EL MUSEO DEL PRADO ACOGE UNA EXPOSICIÓN MONOGRÁFICA DEDICADA AL PINTOR

Los tesoros pictóricos del Divino Morales de San Martín de Trevejo

En la iglesia parroquial se encuentran tres tablas de Luis de Morales cuya iconografía se corresponde con un San Miguel Arcángel, un Padre Eterno y Santiago el Menor

Padre Eterno de Luis de Morales. Iglesia de San Martín
Padre Eterno de Luis de Morales. Iglesia de San Martín

El Museo del Prado acoge una muestra dedicada al prolífico artista extremeño del siglo XVI Luis de Morales hasta el día 10 de enero. Posteriormente la exposición viajará a Bilbao y Barcelona. Es en Extremadura donde el artista vivió y la tierra que más obras alberga del mismo. En esta región se puede disfrutar de las obras más importantes del artista como el retablo de Nuestra Señora de la Asunción de Arroyo de la Luz. La Sierra de Gata no permanece ajena al saber hacer de Morales y la parroquia de San Martín de Trevejo guarda un tesoro del 'Divino' entre sus muros.

El autor nació en 1510 o 1511 y murió alrededor de 1586, seguramente en Alcántara (Cáceres), lugar en el que residía en 1585. No se sabe a ciencia cierta su lugar de nacimiento pero vivió y desarrolló su trayectoria artística en Extremadura. Fue, según los expertos, el pintor más prolífico e importante de toda la región durante más de 50 años. Realizó cuantiosos retablos y cuadros de altar, que vendió a sitios como Portugal, en especial a ciudades como Évora y Elvas, por su cercanía con la capital pacense. Se estableció en Badajoz en el año 1539, tras haber trabajado en Plasencia y sus alrededores. Es estas tierras se vivía un momento de intercambio cultural con artistas e influencias de Flandes y Castilla, algo que se deja notar y mucho en la pintura de Luis de Morales. El pintor era conocedor de la obra de otros artistas como Alonso Berruguete o Sebastiano del Piombo, que fueron esenciales a la hora de definir su estilo.

'El Divino Morales'

El pintor se hizo muy popular gracias a sus pequeñas tablas de temática religiosa. Morales supo adaptarse a la clientela de su tiempo ofreciendo un producto artístico devocional con una factura exquisita y muy cuidada. Se puede afirmar que su estilo bebe por un lado de las tradiciones flamencas del fines del siglo XV y principios del XVI sin olvidarse de la influencia italiana. Vive en la época en la que triunfa Rafael, pero sin embargo, él se inclina más hacia las figuras esfumadas de Leonardo colocados sobre un fondo neutro. Asimismo, conoce la obra de Miguel Ángel y se fija especialmente en sus atormentadas piedades del final de su vida. Tiene también influencias de Beccafumi y Parmesano, así como de Durero en las composiciones. Uno de sus mayores méritos fue el de captar el ambiente espiritual de la época de una manera muy sutil gracias a sus imágenes piadosas y ahí reside la clave: unas imágenes sencillas en su composición y muy cercanas al creyente que poseen gran eficacia visual una indudable carga emocional. Los personajes representados se alargan y languidecen pero permanecen erguidos. De igual modo, hay una notable carga de nostalgia en sus representaciones.

No obstante, hay muchas dificultades a la hora de conocer su formación. Se especula con viajes a Italia para conocer a los maestros del Manierismo Italiano. Otros en cambio se muestran favorables a una formación toledana con los grandes maestros Toledanos de los años 1530-40 como Juan Correa de Vivar, Francisco de Comontes. Otra posibilidad es la formación sevillana junto con el maestro flamenco Pedro de Campaña. Temas religiosos y gran delicadeza y detallismo propio de la pintura flamenca. Respecto a su estilo, es extraordinariamente minucioso, obtiene un esmaltado perfecto a la manera de los primitivos flamencos y se decanta casi siempre por una paleta de colores fríos.

Sin duda, uno de sus mayores méritos es el de haber creado a base de transformar e reinterpretar patrones extranjeros. “Su estilo pasa por el tamiz de la gran pintura italiana, como Deccafumi, pasando por Leonardo da Vinci y sin olvidar la pintura flamenca”, recalca Mogollón. Su obra conservada más completa es el retablo de la Asunción de Arroyo de la Luz, pintado en su momento cumbre como artista, 1560-1563. Se conservan piezas en Higuera la Real, en la Catedral de Badajoz, Valencia de Alcántara, en Santa María de Almocóvar de Alcántara... Por si esto fuera poco, hay obras suyas repartidas por los museos más importantes del mundo como El Prado, el Hermitage, la Galería de los Uffizi...

El pintor y tratadista Antonio Palomino recogió en el siglo XVIII: “Fue cognominado el Divino, así porque todo lo que pintó fueron cosas sagradas, como porque hizo cabezas de Cristo con tan gran primor, y sutileza en los cabellos, que al más curioso en el arte ocasiona a querer soplarlos para que se muevan, porque parece que tienen la misma sutileza que los naturales”.

Las tablas de San Martín

Se conservan tres tablas realizadas por Luis de Morales. Se trata de un San Miguel Arcángel, el Padre Eterno y Santiago el Menor (que algunos han confundido con San Matías). Las obras proceden del conventual de San Benito de Alcántara. Formaban parte de las dos capillas absidiales del templo dedicadas a las familias Santillán (San Miguel Arcángel) y Nicolas de Ovando (el Padre Eterno y Santiago el Menor) .

En el siglo XIX se deshicieron debido a la desamortización. Se llevaron estas tres tablas a San Martín y el resto de se conservan en la Iglesia de Almocóvar como la Transfiguración o la Resurrección de Cristo.

Por último, conviene advertir al visitante de que “a San Martín merece la pena ir siempre por su maravilloso urbanismo tan bien conservado” declara García Mogollón. Asimismo, posee un rico patrimonio histórico- artístico “la iglesia del antiguo convento franciscano de San Miguel, así como la iglesia parroquial tienen una arquitectura muy interesante”, afirma el catedrático. Y es que la Sierra de Gata esconde muchos tesoros, este es tan solo uno de ellos.

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