ACEBO. Capital del encaje de bolillos (VIII)

No hubo mujer acebana alguna que saliese, de manera permanente, a las tareas del campo más que para la campaña del aceite y el vino. Todas ellas  quedaron prendidas a la almohadilla para, sobre picado de cartón, dibujar excelentes trabajos de encajes de bolillos en torchón, guipur, brujas y otros muchos que aprendían desde niñas

CARTEL PARA LA EXPOSICIOìN UNIVERSAL DE SEVILLA. Edita. Ayuntamientos de la Comarca Sierra de Gata 1992 copy
CARTEL PARA LA EXPOSICIOìN UNIVERSAL DE SEVILLA. Edita. Ayuntamientos de la Comarca Sierra de Gata 1992 copy

Propone Cristóbal de Castro, escritor y periodista de Nuevo Mundo, que se aproveche la recién creada Junta de Iniciativas, del Gobierno de Eduardo Dato, para convocar en España un congreso español de industrias encajeras. La Junta de Iniciativas, creada precisamente para acometer e impulsar la economía española en plena guerra mundial, fue presidida por Juan de la Cierva y Peñafiel desde su inicio (1).

La Junta de Iniciativas fue creada el 18 de septiembre de 1914 por Real Decreto, firmado por el Presidente del Gobierno Eduardo Dato, con la intención de remediar las dificultades que plantea para la vida nacional la Primera Guerra Mundial. Surge una preocupación creciente por la pérdida de mercados internacionales para la venta de muchos productos españoles, una vez que se ha visto interrumpida la exportación. Otro tanto sucede con la importación, poniendo en riesgo el abastecimiento de primeras necesidades. Todo ello hace indispensable, a juicio del Gobierno, la creación de un órgano que funcione mientras perduren las actuales circunstancias y se haga cargo de los conflictos que origine a la producción nacional la guerra europea.

Este órgano sería la Junta de Iniciativas compuesta de un Comisario Regio con funciones de Presidente, que sería el mentado Juan de la Cierva, y de un representante de cada uno de los ministerios de Estado, Guerra, Marina, Hacienda, Gobernación y Fomento.

Juan de la Cierva no preside un encargo cualquiera, sino una institución a través de la cual tiene que coordinarse con el Jefe de la Sección de Comercio del Ministerio de Estado, el General Jefe de la Sección de Artillería (Guerra), el Director General de Navegación, el Director General de Aduanas, el Director General de Administración y el Director General de Comercio.

Esta Junta de Iniciativas es la que acepta, en principio, el encargo de estudiar el mercado nacional e internacional de encajes de bolillos, su oferta y su demanda, y el proyecto de Exposición Nacional de Encajes.

Se trata de una industria esencialmente femenina, explica el cronista, y por eso nos interesa preferentemente. El medio de vida de centenares de mujeres está por los suelos y el revivir de esta industria encajera podría dar un medio de vida digno a miles y miles de españolas.

Ahí duele el abandono de esta artesanía, la incapacidad para promover puestos de venta y abrirse paso en el mercado industrial, el olvido del museo del encaje de bolillo, que prometió Carlos Floriano en 2008, para recordar la singularidad y las raíces de una localidad como Acebo, la ausencia de publicaciones acebanas con los patrones o picados propios, la incapacidad para convocar encuentros anuales de encajeras… ¡Cuánto tiempo perdió la historia por los montes de esta Sierra!.

Tiene tan claro, el periodista citado anteriormente, que el futuro que ofrece la industria del encaje, será capaz de fomentar el trabajo femenino, que no sólo brinda las páginas del periódico a tal fin sino que se compromete a hacer llegar, este número citado, a todas las manufactureras de encajes españolas, escribir cartas a los fabricantes y, además,  proponer el proyecto de Exposición Nacional de Encajes a la Junta de Iniciativas de Juan de la Cierva. Todo esto llegará también al pueblo de Acebo, como veremos más adelante.

No hubo mujer acebana alguna que saliese, de manera permanente, a las tareas del campo más que para la campaña del aceite y el vino. Todas ellas  quedaron prendidas a la almohadilla para, sobre picado de cartón, dibujar excelentes trabajos de encajes de bolillos en torchón, guipur, brujas y otros muchos que aprendían desde niñas.

Las reacciones, sorprendiendo a propios y extraños, no se hicieron esperar. El propio Presidente de la Junta de Iniciativas, Juan de la Cierva, manifestó la gran utilidad económica y social que supondría el organizar una Exposición Nacional de Encajes.  

Cristóbal de Castro se felicita por la singular fortuna, entusiasmo e interés con que ha sido acogida la propuesta de la Exposición Nacional de Encajes, tanto por la Junta de Iniciativas, como por varios periódicos y por algunos técnicos y fabricantes españoles. Se trata “de organizar la industria encajera pronto y bien, teniendo en cuenta que la guerra ha destruido las principales manufacturas belgas y francesas y perturbado las inglesas y alemanas (…). La Exposición que se proyecta será una especie de revista general donde veremos lo que producimos, en que forma y lo que necesitemos producir para sustituir a las industrias similares arrasadas (por la guerra)… También se halla en estudio el “Salón de restaurar encajes”, presentado por la profesora Ballinari Rettazini” (2).

La Voz de Galicia no se hizo esperar y se lanzó a la campaña propuesta. No solamente la apoya el periodista Alejandro Barreiro, sino también el estudioso del encaje gallego de Pontedeume (Coruña), Valeriano Villanueva.

