El siglo XIX (VIII). Regencia de María Cristina de Habsburgo (1885/1902)

Cuando Alfonso XII murió además de dos hijos ilegítimos habidos con la contralto Elena Sanz dejaba dos hijas de su segunda esposa quien además estaba embarazada. Como pudiera darse el caso que la reina diera a luz un varón quien tendría por ello más derechos de sucesión a la Corona no pudo proclamarse a nadie como rey. La reina dio a luz un niño que automáticamente fue conocido como Alfonso XIII. Mientras el rey niño alcanzaba la mayoría de edad su madre, la reina doña María Cristina de Habsburgo se encargó de regir al país en nombre de su hijo. La reina regente, una mujer ejemplar en todos los aspectos, tuvo un exquisito respeto a la Constitución de 1878 y por ello el sistema caciquil alcanzó en esta época sus más altas cotas. Y con el caciquismo la feria de las vanidades. 

Como la historia de la Sierra durante este período fue felizmente aburrida hablaremos de una pequeña vanidad y de dos prohombres bien diferentes.

Doña María Cristina de Habsburgo, regente
Doña María Cristina de Habsburgo, regente

Hasta la supresión del régimen señorial y la homogeneización de los ayuntamientos, la concesión del título de villa a una localidad tenía bastante importancia. Se aflojaban, y en ocasiones se suprimían los lazos de dependencia ante el señor o la Orden; es decir, con la concesión del villazgo los pueblos alcanzaban mayor autonomía. 

Con la supresión del régimen señorial la concesión del título de villa no añadía nada a la situación legal de los municipios. Si acaso poder timbrar los documentos del Ayuntamiento con el propio escudo caso de que a éste le hubiese sido concedido y titularse Ilustre, Ilustre Ayuntamiento de la Villa de ... (lo que hoy no hace ninguno, más por ignorancia que por ninguna otra cosa). 

Casi la totalidad de los pueblos de la Sierra de Gata habían conseguido el título de villa cuando éste merecía la pena. Se exceptuaban Perales, Hoyos y Acebo que como sabemos habían sido lugares dependientes de la jurisdicción de la ciudad de Coria que vale tanto como decir del duque de Alba,. 

Ya hemos visto que desde 1840 la capitalidad judicial de la Sierra de Gata estaba en Hoyos. Cabe la fundadísima sospecha que en las relaciones oficiales entre algunos de los diversos ayuntamientos de la comarca estos se dirigieran al de Hoyos con un ligero rintintín, teñido de cierta envidia: “ El ayuntamiento de la Villa de...se dirige al Ayuntamiento del lugar de los Hoyos...”, con el sólo afán de molestar y con el artículo “los” delante para hacer mayor la molestia, atribuyéndose así una cierta superioridad que la ley no les reconocía. Para los caciques de esta última localidad la situación debía ser un tanto humillante, así que no ahorraron medios para conseguir tan ansiado título. Lo consiguieron. A finales de septiembre de 1888 se recibía en Hoyos la noticia de un Real Decreto que decía: “Queriendo dar una prueba de mi Real aprecio al lugar de Hoyos, provincia de Cáceres, por el aumento de su población, progreso de su agricultura, industrias y comercio y una constante adhesión a la monarquía constitucional, en nombre de mi augusto hijo el Rey D. Alfonso XIII y como Reina Regente del Reino vengo a conceder(le) el título de Villa. Dado en San Sebastián a doce de septiembre de mil ochocientos ochenta y ocho. María Cristina. El Ministro de la Gobernación, Segismundo Moret”. La tomadura de pelo debió cesar. 

Queremos ver en la concesión de este título la influyente mano de don Juan Crisóstomo Gómez Gordillo y de su yerno don Daniel Berjano Escobar, en aquel entonces Registrador de la Propiedad de Hoyos.

 Don Juan Crisóstomo Gómez Gordillo debió ser un tipo raro para la época. Lo hemos visto participar en la Junta Revolucionaria de Villamiel, en 1868. Veamos algo más de él.

Había nacido en San Martín de Trevejo en 1831 y debía ser muy bien parecido. Cuando tenía 19 años casó en Villamiel con doña Francisca Luis Teniente quien ya tenía cumplidos los 31, no muy agraciada pero de viva inteligencia quien poseía además la cualidad nada desdeñable de ser hija de don Ignacio LuisTeniente, jefe del partido liberal en las tierras cacereñas situadas al Norte del Tajo y, por si ello fuera poco, poseedor de la más saneada fortuna de la comarca, fruto de la compra de bienes desamortizados.  

