lunes. 17.06.2024

Valdárrago

Este verano, Juan Carlos García Delgado, presentó en la Sierra su obra  “Las Villas de Valdárrago: Robledillo, Descargamaría y Puñonrostro”. El autor estuvo acompañado por el historiadior Domingo Domené y el periodista Teresiano Rodríguez que alabaron de forma  unánime la labor de investigación llevada a cabo por el autor

Público asistente a la presentación de Robledillo de Gata
Público asistente a la presentación de Robledillo de Gata

No puede entenderse la historia general de los reinos y las repúblicas, sin valorar la importancia que sobre ellos tiene la historia local, pues se escribe aquella sobre los hechos acontecidos en estas. Es tanto así que sin Simancas no existiría la famosa batalla que lleva su nombre. Esa que libraron los ejércitos de don Ramiro I, rey de León, con los cien mil hombres de Abderramán III, emir de Córdoba. Lo pongo por ejemplo, entre otros muchos, por ser pie e inicio, haya en el año 939, del afán repoblador asturleonés, que tanto influirían sobre los hechos acaecidos posteriormente en esta Sierra de Gata.

La importancia de la historia local radica, por tanto, en su propia idiosincrasia pero también en que, esa identidad local, forma parte de otras identidades locales con características, comunes y diferentes, que al unirlas van definiendo la historia de una comarca, una provincia, una región y una nación.

Cuando tres pueblos, como Descargamaría, Robledillo de Gata y el desaparecido Puñonrostro se unen en la historia del Valle de Valdárrago, siguen siendo ellos mismos entrelazados por un devenir histórico común que a su vez forma parte, junto a los otros cuatro valles, de la crónica de Sierra de Gata. La historia local aporta además un minucioso recorrido por las entrañas mismas de los pueblos y sus territorios, por los acontecidos de hombres y mujeres, ciudadanos y ciudadanas de ella Algo que la historia general olvida intencionadamente, enterrándolos en el contexto de los hechos narrados que basan su apoyatura en las grandes efemérides. 

Porque escribir sobre la historia de Extremadura, o de sus provincias Cáceres y Badajoz, tiene en si mismo una importancia indiscutible, pero escribir sobre la Sierra de Gata, sus valles o sus pueblos, supone un mérito impagable y un eterno agradecimiento de los que amamos esta Comarca al poner en rectos renglones, negro sobre blanco,  la historia de esta gran desconocida.

Libros como este de “Las Villas de Valdárrago”, de Juan Carlos García Delgado, que llegó a la Sierra como aire fresco de verano, van enriqueciendo la imprescindible “Historia de los hombres y pueblos de Sierra de Gata”, que presta altruistamente el maestro Domingo Domené Sánchez para todo aquel que la desee y le apetezca leer. 

Así ocurre también con otros libros y trabajos de características locales como “Descargamaría. Un pueblo de la Sierra de Gata”, de este mismo autor; “Villamiel 1610-1210” de Domingo Domené Sánchez; “Acebo. Patrimonio histórico-artístico de una localidad cacereña en la Sierra de Gata”, de Javier Florencio García Mogollón; “Apuntes históricos acerca de la Villa de Gata”, de Guerra Hontiveros; “Descubriendo Acebo” y “Represión fascista en Sierra de Gata”, de Jesús Carlos Rodríguez Arroyo”; “La cultura oral en Acebo y Sierra de Gata”, de Verónica Riego Cantero; “Apuntes de Robledillo de Gata” de Benito Hernández Rodriguez (inédito); “Escaramuzas en la frontera cacereña”, de Gervasio Vela Nieto y “Acebo. Una mirada desde Sierra de Gata”, de este autor que suscribe, por poner sólo algunos ejemplos de los trabajos publicados sobre la historia de localidades de Sierra de Gata y que con tanto anhelo recoge la Biblioteca Virtual de Sierra de Gata.

Este nuevo libro sobre las villas del serragatino Valle de Valdárrago, desde el momento de su primera distribución, ocupa un importante hueco entre los libros escritos hasta ahora y sobre los trabajos publicados sobre los pueblos, relativos a los vecinos y vecinas, de Sierra de Gata. Desde ese mismo instante forma parte de su misma historia y esta, en compensación, sabrá preservar algún volumen para estudiosos futuros cuya curiosidad les lleve por los mismos senderos y las mismas veredas.