En estos momentos (1914), ya el encaje gallego había adquirido un gran prestigio y, aprovechando las posibilidades que le ofrecían sus puertos de mar, se había constituido en un negocio más que digno. No obstante, al igual que en Acebo, tampoco es despreciable la venta a lo que se denominan acaparadores, agentes intermediarios que compran a bajos precios los encajes y luego los venden. Estamos hablando  de una cantidad económica anual que asciende a 300.000 pesos oro. A esto hay que añadirle entre 1.100.000 pesetas y 1.500.00 pesetas que, según el año (1892-1914), se ingresan por exportaciones a Cuba, Argentina y Méjico, principalmente.

Las mujeres gallegas obtienen, a principios del siglo XX, un rendimiento diario de 0,35 céntimos de peseta, para las aprendices, y 2,25 pesetas para las que dominan los bolillos.

Aunque el encaje gallego es muy antiguo, no siempre la exportación al extranjero, que ahora se produce, fue así.  Hasta finales del siglo XIX la producción de encajes se reducía a la elaboración casera, con ello adornaban sus propios vestidos y ropa de casa, produciéndose algún encargo aislado para familias pudientes que los demandaban para bautizos, ajuar de novia o algún que otro capricho que su economía les permitía.

Los vendedores de encajes de Mugía y Camariñas se repartieron por toda España, pasada la primera mitad del siglo XIX. De pueblo en pueblo, calle a calle y casa por casa, iban vendiendo el producto. Luego llegó la venta en los mercados americanos, convirtiendo la pequeña producción en una industria que, sólo en el partido de Corcubión, llegó a ocupar más de 8.000 mujeres. Una historia tan parecida a lo acaecido con las encajeras acebanas, que podría ser la misma, tan dados como eran los acaparadores de estos productos a vender la mercancía de esta localidad serragatina con etiquetas de Camariñas y Almagro.

En 1914 mantiene una reunión el escritor y periodista Cristóbal de Castro con el Presidente de la Junta de Iniciativas, Juan de la Cierva, donde este le manifiesta que “el Gobierno está decidido a apoyar y llevar pronto a realidad la idea de la Exposición (Nacional de Encajes), a la que se concederá toda la importancia que merece… para lo cual, uno de estos días, quedará constituida la comisión organizadora…” (3).

Por esos años se estilaba el punto de Inglaterra, randa o tul, y el punto de Bruselas fabricados a máquina rematado con flores de encajes de bolillos hechas sobre almohadilla para velos de novia y grandes volantes. El encaje de Malinas basado en redes de mallas redondas y flores para vestidos claros y ropa blanca. El Chantilly blanco o negro, parecido a las antiguas mantillas de blonda. El de Valenciennes para ropa interior y de casa. El Mirecourt de hilo blanco y dibujos geométricos, parecido a los encajes de Almagro. Los guipures del museo de Cluny, muy de moda en este principio del siglo XX, encajes hechos a bolillo, en la almohadilla, sin randa ni redes pero si con los dibujos unidos por trenzados. (4).

Asegura el investigador Valeriano Villanueva que, efectivamente, en España se trabaja mucho el encaje de bolillos, pero de modo industrial y para la venta sólo se hacen encajes a mano en algunas zonas de Cataluña, en Almagro y en la provincia de La Coruña, principalmente de Camariñas a Finisterre. Olvidó las localidades cacereñas de Acebo y Acehuche, que serán incluidas más adelante como zonas importantes de estudio por su laborioso encaje de bolillos.     

Y es que la idea lanzada por el polifacético escritor Cristóbal de Castro caló rápidamente, como tenemos dicho,  en la Junta de Iniciativas e, inmediatamente, el director de Nuevo Mundo, Nicolás María de Urgoiti ( 1869-1951), dio el visto bueno para que el periodista Miguel España, acompañado del fotógrafo Fernando del Río partieran primero para Galicia, con el objetivo de estudiar la producción y exportación, pasada y presente, de los encajes de bolillos y poder preparar la Exposición Nacional de Encajes que ha de convertir en mercados propios aquellos que la crueldad ciega y frenética de la guerra mundial dejó sin proveedores, con la destrucción de las famosas fábricas de manufacturas de Manilas y Bruselas, entre otras.

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1.- Gaceta de Madrid, número 262, del 19 de septiembre de 1914.

2.- Castro (de), Cristóbal. “Arte y utilidad. Trabajo para las mujeres. Exposición Nacional de Encajes”. Nuevo Mundo. Año XXI. Número 1.086. Página 14. Sábado 31 de octubre de 1914. Biblioteca Nacional de España.

3.- “Exposición Nacional de Encajes. La industria encajera en Galicia”. Nuevo Mundo. Año XXI. Número 1.089. Página 27. Sábado 21 de noviembre de 1914. (Nota marginal). Biblioteca Nacional de España.

4.- Villanueva, Valeriano, citado por Cristóbal de Castro. “Arte y utilidad. Trabajo para las mujeres. Exposición Nacional de Encajes”.  Nuevo Mundo. Año XXI. Número 1.086. Página 14. Sábado 31 de octubre de 1914. Biblioteca Nacional de España.

Foto 1.- Taller de Encajes y Puntillas de Ramira Puerto Moreno. Acebo. Cáceres. Segundo tercio del siglo XX.

Foto2.- Detalle del Cartel editado por los Ayuntamientos de la Comarca de Sierra de Gata, en 1992, con motivo de la Exposición Universal de Sevilla.

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