Don Juan Crisóstomo fue, como ya hemos visto, el dirigente en la sombra de la Junta Revolucionaria de Villamiel en 1868; fue también el máximo dirigente político de la comarca durante el Sexenio Revolucionario.         

En 1874 fue elegido diputado provincial y, durante los años iniciales de la Restauración, apagados un tanto sus afanes reformistas, representó a la Sierra en la primera institución provincial. No obstante, sus mejores años políticos estaban por venir. Acaecida la muerte de Alfonso XII y merced al llamado pacto de El Pardo, su partido, el liberal, formó gobierno. Nuestro paisano era cliente político del señor Moret y nombrado éste Ministro de Estado procuró que su colega de la Gobernación le encargase el Gobierno Civil de Guadalajara a don Juan Crisóstomo, cargo que pasó a ocupar en los primeros días de diciembre de 1885. En 1886 el gobierno liberal de Sagasto lo nombró gobernador de Camarines del Sur (Filipinas) y allí, casi al fin del mundo se marchó acompañado de su hijo Leoncio.  El día 10 de diciembre de 1888 Moret dejó de ser ministro y don Juan Crisóstomo fue cesado poco después.

Gobernó don Juan como acostumbraba a hacerlo, con tacto pero con energía y siempre con justicia. A consecuencia de la prohibición que impuso de utilizar a los nativos como porteadores de palanquines, se enfrentó a los dominicos muy influyentes entonces en la isla y se le trasladó con el mismo cargo a Mindoro (1889). Se mantuvo en él hasta que una nueva crisis llevó al gobierno al partido conservador en marzo de 1895. 

Parece ser que se le había nombrado gobernador de aquellas lejanas tierras al objeto no confesado pero sí supuesto de que se recuperase de las grandes pérdidas económicas que sus actividades políticas le habían producido (porque entonces eran los políticos quienes financiaban a los partidos y no al revés). Su honradez se lo impidió (en ello radica su rareza para la época). Cuando cesó en el cargo y volvió a la península, a Santander en concreto, tuvo que pedir dinero a su familia para pode regresar a Villamiel. A partir de este momento, viejo y desengañado, desapareció de la actividad política a todos los niveles.                     

Murió en esta villa el 9 de febrero de 1913 con una doble amargura: la de su marginación y la de la absurda destrucción de su archivo personal, incendiado por un ladrón que sólo encontró papeles donde creyó debía haber un rico tesoro colonial.

 A pesar de haber perdido la capitalidad de la Sierra, Gata seguía siendo la mayor y mas próspera localidad de ella. En 1893 se construyó el edificio en el que actualmente se ubica el Ayuntamiento, sobre los antiguos portales donde antaño estuvieron el peso harinero y el corral del concejo. La que hasta entonces había sido su sede tuvo menesteres diversos. En la actualidad conserva el viejo balconcillo a modo de púlpito desde el cual las autoridades se dirigían al pueblo;, está ocupado por un club de ancianos y un centro cultural. 

Cuatro años más tarde, en 1897 se publicaban los “Apuntes históricos acerca de la villa de Gata” escritos por don Marcelino Guerra Hontiveros, hijo del médico don FelipeLeón Guerra, médico éste que fue el primero que se ocupó con una cierta seriedad de la historia de su pueblo de adopción ya que había nacido en Sierra de Fuentes, el cual estaba casado con una hija del ya citado don Pedro Hontiveros, aquel que acudiera a defender Ciudad Rodrigo cuando la invasión napoleónica, el mismo que años más tarde recibiría en su casa a cualquier personalidad un tanto destacada que pasara por la comarca. 

La publicación que el lector tiene entre las manos y que tanto debe a la de don Marcelino quiere recoger su espíritu de amor a la comarca

.En 1898 se produjo el descalabro final del que había sido imperio español. En esos momentos finales, en los estertores del imperio, a un paisano nuestro le cupo un papel destacado, aunque bien a su pesar. Hablamos de don Darío Bacas Montero.   