Porque recoger en un libro la historia de estos, para algunos, pequeños pueblos de Valdárrago, hace grande el trabajo realizado sobre ellos. Trabajo movido no sólo por el continuo teclear de insaciable ordenador, sino también por un sentimiento de curiosidad, cariño y apego a una tierra. Historia salpicada de aconteceres que se pierden en la memoria de los antiguos, en cuya cotidianidad les pueden parecer hechos pequeños, pero que son grandes a los ojos del devenir histórico de una comunidad y de su Concejo. Al fin y al cabo, ellos son los que pusieron y ponen en práctica las leyes y reglamentos escritos en la cálida paz de los despachos y aprobados, en cortes y parlamentos, por hombres y mujeres que jamás esta tierra pisaron.

Es la puesta en práctica de las teorías, por los hombres y mujeres de la Sierra, para que luego sean confirmadas o modificadas. De la convivencia regida por los Concejos en las Casas Capitulares, con disposiciones aprobadas por los vecinos a golpe de campana, en la plaza de los pueblos. De las reglas observadas por las Justicias y los Procuradores Síndicos, de cuyos abusos la defensa quedaba en las lejanas ciudades de Coria y Ciudad Rodrigo o, en última instancia, en la ciudad de Valladolid, Audiencia y Chancillería Real. Del pago de pechos y repartimientos, tantas veces criticados por injustos, entre las polémicas de los vecinos del  estado general y los vecinos, hijosdalgo, pertenecientes al estado noble. De la aportación a la propiedad del común en los puentes, hornos, fuentes y caminos,…, del salario del medico o el reparto de sal. Del trashumar de ganados por la Cañada Real de Gata, la Cañada Real de Jálama o el Cordelillo. Del recogimiento religioso entre iglesias, ermitas y conventos. La vida misma, en definitiva, paso a paso, golpe a golpe.

La historia contada por Juan Carlos García Delgado es grande porque hace grande a los dos pueblos de Descargamaría y Robledillo de Gata y rememora el despoblado de Puñonrostro, del serragatino Valle de Valdárrago. Los ha metido, ya para siempre, en la caja de resonancia de la historia que, al abrirse sacia la curiosidad del incansable buscador de narraciones de viejo.

Porque todos los pueblos, incluidos los despoblados, participaron de los aconteceres de esta nuestra Sierra de Gata, aunque como tal entidad todavía no fuera. Con ello marcaron territorio en la provincia y, más allá, en la región, para no quedarse ajena en lo que en España sucediera.

Juan Carlos García Delgado sabe de estos aconteceres, del devenir histórico por los pueblos de Valdárrago. Intuye y, por eso mismo, documenta desde la edad de bronce hasta entrado el siglo XVIII. En el camino, se encuentra con vetones y romanos, visigodos y musulmanes y una tierra que primero fue asturleonesa para luego ser castellana, en un insinuante paralelismo entre la historia local y la general.

Una historia de señoríos, órdenes militares y ducados que no impiden que los pueblos de Sierra de Gata, se agarren a su vida de misa, trabajo y fiesta. 

Una historia esta nuestra que va de frente, que se paró en la Sierra, y no pasó de largo, como pasan otras muchas historias, rodeándola como si no existiera. Historias aquellas de parchís, de oca a oca y tiro porque me toca, que van de Coria a Ciudad Rodrigo, de Penamacor o Sortelha a las Hurdes, Jerte o la Vera sin saber por dónde queda la Sierra. ¿No sirve esta, acaso, nada más que para las guerras o cuando la desgracia en su mala suerte queda?.

Allí, en la presentación de este libro de “Las Villas de Valdárrago”, que aconteció en un abarrotado Salón de Actos de la Casa de Cultura de la localidad serragatina de Robledillo, corriendo el 3 de agosto del presente año, departí un buen rato con el maestro Domingo Domené. También estuvo  Teresiano Rodríguez, director que fue del Hoy, con el que tuve la suerte, además, de poder charlar amigablemente en dos ocasiones anteriores que estuvo en Getafe. El amable y dispuesto Luis Sánchez, alcalde de Robledillo de Gata. Mi ya buena amiga, Sara Fontán, directora de este excelente medio de unión y puesta en común serragatino, como es “Sierra de Gata Digital” y que coordina el “Sierra Viva” y, como no, con el maestro-sindicalista Vicente Calderita, las maestras Mª Ángeles Estévez y Olga Chaín y mi buen amigo Lorenzo Franco, que me acompañaron.  Gracias a todos por tan buena tarde.

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