ACEBO. Capital del encaje de bolillos (II)

Los primeros encajes de bolillos de Acebo, eran sencillos. En ellos se trabajaba a la vez el fondo y los motivos, repitiéndose estos a lo largo de la banda. Bandas estrechas, por lo general, desde un centímetro a doce, con hebra blanca y sólida, que, tal vez, tuvieran su inicio en el siglo XIII, allá cuando los reinos de Castilla y León decidieron un destino común o, mucho antes, cuando las familias musulmanas se establecieron en Sierra de Gata, corriendo el siglo VIII

Os decía en el artículo anterior (1) que cuentan las crónicas que el encaje cacereño  comenzó a elaborarse a finales de la invasión árabe, cuando el imperio asturleonés avanzaba implacable, alentado por el mito legendario del rey Pelayo y el impulso espiritual del apóstol Santiago Matamoros. Añadía, además, que algunos cronistas aseguraban que Acebo fue la primera localidad extremeña en la que se trabajó este arte basado en finos hilos que se entrelazan en torsiones, trenzados y enlaces.

La abundancia de encajes policromos a permitido asegurar, sin lugar a dudas, que encajes de oro y seda, llegaron a España a través de los judios y los árabes de Granada y Sevilla con el nombre de morescas.

Hice mención de la Escuela de Acebo y de los encajes de bolillos datados a partir del siglo XVI. Dije también que destacó, en un principio, esta escuela por ser típicos de ella los encajes del género denominado “torchón”, que recibieron el sobrenombre de “Encajes de Acebo”, por ser esta localidad la que con mayor ahínco y esmero los fabricó y la que los dio a conocer por todo el territorio castellano y extremeño.

No sabemos con exactitud cuando acaeció la fundación del lugar  del Acebo y si en este mismo sitio hubo algún asentamiento anterior. Todo hace pensar que, lo que es hoy su término municipal, fue lugar de tránsito frecuente de vetones y lusitanos, como fue zona de paso de romanos y musulmanes (árabes y bereberes), los cuales pudieron tener campamentos, más o menos estables, tipo alquerías, para el control de los caminos, reposo del caminante y avituallamiento de  comida, agua y caballos.

Pero también tiempo de reposo de las familias en los valles dominados por las almenaras y las atalayas, cuando los arduos guerreros vigilaban las laderas salmantinas desde el Castillo Viejo de Jálama y se afanaban en enviar señales al Castillo de Trevejo. Centinelas que fueron desde la Atalaya de Acebo para dar aviso a los valles del sur de la Sierra.

Quien sabe si, mientras estos hombres de piel morena amenizaban las veladas con cuentos y leyendas, sus mujeres se dedicaban al hermoso arte de las morescas y la  pasamanería, resguardadas en sus casas del duro y largo invierno serragatino. Harían cierta, entonces, la tradición que supone que el encaje en España es de origen árabe, dejándonos en prenda la almohada (almohadilla), negándoles la esencia a la noble Venecia y al mundo flamenco.

De ahí que se hable en Acebo de este monte de la Atalaya o de la zona del Maragil, (Almaragil), como zona de reposo, antes de tomar las cañadas acebanas para atravesar la Sierra, posiblemente por el Teso Porra, que recibiera el ilustre nombre de Pico de Almanzor. Ahí la toponimia hispano árabe para la carrera que va del Puente de Guadalcil a Ciudad Rodrigo (Carreciá – carretera a la ciudad), pasando por el Puerto de Perales o de atravesar el río Cervigona o de Jálama por el Puente de la Calzada, como lugar donde parece que existía una alquería romana (Aceridus), al paso de la calzada de la Dalmacia en su transcurrir hacia Gata.

Algunos estudios apuntan a que los encajes Punto de España se elaboraban en las juderías de Toledo, entre los siglos XII al XV, perdiendo nuestro país su centro exportador con la expulsión de los judios. Esto provocó una total caída de las exportaciones y, lógicamente, la fuerte importación de este producto, que tuvo que ser regulada por Ley.