Don Darío Bacas Montero había nacido en 1845  en el secarral que entonces era Cilleros. No sabemos la causa, acaso porque la patrona del seco Cilleros sea una virgen marinera: Nuestra Señora de Navolonga, el hecho cierto es que un hombre de secano estudió ingeniería naval y llegó a ser un brillante ingeniero de la Armada. Fue autor de numerosos inventos (como el goniobarómetro, fundamento de un nuevo tipo de báscula, revolucionaria para la época) y de numerosas publicaciones científicas relacionadas tanto con el diseño de los barcos como con las matemáticas: Teoría de fracciones continuas como aplicación al cálculo de los números aproximados; Teoría del goniobarímetro; Dirección nueva que debe darse a los estudios de estabilidad dinámica de los buques; Exposición nueva de la teoría de los determinantes, son algunas de sus publicaciones. 

Sin merma de su carácter militar era esencialmente un científico y como tal había ocupado diversos cargos tanto en el Ministerio de Marina como en la Escuela de Ingenieros de la Armada. Cuando llegó al  máximo grado profesional que le era posible alcanzar Inspector de Ingenieros de la Armada el destino le llevó a Filipinas. Seguía la ruta que otros serranos ilustres, tales como fray Francisco de Gata, uno de los primeros misioneros llegados a las islas, y don JuanCrisóstomo Gómez, el que fuera gobernador de Manila y de Mindoro. 

En el año aciago de 1898 don Darío era el comandante del Cuerpo de Ingenieros del arsenal de Cavite. Sabemos que el día 30 de abril llegaba a la bahía de Manila el almirante norteamericano Dewey quien al día siguiente en cuatro o cinco horas destruyó totalmente la escuadra española del almirante Montojo. Todo intento de resistencia ante el poderío yanqui resultaba inútil.

Cuando los norteamericanos se presentaron -2 de mayo- ante el puerto de Cavite e intimidaron a los españoles para que se rindieran, don Darío comprendió que había llegado uno de los momentos mas amargos de su vida. Tuvo que firmar la entrega de las instalaciones a él encomendadas. Al día siguiente, 3 de mayo, festividad de la Santa Cruz, tan celebrada en nuestra comarca, se rendía también la ciudad de Cavite. Uno de Sierra de Gata había sido de los primeros en navegar lleno de ilusión, hasta el más remoto Ultramar. Otro, fue uno de los últimos en regresar, pero venía cargado de amargura. 

En 1900 don Darío fue  nombrado Director de la recién creada Escuela Especial de Ingenieros Industriales de Bilbao, y al año siguiente viendo que le era imposible simultanear su empleo en la Armada y en la Escuela de Ingenieros pidió el pase a la reserva. 

Tuvo un gran amor por la comarca y lucho denodadamente por ella. A él, a sus desvelos, se debe el camino vecinal de su Cilleros natal a Moraleja. Uno de sus grandes proyectos fue el ferrocarril de Río Tajo a Ciudad Rodrigo. Fue incluso DirectorGerente de la correspondiente sociedad que estudió el proyecto. Desgraciadamente esto último no fue más que un sueño. 

Retirado de todo tipo de actividad militar y docente regresó a su pueblo donde rodeado del cariño y respeto general, dada su afabilidad y exquisita cortesía, falleció el 19 de enero de 1913. Poco después de morir se publicaba la única obra impresa que se conserva de él en la Biblioteca Nacional: “Hacia la redención económica y social”, que dentro de las corrientes regeneracionistas proponía soluciones para paliar la mala situación de nuestro país.

Su obra y pensamiento pueden verde en el libro de su biznieta Pilar Bacas Leal: “Darío Bacas: ingeniero naval, 1845-1923”, publicado por la Institución Cultural El Brocense. Cáceres, 1998. Proximamente, además, el Centro de Estudios Sierra de Gata editará, financiadas por la Diputación Provincial de Cáceres, las ponencias y conclusiones de las Jornadas sobre la Ciencia y la Técnica en la Exremadura de entresiglos. La figura de Darío Bacas". Estas jornadas reunieron el pasado mes de enero a cerca de 150 personas que a lo largo del fin de semana participaron en unas jornadas en las que se habló de matemáticas, de ciencia y de historia. 

1. El libro de don Marcelino fue reeditado hace unos años por el Ayuntamiento de Gata.