EL SIGLO XX-5. Las resurrecciones del convento de San Martín de Trevejo

El viejo convento franciscano de San Martín de Trevejo es el único de los varios que hubo en nuestra comarca que se ha mantenido en pie a pesar de los peligros de muerte y resurrecciones que sufrió después de su desamortización. Veamos, sucintamente, algo de ellas  

 

Convento de San Miguel, en San Martín de Trevejo Dibujo de Agustín Flores
Convento de San Miguel, en San Martín de Trevejo Dibujo de Agustín Flores

Ya se ha dicho en otro artículo que el convento de San Martín de Trevejo tuvo suerte puesto que su comprador tenía más sentido común que los compradores de los otros de la comarca y procuró mantenerlo en pie ¿para que destruir aquello que le había costado un buen dinero?.

También se ha dicho  que a finales del siglo XIX lo compró el canónigo de la catedral de León don Marcelino del Rivero, para hacer en él un asilo de ancianos. 

Por motivos que no se nos alcanzan pero que creemos relacionados con la falta de recursos para mantener el asilo, vendió su propiedad a la mitra de Ciudad Rodrigo en la persona de su obispo don José de Mazarrasa, restaurador de la diócesis que durante un tiempo había estado unida a la de Salamanca, quien tras unas ligeras reparaciones lo entregó a los frailes capuchinos, reanudándose así la tradición franciscana en la comarca. 

En 1915 fue entregado a los jesuitas portugueses, expulsados de su país poco después de la proclamación de la república en 1910. Los recién llegados lo dedicaron a Escuela Apostólica, hasta que la II República española también los expulsó de España dada su doble condición de extranjeros y miembros de la Compañía de Jesús. 

Finalizada la guerra civil el Estado lo convirtió en Preventorio Infantil Antituberculoso, en cuyo cometido permaneció hasta 1945, fecha en la que fue devuelto a su legítimo propietario, el obispo de Ciudad Rodrigo. 

Durante tres años sirvió como seminario de verano; en julio de 1952 se establecieron en él los padres claretianos quienes crearon un colegio de enseñanza media en el que muchos de nuestros paisanos se iniciaron en la vida del estudio. Estos sacerdotes permanecieron en el convento diez años. Desde entonces, y salvo algunos paréntesis veraniegos durante los cuales acogió alguna colonia escolar, ha estado deshabitado. 

Cuando en 1958 los pueblos de la Sierra que aún dependían de la diócesis mirobrigense pasaron a depender de la de Coria-Cáceres el convento siguió siendo propiedad del obispo de Ciudad Rodrigo y no de la diócesis mirobrigense puesto que él, y no la diócesis, había sido su comprador en 1900. Pero el obispo de la paupérrima diócesis de Ciudad Rodrigo no tenía dinero para restaurarlo y ninguna institución religiosa quería hacerse cargo de él por lo mismo. El abandono era prácticamente total. De ahí, que el sacerdote mañego Urbano Pestana escribiera “el edificio del convento, con su iglesia y su vetusta torre, es una interpelación para todos los nacidos en San Martín y amigos de la comarca. Todos somos deudores a la historia humilde y oculta del mismo, que en sus raíces en pleno siglo XV, irradió su luz hasta nuestros días. ¿Soluciones...? Esfuerzos, propuestas, planes, sueños, etc, no han faltado. Sigamos buscando solidariamente, con ilusión, una respuesta satisfactoria, que llene el vacío del estado actual del convento”. 

La respuesta satisfactoria llegó en 1997 cuando la Junta de Extremadura y el ayuntamiento de San Martín lo compraron al obispo.

En él hay actualmente una magnífica hospedería.