También Acebo tuvo presencia judía en el antiguo barrio conocido como de La Torrita, donde se dice tenían sinagoga y guardaban culto a sus muertos a las afueras del pueblo, en un cementerio situado en el actual barrio del Cristo, junto a la hoy ermita del Cristo (del Humilladero), donde un crucero del siglo XIV indica el camino de entrada al pueblo.

Pudo ser Alfonso IX Rey de León (1188-1230) quien diera sentido a los leones grabados sobre las canchaleras de Jálama o bien su antecesor Fernando II (Rey de León 1157-1188), quien lanzara las primeras incursiones sobre la Sierra. Es posible que Acebo, en su emplazamiento actual, fuera repoblado con anterioridad al año de 1195, cuando los pueblos de Sierra de Gata comenzaban a palrar asturleonés.

De todo, esto tenga usted por seguro, que con el nombre de El Azevo aparece por primera vez documentado en la carta puebla de Villamiel de 1235, cuando este delimita su linde con Acebo. Esto asegura que existía con anterioridad a esta fecha. También avanzo, por el interés que tiene para lo que tratamos en este artículo, la fecha de comienzo de la construcción de la iglesia parroquial, que fue en 1508 (s.XVI).

Las mujeres de Acebo, agrupadas en la calle durante el buen tiempo y de casa en casa cuando la climatología les era adversa, trabajan este arte de fino hilo desde muy antiguo.

Mucho antes del siglo XV, siglo en que se datan los primeros escarceos sobre el encaje de bolillos, las mujeres de Acebo colocaban la almohadilla preñada de bálago sobre sus piernas. Prendido sobre ella un dibujo picado, o patrón de ayuda, para dirigir los hilos en hermosas tiras de redecillas geométricas, que eran empleadas para el ajuar doméstico, adornos de sábanas, mantelerías, toallas, camisas, enaguas, ropa interior de mujer, cortinas e, incluso, para los famosos trajes charros.

Eran encajes del género torchón, llamado también Encaje de Acebo, destinados a ser cosidos en tela. Uno de los encajes de bolillos más antiguos de los que se conocen, en el que se visualizan formas geométricas.

Encajes sencillos en los que se trabajaba a la vez el fondo y los motivos, repitiéndose estos a lo largo de la banda. Bandas estrechas, por lo general, desde un centímetro a doce, con hebra blanca y sólida y que, tal vez, tuvieran su inicio en el siglo XIII, allá cuando los reinos de Castilla y León, decidieron un destino común o mucho antes, cuando las familias musulmanas se establecieron en Sierra de Gata, corriendo el siglo VIII.

Tal vez por eso la Escuela de Acebo tuvo influencia castellano-leonesa, aunque predominara la creación local en el diseño de los dibujos de los picados o patrones. Temas ornamentales, finos y complejos, que definen esta Escuela al abandonar las formas geométricas, más antiguas, en pro de otro tipo de dibujos propios y singulares.

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Arquitectura frágil y florida,
frágil como un poema,
florida como un prado
"por el influjo de la primavera"
¿Te ríes de la cita? Muy mal hecho;
para ser encajera
concienzuda y artista
hay que tener erudición poética.
Yo aprendo de los sonetos de Petrarca
á tejer más perfectas
las rosas de mi encaje,
y pensando en las trenzas
de Laura, cuando muevo los palillos,
suelo soñar que suenan
á palabras de amor que alguien suspira
para mí.
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1.- Puerto Rodríguez, Julián. “ACEBO. Capital del encaje de bolillos” (I). Sierra de Gata Digital del 16 de septiembre de 2014.

2.- Foto 1. “Acebo. Arte de bolillos”. Taller de encajes de bolillos de la señora Ramira Puerto Moreno. Foto Café Bar Trébedes.

3.- Foto 2. Portada con encajeras acebanas en un folleto de publicidad del proyecto Leader. Mancomunidad Sierra de Gata. Foto cedida por el Café Bar Trébedes.