EN LAS CLARAS DE PLASENCIA HASTA EL PRÓXIMO 14 DE OCTUBRE

El pintor serrano Victor Sánchez expone una retrospectiva con 20 años de historia

Más de 60 pinturas de gran tamaño y escultura en un viaje iniciático por el arte de este consumado creador. En estos momentos, el artista reside en Torrecilla de los Ángeles, donde su familia siempre regentó la discoteca del pueblo

Victor Sánchez en un doble autorretrato
Victor Sánchez en un doble autorretrato

Siempre se asocian las exposiciones retrospectivas a autores de avanzada edad. Sin embargo, este no es caso que nos ocupa. El pintor jarero Victor Sánchez, a sus 37 años de edad, ha reunido en esta muestra que ahora puede verse en Las Claras, de Plasencia, más de 60 pinturas de gran formato y esculturas firmadas a lo largo de 20 años de creación intensa.

En estos momentos, Victor Sánchez habita entre Santiago de Compostela y Torrecilla de los Ángeles donde tiene abiertos sendos talleres de pintura. En Torrecilla de los Ángeles creció y allí regresa siempre que necesita un reseteo existencial. Así sucedió en el año 2002 y volvió a suceder en el año 2011, cuando el artista necesitó alejarse del ajetreo que acompaña al mundo de la creación y fundirse con la tierra de sus antepasados. Ese año, compró una tierruca en la zona de El Toronjo y allí regresa cada tanto en busca de serenidad e introspección.

Con la retrospectiva de Las Claras el artista pone un punto y final a 20 años de trabajo entre pinceles, tinturas, telas de arpilleras, huesos y madera. Considera que dos lustros “son suficientes para echar la vista atrás y analizar lo que han venido creando hasta ahora”, declara a este digital. 

La obra de Victor Sánchez ha experimentado importantes cambios en su evolución, una evolución que no es lineal sino más bien todo lo contrario. A los trece años abandonó la plaza de Torrecilla de los Ángeles para emprender un viaje iniciático que le llevó a vivir en Cáceres, Barcelona, Lanzarote o París, entre otros lugares del planeta. 

Victor Sánchez comenzó a pintar con trece años. Impresionado por el arte sacro, sus primeros trabajos se centraban en recreaciones místicas. “Yo vivía en la Sierra de Gata y allí no había museos, el arte religioso fue el primero que conocí”, declara a este digital. Con 16 años, en Los Barruecos conoció la obra de Vostel y descubrió el arte contemporáneo. “Esta fue la cerilla que encendió la mecha de la creación en mi”, recuerda el artista jarero. Aún ahora regresa cada cierto tiempo al templo que creó el alemán, padre del movimiento Fuxus. Para él, Vostel “es un chamán no tanto en el plano espiritual como en todo lo relativo al fetiche”. “Si Vostel hubiera nacido en el paelolítico --continúa el artista plástico-- hubiera creado altares brutales con maderas y huesos igual que ha creado estos altares modernos con vehículos o cemento”. 

Poco tiempo más tarde, Victor Sánchez cambió su domicilio desde tierras extremeñas hasta la ciudad condal. Allí, tras pasar por la escuela Massana, fue aprendiz del maestro japonés Nori Ushijima, excelente retratista del que aprendió todo sobre tinturas naturales y los cánones del arte. 

De regreso a Torrecilla de los Ángeles, el pintor “aislado en la naturaleza” inició “una etapa muy simbólica, con gran presencia de árboles y animales, todo muy alejado del realismo porque comencé a pintar desde mi interior”, un interior donde siempre le indicó su maestro que hallaría su camino. 

Tras esta etapa simbólica, Sánchez regresa a Barcelona y finaliza su serie de cuadros hurdanos, retratos de paisanos de Las Hurdes que clavan en el espectador la profundidad de su mirada. Como Buñuel antes de filmar “Las Hurdes, tierra sin pan”,Victor Sánchez también consumió largas horas inmerso en la obra de Maurice Legendre, Las Jurdes: étude de géographie humaine, (1927), para crear su propio documental.

Dos años en Lanzarote, de nuevo en Barcelona y poco después en París. En esta época, la figura humana toma el protagonismo en sus telas mientras el fondo se diluye en el cuadro.

