus manos han pasado 180 jóvenes que, tras nueve meses, como si de un parto se tratara, han salido transformados en mayorales de reses bravas

Sara Fontán, directora de esta casa, posa contenta con Leoncio Izquierdo
Sara Fontán, directora de esta casa, posa contenta con Leoncio Izquierdo

El silencio en el manejo de ganado es fundamental para mantener a los animales tranquilos y poder trabajar con ellos de forma segura. Existe un código, un lenguaje de signos y gestos, que sólo los expertos conocen y entre ellos, el mayor, el toledano Leoncio Izquierdo. 

Leoncio es profesor en el curso de Mayorales de Reses Bravas puesto en marcha por el Centro de Formación del Medio Rural de Moraleja en el año 2004. En aquel entonces el centro de la comarca competía con su homólogo de Navalmoral para impartir este curso, único en España. Finalmente, la balanza se inclinó hacia Moraleja y desde entonces 180 jovenes se han formado como mayorales de reses bravas. 

Cada curso tiene quince plazas y cada año hay una larga lista de espera para acceder a él. Todos los aspirantes son entrevistados por Leoncio Izquierdo que, con su ojo y experiencia, realiza la criba. “No sirven para mayorales aquellos jóvenes aficionados a las corridas de toros, como tampoco sirven los que vienen hasta nosotros llamados por la moda; sólo serán buenos mayorales aquellos otros que sientan pasión por el campo”. Y es que como bien dice Izquierdo la profesión de mayoral está de moda. 

Este año en Moraleja estudian alumnos de otras Comunidades Autónomas como Navarra, Castilla La Mancha,  Castilla León y el resto de Extremadura e, incluso, de otros países como es el caso de Francia. Pero aquí han venido, en años anteriores, alumnos procedentes de México o Inglaterra. Leoncio recuerda el caso de este mexicano formado en Moraleja que ahora se dedica a impartir clases magistrales en su país, donde la afición taurina es profunda pero donde carecen de grandes expertos. O el caso de aquel otro inglés que tras obtener su título en Moraleja comenzó a trabajar en la ganadería gaditana del Marqués de Domeq y ahora se dedica al taurismo. 

Las herramientas de cualquier mayoral son dos: los mansos y los caballos y ambas debe dominar con maestría. Los alumnos en Moraleja no solo aprenden a cabalgar, a montar y a desmontar el caballo en marcha sino también a domarlo. Un buen mayoral “debe ser capaz de predecir los movimientos que va a hacer el animal, debe conocer su salud solo con observar sus andares y debe tener también la cabeza muy bien amueblada”, reflexiona Leoncio. 

Leoncio trabajó durante más de 20 años para una ganadería madrileña que pastaba en las dehesas toledanas. En 1999 falleció el propietario de la ganadería y todo cambió. Cuando sus herederos vendieron el hierro original que Izquierdo había ido creando junto con su propietario e introdujeron un ganado diferente, Leoncio dejó de estar a gusto y decidió abandonar su puesto. Su familia siempre pensó que Leoncio se llevaría con él sus conocimientos a la tumba y, sin embargo, desde 2004 ha formado 180 jóvenes de distintas nacionalidades que han encontrado en esta profesión su futuro. 

Los alumnos de Leoncio Izquierdo, tras nueve meses con él, son capaces de adivinar lo que reclama su profesor solo con un gesto de su cana cabeza o su mirada y no son pocas las madres de estos jóvenes que llaman al mayoral para agradecerle la labor que realiza con sus hijos y la transformación que ejerce sobre sus talantes. Modesto y duro de carácter siempre declina cualquier autoría sobre este cambio en los jóvenes y muchas, muchas veces tiene que escuchar de las progenitoras: “Pues no habrá sido usted pero en mi casa solo se escucha su nombre”. 

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