Tal como sucedió en 2002 en 2011, tras experimentar profundos cambios en su vida, regresa a Torrecilla de los Ángeles ante la llamada imperiosa de su yo más telúrico. En esa época siente la necesidad de “abandonar el aislamiento del taller y vivir más allá de la pintura”. En este sentido, su maestro ya le avisó hace más de tres lustros, cuando era su alumno y se iniciaba en el proceloso mundo del arte. “Estás a tiempo de retirarte --advertía Nori Ushijima a su joven aprendiz-- pero si continúas, prepárate para la soledad”, tal como recordaba en 2009 el pintor en una entrevista con Sara Fontán, directora de esta casa, para la publicación La Crónica de Sierra de Gata. 

Así como en 2002 encontró el refugio en el taller de pintura que ocupaba la antigua discoteca de Torrecilla de los Ángeles, en 2011 Victor Sánchez encontró en el paraje El Toronjo “mi centro vital”. “Me marché a los trece años y no he tenido una relación física con mi tierra; necesitaba sentir algo mío porque estaba totalmente desarraigado”.

Los de atrás, “han sido años muy frenéticos y no he comenzado a tener tranquilidad hasta 2013, cuando comencé a tomarme la pintura desde otro punto de vista”. Antes “estaba todo el día montado en un avión, de viaje, o metido en el taller trabajando y era todo muy frenético”. “Uno se hace mayor y las energías las tiene que gestionar”, declara. “Con 24 o 25 años --continúa-- podía hacer mil cosas: pintar, salir, viajar... La energía era increíble”. Sin embargo “ahora es otro tema, si paso cuatro noches pintando, al quinto día estoy casando”. Ahora “quiero disfrutar la pintura”. 

De un salto pero sin dejar caer la carga simbólica y fetichista que tiene su obra, Victor Sánchez pasó de la pintura a la escultura. Se trataba de nano esculturas fetiches, que apenas ocupan el cuenco de la mano. Y del fetichismo en la escultura al hiperrealismo en su última etapa pictórica. “Regresé dese la escultura a la pintura y volví mucho más académico con una pintura muy realista, con mucho mucho detalle”, declara su autor. En su opinión se encuentra “en una una etapa de transición. no creo que haga esta pintura el resto de mi vida pero necesitaba pasar por esta etapa llena de detalles, muy realista”.

A los 37 años, Victor Sánchez reflexiona y comenta que “necesitaba hacer un impass y ver mi trabajo en su conjunto y con perspectiva”. “Esta retrospectiva me viene al pelo porque es como poner un final”. 

Ahora, dejará la pintura para regresar de nuevo a la tierra, a recoger aceitunas. “Este año, declara, mi padre me ha dado las olivas y me voy a poner a recogerlas en cuanto termine la exposición”. En el campo, “son horas tranquilas y allí buscaré la inspiración”. Me lo voy a tomar con calma, el primer dibujo saldrá cuando tenga que salir. 

Quizá durante ese bateo del árbol o quizá después, iniciará un cuaderno de dibujos que comenzará cuando la musa habite sus manos. 

En su cabeza da vueltas un libro de dibujos inspirado en el arte rupestre, en las pinturas, fetiches y símbolos del hombre neandertal. El arte rupestre desde Lyon hasta el Nalón en Asturias. Como al inicio de su carrera, cuando apenas tenía 13 años, el autor regresa a la representación de la fe, de la espiritualidad, de los dioses. “Me interesa toda la evolución de la fe, del mundo espiritual en el mundo del arte hasta la Grecia clásica”, comenta.  

Esta coincidencia, este giro absoluto en su obra que tras más de 20 años le devuelve a los primeros pasos de su creación es lógico. “Cuando haces un giro de 360 grados regresas al punto de partida”. “Ahora hay que ver si salto la valla o rompo la espiral”. 

La Cita

Exposición. Retrospectiva de Victor Sánchez. Pintura y escultura

Centro de Exposiciones de Las Claras, Plasencia. Calle, Santa Clara, 2

Fechas: Hasta el 14 de octubre de 2016. 

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